III Congreso de la SEFID. Reflexiones

En el Congreso de Sevilla la palabra clave fue cerebro. 

No brain, no pain. Es algo obvio, perogrullecso. En los tejidos se cuece una sopa de mensajeros del daño. Las neuronas del daño (nociceptores) son sensibles a los agentes y estados nocivos y al daño consumado; transforman el daño en señal nerviosa y conducen información a los centros neuronales medulares, subcorticales y corticales. Allí hay dispuestas respuestas defensivas que se activan en función tanto de la información que llega como de los diversos contextos que acompañan inevitablemente a cada incidencia en los tejidos.

El cerebro, se dice, modula el dolor. Las emociones, la ansiedad, el ánimo, las expectativas y creencias, es decir, aportaciones del individuo, hacen que el cerebro amplifique o reduzca las señales de los tejidos y lo hacen, eso dicen, en la médula, en la primera conexión de su camino hacia el cerebro.

Hubo más de un desliz léxico: “señales de dolor” fue el más oído.

En mi opinion el cerebro no modula el dolor. El dolor no es una cosa. Es un contenido de conciencia, una percepción. es decir algo sobre lo que sabemos poco o nada. Nos limitamos a sentirlo. Lo que hace el cerebro es evaluar la amenaza, local, regional y global, dentro del contexto que corresponde, y lo hace, si hay oportunidad, de modo anticipado, probabilístico.

Hablar del cerebro es hablar de probabilidad imaginada, soñada, temida  y deseada a lo largo del aprendizaje. Un aprendizaje anclado en la experiencia propia y ajena y en la instrucción abstracta de los expertos.

El organismo no teme el dolor sino el daño. Cada vez que el dolor aflora en la conciencia el cerebro recibe información de reentrada de que algo amenaza la integridad física de una zona. Lógicamente esa evaluación de amenaza contiene expectativas y creencias (probabilidades asumidas) de daño. El sistema de alarma detecta su propia activación a través del sonido de la sirena. Podemos deducir que existe una evaluación de amenaza, más o menos fundada. Habrá que comprobar si han entrado los ladrones y han consumado el robo o lo van a hacer si no los detenemos. Si no hay indicios de robo consumado o inminente y la sirena suena de modo reiterado concluiremos que la función evaluativa de amenaza del sistema es disfuncional. Genera falsos positivos.

Temo que se transmite, con o sin intención, la idea de que es el individuo quien genera el dolor fácil con sus estados emocionales, sus memorias, su hipervigilancia, su miedo al dolor y/o al daño.

- No hay que considerar el cerebro sino a la persona.

Suena convincente, humano, holístico, biopsicosocial.

Prefiero el consejo opuesto:

- No hay que registrar la persona sino su organismo, su cerebro, si se prefiere.

Suena más frío, excesivamente bio y poco psicosocial. No mola.

Hay que hablar del cerebro, no como el asiento de la neuromatriz que da vida a las señales físicas de los tejidos generando dolor, mareando la perdiz de la localización, sino como el órgano evaluativo, gestor, predictor. Son los estados emocionales cerebrales los que hacen que salte el dolor, la fatiga, el desánimo.

En el dolor crónico no hay daño ni disfunción relevante primarios. Sucede lo mismo con el picor sin peligro cutáneo relevante. Lo único dañino es el rascado, la respuesta defensiva biológica a los parásitos y tóxicos químicos. La pregunta debe hacerse al cerebro que promueve la acción de rascarse, no habiendo necesidad y sí peligro en hacerlo.

¿Por qué el cerebro anima el rascado si no hay peligro cutáneo?

¿Por qué el cerebro proyecta el dolor si no hay amenaza en los tejidos?

¿La respuesta está en la pèrsona? Indaguemos en su vida, pasada, presente y futura. Templemos sus emociones. Relajemos, animemos, tranquilicemos. Quitemos el miedo al movimiento. Expongamos progresivamente a la acción. Recuperemos la confianza del individuo a moverse. Nada se roza, comprime ni desgarra.

Todo esto está muy bien y debe hacerse. En muchos casos será suficiente.

-¿Por qué me duele?

- Porque tiene miedo, porque su vida le pasa factura emocional. Muévase. No tenga miedo.

Ese planteamiento no responde en profundidad a la pregunta. El cerebro se va de rositas y el individuo tiene que asumir las culpas, aunque puede disculparse en evaluaciones de profesionales que le dijeron esto y lo otro y se lo creyeron.

En el Congreso se citó hasta el aburrimiento al cerebro a su función moduladora del dolor. Sin embargo no se habló del cerebro. Se habló de expectativas y creencias pero no se planteó su origen, su base biológica.

Faltaron, en mi opinión, ponencias de base, psicológicas, es decir biológicas, sobre la percepción, código común, predicción (Bayes), sistema de recompensa, culturización.

No puedo evitar mis sesgos. Desde esos sesgos transmito esta impresión.

El Congreso estuvo bien, francamente bien. Para muchos habrá supuesto un paso adelante de calado. Pero… sigo pensando que los tejidos mandan para lo bio y que lo psicosocial lo asume el individuo. El cerebro no es mas que el que transforma en opiáceos, serotonias, dopamina, endocannabinoides y noradrenalina el espacio emocionalmente vulnerable del individuo.

Es mi opinión.

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III Congreso Internacional de la Sefid. Sevilla

Hemos celebrado (disfrutado) los días 17 y 18 de este mes el III Congreso de la Sociedad Española de Fisioterapia y dolor (SEFID). Ha colaborado con entusiasmo y eficacia el Colegio de Fisioterapeutas de Andalucía.

No ha podido ser más acertada la imagen que acompaña la convocatoria: el paciente dice: pain (dolor) a la vez que su cerebro contiene las explicaciones (evitación, miedo, cultura, ansiedad, actividad cerebral…).

El dolor y el cerebro están inevitablemente ligados. El dolor surge exclusivamente cuando un conjunto de áreas cerebrales se activa conjuntamente. El por qué se activan es otra cuestión, o mejor dicho, la cuestión.

 350 fisios, un médico (Iñaki), un neurólogo (yo) y supongo que algunos psicólogos, nos sentamos en el salón para escuchar las ponencias en las dos intensas jornadas.

Dolor, cerebro, miedo al movimiento, exposición graduada para vencerlos. Esas son las claves. Nada de musculaciones, ergonomías, buenas posturas, alimentación, estiramientos o electromagnetoestimulación. Miedo al movimiento. Esa es la cuestión. Hay que moverse, coger peso, bailar, saltar… pero hay que hacerlo desde la convicción de que el intento no daña huesos, articulaciones, músculos ni nervios. Por ello primero se debe explicar el proceso neuronal del dolor. Hay que educar en neurofisiología.

Un colectivo creciente de fisios se interesa por el trabajo de la red neuronal a la vez que suelta el lastre de caducos conceptos biomecánicos, aquellos que deben soltarse, aquellos que injustificadamente alimenten el miedo del paciente a sentarse, caminar o hacer deporte.

Un creciente número de fisios se interesa por cuestiones cerebrales: memoria, atención, predicción, miedo, expectativas, creencias, imaginación.

Un creciente número de fisios quita el miedo a considerar conceptos psicológicos básicos como el condicionamiento clásico u operante.

Un creciente número de fisios descubre que el movimiento es una acción con un objetivo y una evaluación de riesgos y que ese objetivo y esa evaluación se realiza en la red neuronal.

Un creciente número de fisios descubre que la información de los expertos modula la conectividad neuronal y que las expectativas de los pacientes responden a lo que sus expertos les han inculcado.

Un creciente número de fisios se interesa por estas expectativas y creencias y sabrá que deben modificarse para conseguir que el paciente recupere la actividad y el disfrute perdidos.

Un creciente número de fisios. Así es pero siguen siendo minoría.

Lo escandaloso es que los médicos no muestren señales de interesarse por la trama neuronal del dolor.

Más escandaloso aún que los neurólogos tampoco lo hagan. Al fin y al cabo son los que debieran asumir la responsabilidad de gestionar la salud del trabajo neuronal.

El cerebro es un órgano peligroso. No está dotado de inteligencia. Sólo dispone de una arquitectura y unas dinámicas para adquirirla a través del aprendizaje, sin ninguna garantía de acierto. Somos una especie dependiente de la tutoría de los expertos, de los que saben. ¿Quién sabe quién es el que sabe, el que dispone de conocimiento fiable, actualizado, sin sesgos de interés profesional?

Los profesionales guiamos el proceso de conectividad cerebral de las áreas que al activarse generan dolor. A veces con razón y otras sin ella.

El miedo debe combatirse con la racionalidad, con el conocimiento de lo que realmente está pasando o pudiera pasar.

La posibilidad teórica del daño no debe alimentar el miedo irracional.

El III Congreso de la Sefid ha sido un Congreso contra el miedo.

El fisio joven, instruído en los modelos biommecánicos que exigen buenas posturas, músculos poderosos y saludables modos de coger pesos, que aspiran a adquirir el poder de detectar y modificar los tejidos profundos con sus manos, debe perder el miedo a renunciar a gran parte de lo que le han enseñado y también debe perder el miedo a conocer y aplicar los nuevos paradigmas del dolor.

Sólo queda felicitar a todos los que han hecho posible el Congreso e iniciar la cuenta atrás del próximo.

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Migraña. Hay que enactuar

La enacción expresa la adquisición de conocimiento al poner en práctica cualquier propuesta teórica.

La migraña se aprende enactuando, interactuando con el entorno desde un marco teórico alarmista y la migraña puede disolverse enactuando, interactuando con el entorno, desde el marco teórico contrario al que la generó.

En el curso facilitamos ese marco teórico. El proceso contiene dos pasos: primero hay que deshacer la credibilidad del marco oficial, la tesis de la enfermedad cerebral genética y posteriormente proceder a la propuesta del origen aprendido.

La exposición teórica puede convencer más o menos pero cada alumno debe enactuar desde ese nuevo marco. poner en práctica lo aprendido.

No siempre es fácil. Algunos lo consiguen sin esfuerzo:

-Estoy bien. No he vuelto a tener crisis.

Para otros resulta más complicado. Lo intentan pero pagan un precio:

- Me empezó a doler. No tomé el calmante y decidí seguir con mis planes. Lo pasé francamente mal pero al final se fué el dolor. Después he tenido menos crisis y han sido más leves. Apenas he tomado calmantes.

Hay quien no consigue plantar cara:

- Me empezó a doler. Decidí no tomar el calmante pero tuve que hacerlo al poco tiempo pues aquello iba a más.

El cerebro es un órgano que propone acciones al individuo. Lo hace con recados perceptivos, sentimientos que llegan a la conciencia. El dolor es una propuesta cerebral para actuar de modo coherente con la evaluación de amenaza: hay que renunciar a los planes y quedarse en casa, aislado del mundo. Hay que hacer un lavado gástrico por si las moscas. El calmante para conjurar el peligro. Si no se obedece, se intensifican el dolor, las nauseas y la intolerancia sensorial y todo vuelve a la normalidad si se acata la propuesta defensiva cerebral.

El cerebro no es un tirano ni un cabezota. Simplemente libera propuestas en función del conocimiento previo. Si le damos la oportunidad de nuevos marcos teóricos puede que los acepte. El individuo dispone además de una ventana variable de voluntad para cambiar el rumbo. Puede actuar en la dirección contraria a la que proponen las memorias de crisis previas y conseguir así demostrar que hay otro modo de hacer las cosas.

Utilizando la metáfora del sistema de alarma que se activa innecesariamente por miedo teórico a un robo, propondríamos entrar a la casa con la convicción de que no existe peligro al hacerlo. El sistema aprendería con la acción que, realmente, no hay peligro. Si actuáramos con miedo, nuestra acción reforzaría la tesis del peligro de robo.

No basta creer, más o menos, la propuesta teórica.

Hay que enactuar.

No basta con aceptar que uno puede flotar.

Hay que meterse a la piscina.

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Migraña, recuperar la dignidad

Este sábado hemos tenido la revisión del último grupo de padecientes de migraña. Siete habían mejorado sustancialmente y cuatro seguían igual. La intervención pedagógica se completa con esa revisión. Es previsible, como ha sucedido hasta ahora, que después de la revisión, el resultado mejore.

En la revisión cada padeciente relata cómo le ha ido tras la exposición de la propuesta pedagógica. En dos meses los alumnos han tenido la oportunidad de afrontar conatos de crisis o crisis en toda regla desde el nuevo marco.

Muchos han plantado cara y han optado por el cambio de estrategia: nada de renunciar a los planes; nada de quedarse en la cama y suplicar silencio; nada de tomar precozmente el calmante.

Otros han claudicado y han optado por la vía habitual: calmante precoz.

Hubo todo tipo de comentarios. Cada alumno cuenta su peculiar modo de luchar por el “desenmigrañamiento”. El cómputo general muestra un descenso considerable de días de dolor, de intensidad de sufrimiento y de invalidez. Todo ello con una reducción notable del consumo de fármacos.

Una alumna dijo algo que hemos oído repetidas veces en los grupos:

-He recuperado la dignidad

Los pacientes con migraña severa se sienten muchas veces culpables, incapaces de hacer frente  al embate de las crisis, pues no acaban de dar con la clave de la conducta que evite su desencadenamiento. Creen residir en un organismo enfermo, vulnerable, sensible, que no tolera la más mínima desviación de una norma que tampoco conocen. Tratan, a pesar de todo, de vivir con cierta apariencia de normalidad y ocultan su drama ante los demás para que no piensen que son personas quejicas, manipuladoras, que no hacen mas que estropear todos los planes familiares.

La migraña puede hacerse sentir a quien la padece, muy miserable. Puede mellar su autoestima, generar una cierta vergüenza de “ser” así y no acertar a remediarlo.

La Pedagogía desculpabiliza el organismo migrañizante y a su residente, el padeciente. Quita la carga de una genética que determina, que condena y la desvía hacia los instructores, a quienes proclaman la doctrina oficial o alternativa del origen del mal y su remedio.

La migraña aflora en un organismo sano, con una genética normal y con un individuo que lleva o trata de llevar una existencia biológica y socialmente normal. Nada hay que justifique las crisis. Sólo miedo. Un miedo del sistema neuroinmune de defensa a que algo va a suceder en la cabeza. Un miedo alimentado por una cultura sensibilizante que lo consolida en un círculo vicioso retroalimentado una y otra vez con cada crisis.

- Tiene usted migraña. Acéptelo. Viva ordenadamente. Prívese. Relájese. Siga nuestros consejos y propuestas terapéuticas.

Ni caso:

- Espabile. Instrúyase. Libérese. Atrévase. Haga un corte de mangas. Recupere la convicción de normalidad.

La Pedagogía se limita a explicar cuestiones básicas del sentido y peligro de la actividad del sistema neuroinmune defensivo. Basta conocer esas cuestiones básicas para afrontar el cambio de conducta.

- He recuperado la dignidad

Ese era el objetivo.

El cuatro de Octubre tenemos un grupo nuevo. Previsiblemente, un porcentaje sustancial de los alumnos recuperará la dignidad. Hasta ahora siempre ha sido así, con los grupos de San Martín y con los de nuestra clínica.

Quienes se decidan pueden dirigirse a este link:

http://www.escueladeldolor.com/2013/04/bienvenido-a-la-escuela-del-dolor/

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Todos hacemos Pedagogía

El cerebro es un órgano escolar. Ha evolucionado adquiriendo la capacidad de retener datos y procesarlos para tratar de anticipar la relevancia de estados y sucesos, internos y externos. La experiencia propia no da para mucho. Nuestro cerebro dispone de medios para aprovechar también la experiencia ajena y, sobre todo, es capaz de aprender por la instrucción de aquellos que conocen o dicen conocer la sustancia de las cosas.

De todo extrae conocimiento el cerebro pero gran parte de él no está validado por la experiencia en carne propia ni ajena sino por lo que da por bueno de lo que dicen quienes acepta como fuente autorizada.

Las decisiones cerebrales se apoyan en todo tipo de evidencias y eminencias, ciertas o sólo aparentes y en muchas ocasiones están guiadas más por las emociones que por la racionalidad. El dolor es una decisión y la emoción poderosa del miedo al daño y/o el sufrimiento puede inclinar la balanza aunque no haya una probabilidad razonable de amenaza a la integridad física de los tejidos.

Al cerebro puede bastarle la posibilidad teórica y sobrarle la probabilidad real. Todo aquello que pudiera ser cierto puede activar programas preventivos aun cuando sea altamente improbable que suceda. El avión puede caer aun cuando probablemente no sea así. Basta la teoría.

Todo puede ser cierto si en ello anda por medio una emoción, el deseo o el temor.

Cada visita a un profesional genera información, es decir, Pedagogía.

Hay una  Pedagogía oficial de la migraña:

- Es una enfermedad cerebral, genética. Acéptelo. Identifique y evite los desencadenantes. Hágase monje. Tome los calmantes precozmente. No se automedique.

Nuestra Pedagogía es frontalmente opuesta:

- Su cerebro está sano. Necesita libertad y confianza para tomar la medida a la realidad. La convicción de enfermedad generará una conectividad neuronal sensiblera que activará las alarmas con cualquier fruslería (desencadenantes). No se fíe de las apariencias. Sólo indican lo que su cerebro cree. El viento sur no afecta a la cabeza más que a los pies. Si duele la cabeza es porque su cerebro ha activado la protección de la cocorota porque cree que corre peligro.

La Pedagogía oficial pone etiquetas y ofrece-promete soluciones. Cada vez que aparece una crisis la etiqueta refuerza la convicción de padecer la enfermedad y el alivio del calmante confirma la necesidad de la ayuda externa.

- Nosotros actuamos desde la Ciencia, desde las Evidencias. Lo demás es pura charlatanería. Sólo hay fiabilidad en las moléculas. Todo es Química. Somos Química.

La Química también contiene Pedagogía.

La Pedagogía también induce cambios químicos

Para el cerebro todo es Pedagogía. Es un órgano escolar.

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Nuevo curso para pacientes con migraña

Convocamos para el 4 de Octubre un nuevo curso intensivo para pacientes de migraña. Los interesados pueden dirigirse a infoescueladeldolor@gmail.com e informarse.

La Pedagogía en neurociencia del dolor va ganando terreno en el afrontamiento del dolor crónico. Hay experiencia positiva con grupos de dolor lumbar crónico y fibromialgia y nuestro grupo está obteniendo excelentes resultados con la migraña.

La Pedagogía no es una terapia. Es Pedagogía. Explicamos a los pacientes el proceso del dolor desde una perspectiva moderna, científica, en términos comprensibles. La comprensión de la trama neuronal de la percepción dolorosa hace que el cerebro gestione las alertas defensivas de un modo más razonable y eso se traduce en menos dolor, menos fármacos y más disponibilidad del individuo para llevar una vida normal.

El cerebro migrañoso es un cerebro hipersensible, intolerante, incapaz de habituarse, es decir, tolerar, todo tipo de circunstancias absolutamente irrelevantes. Activa programas defensivos (dolor, intolerancia digestiva y sensorial) en ausencia de un estado que implique una amenaza a la integridad física del cráneo y su contenido. Una crisis de migraña es una falsa alarma, un error, al igual que una reacción alérgica al polen es también una falsa alarma, una activación de la respuesta inflamatoria innecesaria, molesta e incluso peligrosa.

No es el individuo el que activa la respuesta migrañosa. Se limita a padecerla y a tratar de minimizar el sufrimiento y la invalidez.

El paciente migrañoso adopta generalmente un papel pasivo en su afán de aliviar la crisis. Busca el aislamiento y la ayuda del calmante esperando que la tormenta amaine, sin poder influir en ello. Desconoce el origen del problema y todo hace pensar que reside en un organismo alterado, enfermo, anómalo.

Con la Pedagogía hacemos visible el papel del aprendizaje en la génesis de la condición migrañosa y mostramos la posibilidad de modificar la conectividad neuronal que da lugar al encendido de las crisis. El primer paso exige el derribo de un conjunto de expectativas y creencias adquiridas en la crianza de una cultura que las contiene y que pasan desapercibidas para el paciente. El siguiente paso muestra los nuevos conceptos de la Biología del dolor, la perspectiva del organismo, los sistemas de defensa, la trascendencia del aprendizaje, la posibilidad de modificar esas expectativas y creencias que sostienen la condición migrañosa.

No existe un cerebro que no construya hipótesis. Es su destino biológico. No existe tampoco la garantía de que las hipótesis cerebrales sean razonables. Las emociones, especialmente el miedo, hacen que el cerebro atribuya relevancia de amenaza a múltiples estados y condiciones, los famosos desencadenantes.

 La crianza, la cultura, sus contenidos, facilita el afloramiento de la dinámica migrañosa, a veces desde edades muy tempranas sin que el paciente sea consciente del proceso de aprendizaje que le ha precedido.

La Pedagogía es una herramienta joven, incipiente, poco conocida, muchas veces despreciada por los profesionales. Sin embargo todos hacen su Pedagogía. Sostener que la migraña es una enfermedad cerebral de origen genético es Pedagogía negativa, desesperanzadora y falsa si desprecia la interacción de la genética con el entorno, reduciéndolo a una lista interminable de estados y agentes y menospreciando absolutamente el valor del aprendizaje al calor de una información sesgada por un alarmismo injustificado.

No se trata de confrontar la Pedagogía en Biología del dolor con las terapias sino con esas otras Pedagogías ocultas, no confesadas pero absolutamente operativas, responsables del estado migrañoso.

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Nuevo curso de migraña

Convocamos para el día 6 de Septiembre un nuevo curso para pacientes con migraña. Ocho horas concentradas de clase en un sábado, más una revisión de cuatro a los dos meses. Explicaremos el proceso básico del dolor desde la perspectiva de la actividad neuronal. La migraña no es una enfermedad genética que condena a quien la recibe al venir a este mundo a padecer crisis de dolor insoportable de por ¿vida? La migraña surge de un estado de alerta cerebral facilitado por un proceso de aprendizaje guiado por una cultura que la potencia.

Cada maestrillo tiene su librillo y cada profesional hace su propuesta. Nosotros hacemos la nuestra. Defendemos la tesis del aprendizaje y la trascendencia de la información. Sabemos que la red neuronal organiza una conectividad abierta, plástica, modificable, en función de experiencias, imitación e instrucciones. No nacemos con las conexiones marcadas para responder a cada incidencia de un modo prefijado por los genes. Nacemos con un cerebro destinado a memorizar para predecir y construir hipótesis sobre el mundo externo e interno. Sufrimos las consecuencias de lo que nos sucede pero también padeceremos por aquello que nuestro cerebro teme aun cuando sea un temor infundado, altamente improbable.

A pesar de los avances de la Neurociencia en la comprensión de la actividad neuronal y de la trascendencia en la gestión del organismo, nada de todo lo que hoy sabemos y podría ayudarnos a comprender el por qué del infierno migrañoso, forma parte de la información habitual sobre el dolor en general y sobre la migraña en particular.

Seguimos oyendo los mismos tópicos y las mismas promesas; los mismos consejos.

La experiencia con los grupos de migraña en atención primaria y en la clínica es altamente satisfactoria. Disminuye en un 80% la incidencia del dolor, la invalidez laboral y social y el consumo de fármacos. No es cuestión de curar nada pues nada hay enfermo. Más bien, se trata de una liberación a través del conocimiento, de adquirir un marco de conceptos que sirva para que el cerebro dé un giro radical a su actitud defensiva y el paciente modifique su conducta de afrontamiento. El cerebro puede andar equivocado pero no siempre detecta el error. En el curso hablamos de errores, falacias. Damos la vuelta a todos los tópicos que mantienen viva la cocina neuronal de la migraña.

Nada hay irreversible en el mundo de la migraña. Todo puede modificarse potencialmente pero ello no sucede por arte de magia ni por efecto de ninguna terapia sino por la fuerza de las convicciones y las expectativas. Ello requiere un esfuerzo de escolarización: hay que centrar la atención, leer, reflexionar y, sobre todo, actuar, dar un giro de 180% y empujar en la dirección correcta que no es otra que la de recuperar la convicción de residir en un organismo sano. No sucede nada en la cabeza a pesar de las apariencias.

El cerebro imagina la realidad y no siempre acierta en las predicciones ni en las valoraciones de lo que imagina.

La mayoría de los alumnos ha seguido el peregrinaje de dar con el remedio. Han probado fármacos, agujas, productos homeopáticos y todo lo que se ofrece en el mercadillo. La oferta de la Pedagogía es radicalmente distinta. Sólo ofrecemos información sobre procesos básicos neuronales que sabemos son ciertos y sobre afirmaciones solemnes habituales que sabemos que son falsas.

Nunca es tarde. Los años de dolor no dejan ningún camino marcado que no pueda ser abandonado. Crónico no es equivalente a irreversible. Siempre existe la oportunidad de aprender.

Los interesados pueden contactar con la clínica:

http://www.asiermerino.com/contacto.php

- Pedagogía en Biología del dolor. ¿Qué es eso? ¿Sólo hablando? Si no lo veo, no lo creo…

Creer para ver.

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Cursos de fibromialgia en San Martin

Marisol e Iñaki son dos doctores del Centro de Atención Primaria de San Martín, en Vitoria. Tras una excelente respuesta de los grupos de migraña se han liado la manta a la cabeza y se han lanzado a aplicar la Pedagogía en Biología del dolor a grupos de padecientes de fibromialgia.

Ayer tuve la oportunidad de acudir a la clausura del último grupo. Confieso que tuve la mayor satisfacción de toda mi carrera profesional al compartir (y contener a duras penas) emociones con las mujeres que han visto la salida del túnel y han recuperado la sonrisa y la confianza en un futuro como personas sanas.

Hubo alguna excepción. No todas confiaron en la propuesta y abandonaron a mitad del camino manifestando explícitamente la descalificación de la oferta.

- No creo que sólo hablando se pueda curar esta enfermedad…

Hay escasa bibliografía sobre pedagogía del dolor en fibromialgia. La experiencia de San Martín es pionera, valiente, honesta y arriesgada. Se expone a la descalificación formal de quienes siguen las guías oficiales del ministerio de Sanidad pero se apoya y fundamenta en la divulgación de los conceptos básicos de la biología del dolor. No hay mas que instrucción en la aplicación. No se comprende, por tanto, la oposición frontal al trabajo en Atención Primaria por parte de las Asociaciones de Pacientes.

Convendría matizar que las Asociaciones no engloban a la totalidad de los pacientes y que quienes no forman parte de ellas tienen el derecho a disfrutar de un proceso instructivo que está ofreciendo a los escasos pacientes que participan un cambio radical en sus vidas.

 La estructura del aprendizaje nociceptivo en la fibromialgia es compleja y más difícil de disolver que en la migraña. Cuesta aceptar la convicción de no enfermedad (en sentido clásico) y comprender que tanto sufrimiento e invalidez surjan en un organismo sano. Ese es el objetivo de los cursos: comprender el organismo, las dinámicas inciertas y peligrosas del aprendizaje; la trascendencia de las expectativas y creencias; el proceso inconsciente de construcción de las hipótesis que el sistema neuroinmune de defensa elabora, guiado y/o confundido por las afirmaciones de los expertos.

- La fibromialgia es una enfermedad misteriosa y sin curación.

De los cursos surgen casos de curación. Lurdes es una expaciente que colabora con las alumnas de San Martín. Ayer, lamentablemente, no pudo acudir pero el curso se cerró con la proyección de un vídeo suyo en el que baila primorosamente una danza del vientre.

Aplausos emocionados. Bizcocho y café, fotos, brindis, abrazos, asomos de alguna lágrima de alegría.

Sin duda. El momento más emocionante de mi carrera profesional. Una gozada, pese a quien pese.

Puede que a quienes se curen se les niegue el diagnóstico, sin más argumento que la aplicación del silogismo:

LA FIBROMIALGIA NO SE CURA.

Pues… yo me he curado…

LUEGO NO TIENES (NI TENIAS) FIBROMIALGIA

 La Pedagogía sigue su curso. He estado impartiendo cursos por Escuelas Universitarias y Colegios de Fisioterapia. La marea de la pedagogía está ahí, cogiendo fuerza, sin prisa pero sin pausa, como la lluvia mansa. Hay nueva y fértil savia.

La pedagogía no es charlatanería. La conectividad neuronal se nutre de lo que los instructores sostienen. Hay quienes apuestan por la enfermedad y la exigencia de todas las terapias multidisciplinares al uso.

Otros apostamos por la formación de los ciudadanos en el ABC de la gestión neuroinmune del organismo.

Las dos propuestas son irreconciliables y están condenadas a enfrentarse, como así está sucediendo y seguirá haciéndolo en el futuro. La obligación del sistema público es potenciar las líneas que contengan más sustancia científica y menos intereses profesionales, no siempre confesados y visibles.

Mi más emocionada enhorabuena a Marisol e Iñaki y a las fantásticas alumnas que conocí ayer.

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Cómo deberían ser los médicos que tratan los síndromes de sensibilización central

Maritere nos ha facilitado un enlace a un recomendable artículo del Dr. Yunus, uno de los líderes mundiales en fibromialgia y proponente del término “Síndromes de sensibilización central”, que englobaría un conjunto de etiquetas diagnósticas (migraña, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, colon irritable, etc) en las que no se ha demostrado patología estructural (enfermedad en sentido clásico) pero sí variables funcionales neuroinmunoendocrinas que dan el certificado de alteración objetiva y desacreditan cualquier propuesta de origen “psicológico” (en sentido clásico).

http://afibro.org/2012/04/como-deberia-ser-un-medico-por-dr-m-yunus-reumatologo/

Suscribo la totalidad del contenido del artículo en lo que concierne al derecho del paciente a ser atendido por el profesional con absoluto respeto y competencia profesional, validando el sufrimiento como absolutamente real y derivado de un mal funcionamiento del organismo en el que reside y no como consecuencia de oscuras y malintencionadas dinámicas psicoanímicas.

No comparto la afirmación de que los síntomas provienen de una supuesta enfermedad sistémica que generaría una disfunción global neuronal, inmune y endocrina.

Desde la perspectiva defendida por Yunus se explicaría el dolor “por una serotonina baja y una sustancia P elevada” y los estados de sensibilidad múltiple por un estado disfuncional de sensibilización central.

A la hora de reflexionar sobre el origen de esos estados disfuncionales orgánicos sólo se cita la genética y los acontecimientos biográficos psicofísicos desencadenantes. No hay mención al aprendizaje modulado por la instrucción experta ni se contempla la posibilidad de la curación. Se habla de la terapia cognitiva conductual pero no de la Educación en Neurofisiología del dolor (o percepción de enfermedad si se prefiere).

El Dr. Yunus exige a los profesionales la actualización en el conocimiento de los síndromes de sensibilización central pero no tiene en cuenta las aportaciones de las Neurociencias desde universos no contemplados por su propuesta.

Los sistemas inmune y nervioso son sistemas que aprenden y cometen errores. Existe una patología del aprendizaje y desarrollo de expectativas y creencias, entendidas ambas como una función celular de las redes neuronal e inmune.

Pretendiendo superar y criticar el dualismo de lo físico y lo psicológico, de lo orgánico y lo funcional, el Dr Yunus desconsidera el factor de aprendizaje como un contenido absolutamente orgánico.

Los que defendemos el modelo biocultural no despreciamos los datos aportados por la investigación de las variables orgánicas descritas en la fibromialgia, o cualquier otro síndrome de sensibilización central. Las tenemos en cuenta pero también contemplamos la trascendencia de la construcción de expectativas y creencias en el curso del aprendizaje y entendemos que ese proceso está tutelado por la instrucción experta, la cual contiene implícitamente la posibilidad de animar sin intención el proceso de construcción de una convicción de “enfermedad” (en sentido clásico) en un organismo razonablemente sano (también en sentido clásico).

Pensamos que los síndromes de sensibilización central contienen la patología de la función predictiva neuronal que genera una activación innecesaria de recursos de alerta y penalización vital que invalidan al individuo y le hacen sufrir innecesariamente. Estaríamos ante una alostasis patológica.

Desgraciadamente se reflexiona poco sobre esta cuestión o, peor aún, se malentiende o tergiversa aduciendo que la propuesta pertenece al universo de los que pensamos que “todo está en la cabeza” y que admitimos el origen “psicológico” (en sentido clásico).

Las neuronas son entes físicos pero trabajan contenidos psicológicos como la predicción probabilística. El cerebro de un recién nacido es una máquina bayesiana que construye hipótesis compulsivamente y toquetea el mundo para obtener datos que confirmen o refuten dichas hipótesis. El proceso está poderosamente modulado por la imitación y la instrucción de progenitores y profesionales y nadie tiene la garantía de que todas las hipótesis validadas sean veraces y funcionales.

Si estamos en lo cierto, no es indiferente defender la propuesta de “enfermedad misteriosa e incurable” que somete al organismo a una disfunción global y que sólo puede ser afrontada desde la aportación de ayudas farmacológicas, físicas y psicológicas externas. Ello niega la posibilidad de una ayuda informativa que puede invertir el proceso. Estamos hablando de la Educación en Neurofisiología del dolor (o de la percepción somática, si se prefiere).

Defendemos los derechos de los pacientes y esa defensa incluye el derecho a disponer de una información actualizada desde la perspectiva de la Neurociencia. Negar ese derecho o, peor aún, combatirlo, es hacer un flaco favor a los pacientes.

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La neuropedagogía y las terapias

En los cursos no decimos a los alumnos qué deben hacer con los fármacos o con cualquier otra forma de terapia que siguen. Ellos deciden. Nos limitamos a informar sobre los procesos básicos del sistema neuroinmune de defensa. No les desaconsejamos el uso de antiinflamatorios; les explicamos la inflamación, su papel en la reparación y regeneración de los tejidos y les informamos que no existe inflamación en los casos que nos ocupan (fibromialgia, migraña, dolor crónico).

Las denominadas terapias buscan el alivio de los síntomas pero no inciden en su origen y significado. Los síntomas no lo son de una enfermedad. Aun cuando lo fueran su alivio no indicaría que estamos ayudando al organismo a vencerla. Más bien todo lo contrario.

La fiebre en una infección es un síntoma del programa defensivo del organismo. Con un antitérmico puede que nos sintamos mejor pero no estamos ayudando a vencer la infección. Sólo los antibióticos, en caso de estar indicados, serían terapia antiinfecciosa.

No hay terapia contra la fibromialgia ni contra la migraña. Se usan fármacos que tratan de minimizar sus síntomas, con modestos y transitorios resultados. En ambos casos no existe un agente infeccioso, un cáncer, una disfunción endocrina, una toxicidad sobre la que podamos y debamos intervenir.

Las guías recomendadas por los profesionales aconsejan terapias que ofrecen menos alivio del que proclaman. Nuestros alumnos generalmente las conocen y en muchos casos las han abandonado por haberlas considerado ineficaces y tóxicas. Otras veces siguen con ellas por el temor a dejarlas y sufrir.

El caso es que prácticamente desaparece el consumo de fármacos a la vez que los síntomas defensivos (dolor, intolerancia a lo inofensivo) mejoran sustancialmente en la migraña y con menos contundencia en el dolor crónico y la fibromialgia.

No hay duda de que nuestros migrañosos padecen lo que los expertos definen como migraña y que nuestras padecientes de fibromialgia sufren los síntomas que se exigen para validar la etiqueta.

No puede ser que una enfermedad (¿cuál?) incurable “por definición” se cure por lo que si sucede tal cosa es porque hay un error diagnóstico. Si se cura no es migraña ni fibromialgia. No puede ser. Será otra cosa. ¿Cuál?

En los casos de “curación” se recataloga como sano el organismo y/o como inofensivo lo que no contiene una amenaza. Los programas se desactivan y su expresión desaparece. Hemos ayudado al organismo a recuperar la estima de salud.

No es fácil disolver la convicción de enfermedad con los programas activados. No es fácil abandonar las terapias cuando uno sufre y cree necesitarlas para mantener el tipo cotidiano.

A nadie le inculpamos. Más bien lo contrario.

Aseguran las guías oficiales que la fibromialgia, el dolor crónico y la migraña son enfermedades sin poder decir cuáles y sin encontrar rastro de ellas. Confunden los síntomas de los programas defensivos activados con síntomas de enfermedad.

Los programas se activan en el cerebro desde la valoración de amenaza. Cuando señalamos al cerebro nuestros detractores critican que digamos que “todo está en la cabeza” dando a entender que los síntomas existen porque los pacientes los crean con no se sabe qué intención. Los síntomas son los mismos si existe enfermedad o no. Es el mismo programa. La alarma salta tanto si han entrado a robar como si el que entra en casa ha olvidado desactivarla.

Si andamos en lo cierto la pedagogía puede ayudar al cerebro a desactivar el círculo vicioso de confundir los síntomas de sus programas con los de una supuesta enfermedad. La detección de error es una función neuronal básica. El sesgo de confirmación es el efecto contrario que cierra el círculo vicioso. La disonancia cognitiva blinda el error frente a propuestas contrarias de lo que se cree.

Argumentan los detractores que las guías oficiales son las más fiables y deben seguirse. Es un argumento de autoridad (falacia ad verecundiam) desprovisto de lógica. Si se hubiera aplicado siempre la Medicina no habría evolucionado. En ocasiones tienen razón una minoría que debe abrirse paso con la oposición de los expertos.

Es fácil y comprensible defender el uso de todo tipo de terapias cuando hay sufrimiento e invalidez.

No es admisible oponerse a la utilización de la Neurociencia para comprender y tratar de disolver los errores del organismo.

Dicen los detractores que el conocimiento no modifica las conexiones neuronales responsables del sufrimiento sino que debe reactivarse una “zona dañada”. Se niega que exista un aprendizaje del dolor. Se niega también la posibilidad de “superar una enfermedad crónica” dando por sentado que crónico es igual a irreversible.

Dicen que dejamos a los pacientes  abandonados con una palmadita en la espalda y que les culpabilizamos de que no mejoren.

En fin, esperemos a tener noticia de lo que hoy se hable con los políticos.

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