El paciente informado

Hoy en día se recomienda capacitar al paciente para gestionar su enfermedad. No debe ser un sujeto pasivo, receptor de terapias y aceptor acrítico de consejos conductuales, sino un sujeto activo que conoce su proceso y sabe gestionarlo, consiguiendo así minimizar el sufrimiento y la invalidez.

La información aporta creencias y conductas que prometen alivio. No es mas que una “terapia cognitivo-conductual”.

Por ejemplo, la información al paciente con fibromialgia le libera del infierno de andar de aquí para allá sin que nadie le diga lo que tiene, soportando todo tipo de desprecios e interpretaciones de origen psicológico, de que “todo está en su cabeza”.

- Nada de eso. Usted tiene una enfermedad.

De repente se hace la luz. El sufrimiento y la invalidez quedan explicados. La enfermedad es misteriosa e incurable. No importa. Todo se andará. Es cuestión de informarse mejor y seguir los consejos de los expertos que entienden, mientras los investigadores se esfuerzan en desvelar el misterio y aportar terapias, al menos, aliviadoras.

Un paciente de fibromialgia informado sabe que está enfermo, con una enfermedad física que produce dolor y que agota, con un sueño no reparador y con una mente borrosa incapaz de conseguir la concentración adecuada. Todo queda explicado desde la enfermedad. Puede que el paciente reaccione ante este panorama deprimiéndose. Es comprensible. La depresión no es causa sino efecto.

Sobre la enfermedad no se sabe demasiado pero hay datos, evidencias científicas. Hay una genética que la favorece, hay traumas físicos y emocionales que facilitan su eclosión. Se han constatado “anomalías” en la sustancia P, en el glutamato, en las fibras C, en el volumen de la corteza cerebral, en el comportamiento de la modulación inhibitoria descendente y un largo etcétera de rasgos diferentes a los de la población sana. Es evidente que el organismo no es normal, está enfermo y lo está de un modo global, reflejado en diversos sistemas y funciones.

El paciente de fibromialgia informado sabe que sus músculos se contracturan y fatigan con facilidad, que no disponen de la energía necesaria y que el ejercicio les pasa factura. Su dolor es”musculoesquelético” y el recomendado ejercicio debe tener en cuenta que la musculatura enferma no soporta las condiciones normales y debe realizarse de modo que no sea peor el remedio que la enfermedad.

El paciente de fibromialgia informado sabe que su sueño está alterado, y que ello impide el necesario descanso nocturno. El dolor y cansancio extremos del momento de despertar quedan así explicados por un sueño patológico, insuficiente, agotador. Un sueño fragmentado, desasosegado, insuficiente y con unos músculos poco relajados genera dolor y agotamiento, en vez de procurar el descanso y el alivio.

El paciente de fibromialgia informado sabe que su mente no reúne las condiciones adecuadas para una actividad normal. No consigue centrar la atención donde quiere y todo se olvida y descentra. El cerebro no es normal. Sufre también las consecuencias de la enfermedad.

Las creencias sobre la fibromialgia quedan consolidadas con la información como convicción de enfermedad y necesidad de adaptar la actividad a la vulnerabilidad e insuficiencia que el organismo enfermo impone. Ese organismo enfermo necesita ejercicio controlado, adaptado a la condición de enfermedad, cuidados musculares, sueño reparador y una buena gestión de los estados psicológicos de ansiedad, desesperanza, catastrofismo…

¿Qué hacer?

Ejercicio aun cuando sea doloroso y fatigoso.

Conseguir el sueño reparador aun cuando sea una meta casi imposible.

Ejercitar la mente aun cuando esté borrosa.

Los expertos ayudarán en el empeño con fármacos que reducen el dolor, la ansiedad, la depresión y el insommio, con masajes y baños térmicos, con psicoterapia cognitivo conductual, con estrategias de gestión del estrés.

Con todo ello el paciente informado sabe que está enfermo pero sabe que su enfermedad está reconocida y que dispone de justo respeto y de un equipo multidisciplinar que le ayuda y reduce en algunos casos el sufrimiento y la invalidez.

Es lo que las guías oficiales recomiendan y es lo que habitualmente se hace, una vez se ha salido del infierno del peregrinaje del desprecio y se contacta con los colectivos que promueven la convicción de enfermedad y las terapias correspondientes.

Los de la Pedagogía pensamos de otro modo. Creemos que cabe otro enfoque, justamente el contrario. Lo que creemos y aconsejamos es radicalmente opuesto.

Dicen los detractores que lo que proponemos es charlatanería sin fundamento científico.

Yo les aseguro que los conceptos que explicamos a nuestros padecientes están sostenidos por lo que la Ciencia actual propone.

Los detractores llaman charlatanes, sin saberlo, a investigadores de diversas disciplinas globalmente denominadas Neurociencias.

Nuestra labor sólo es la de divulgadores. Nuestro objetivo es enseñar a comprender el dolor y cualquier otro síntoma desde la perspectiva de un organismo sano… gestionado por una red neuronal equivocada. Eso confunde al paciente y nosotros tratamos de eliminar esa confusión para que sus decisiones sean más acertadas.

La política de informar al paciente pretende que este sepa tomar sus propias decisiones. Para ello necesita conocer la Biología de su enfermedad. Eso es lo que hacemos.

Un respeto

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La Pedagogía y los fármacos

Dicen nuestros detractores que privamos a los pacientes del beneficio de los fármacos, ofuscados por nuestra fe en la bondad de nuestra particular “terapia cognitivo-conductual”.

En los cursos tocamos el tema de las terapias en general y el de los fármacos en particular. Desde la filosofía de nuestro enfoque lo que hacemos es explicar el mecanismo de acción.

¿Antiinflamatorios?

Antes que nada: ¿qué es la inflamación?: una respuesta defensiva-reparadora de los tejidos que contiene un proceso muy delicado de autoregulación (antiinflamación). El proceso inflamatorio sensibiliza la zona lesionada y cualquier estímulo, aun siendo inofensivo en un tejido sano, puede ser una amenaza mientras aquello se repara. Debe protegerse, darse de baja. El dolor es la expresión cerebral de esa intención de proteger los tejidos. A medida que el tejido va recuperando una fiabilidad el dolor se va esfumando.

Un antiinflamatorio bloquea la generación de señal en las neuronas que protegen la zona. Eso hace que las respuestas reflejas locales que dan lugar a la hinchazón y enrojecimiento sean menores y que el cerebro valore a la baja el estado de vulnerabilidad. Menos dolor pero más desprotección local y más error en la valoración de cómo marcha aquello.

- La inflamación va bien. Está menos hinchado, tiene menos dolor y ,o mueve mejor.

No es así de sencillo. La defensa y regeneración de los tejidos lesionados es un proceso de una complejidad extrema. Pensar que reduciendo los signos externos (hinchazón y enrojecimiento), condicionando a la baja la decisión cerebral del dolor y adelantando una recuperación funcional, hemos hecho un favor al proceso reparador es precipitado y, quizás, engañoso-peligroso.

Además: en muchos casos en los que se prescriben antiinflamatorios no hay inflamación.

Queda la cuestión de los efectos secundarios: a corto y largo plazo.

Queda la cuestión de la posibilidad de crear una dinámica adictiva.

Queda el efecto placebo-nocebo.

En definitiva:

1) explicamos el concepto de muerte celular violenta (necrosis) y programada.

2) explicamos el proceso de la inflamación y la reparación de los tejidos

3) explicamos el proceso de sensibilización periférica y su modulación central

4) explicamos la dinámica del sistema de recompensa-aversión

5) explicamos el efecto placebo-nocebo

6) advertimos de los riesgos a corto, medio y largo plazo

y

7) dejamos que cada cual tome sus decisiones dado que hay que ponerse en el pellejo de quien sufre.

No se trata, por tanto, de fármacos sí o fármacos no. Se trata de que el paciente sepa lo que hace y sepa lo que sucede en los tejidos cuando duele. Muchas veces no sucede nada alarmante pero la red defensiva está actuando como si sucediera o estuviera a punto de suceder. Puede que esa misma red esté instruida en el consumo de fármacos y los exija. Si no los damos, puede que el dolor aumente. Si el paciente los toma puede que la red se calme. Todo es posible.

Desde la perspectiva de atribuir valor a lo que el organismo valora creemos que la pedagogía puede ayudar.

Un flotador ayuda a flotar a alguien que no flota pero aumenta la dependencia y la convicción de no flotabilidad. La pedagogía intenta convencer (una vez descartadas causas añadidas de no flotabilidad como un traje de plomo) de que ese cuerpo puede flotar si se pierde el miedo a no hacerlo.

Una vez explicada la lectura biológica todo queda en manos de los pacientes. Muchos consiguen dejar los fármacos comprobando que el dolor no aumenta o, incluso, amaina. Otros no pueden conseguir el alivio. No les culpamos. Les animamos razonadamente a seguir ensayando. El proceso pedagógico puede ser largo. Puede incluir fracasos, altibajos, recaídas. Sabemos perfectamente que una cosa es la teoría y otra la práctica.

Administrar fármacos y dejarse de teorías tiene una apariencia de practicidad engañosa.

- No seas tonto. Déjate de historias y tómate el calmante.

Nada es lo que parece en Biología. Nada es tan sencillo como nos gustaría. No tenemos tanto poder como creemos o queremos creer.

- Antes de decidir conozca el ABC biológico de los procesos. Conozca la teoría (“terapia cognitiva”) y decida (“terapia conductual”).

¡Animo y suerte!

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Pedagogía de la Biología del dolor. No sólo dolor

Dicen nuestros detractores que la Pedagogía de la Biología del dolor sólo contempla el dolor en la fibromialgia y que deja huérfanos otros componentes de la enfermedad por lo que puede y debe ser des(a)preciada.

No es cierto.

La Biología del dolor sitúa a éste dentro de una respuesta global del organismo frente a una evaluación de amenaza que, en cada caso, contiene distintos significados y, por tanto, distintos síntomas.

En concreto, en la fibromialgia, el dolor forma parte de la activación del programa “respuesta de enfermedad”, un programa global que incluye dolor, cansancio, desánimo, problemas para dormir y un estilo cognitivo disfuncional por derivación atencional a las cuestiones internas . Es el programa que se activa cuando tenemos una enfermedad como la gripe. Cada uno de esos síntomas base recibe su cuota de explicación desde la perspectiva biológica.

En la migraña, el dolor se acompaña de intolerancia digestiva, intolerancia sensorial y, en ocasiones, aura. Cada uno de estos síntomas recibe su tratamiento específico desde la perspectiva del significado biológico. Los enfoques terapéuticos se limitan a pretender neutralizar el síntoma: “analgesia” para el dolor y unos supuestos “neuromoduladores”. Ni palabra sobre el significado biológico de los síntomas. El organismo no existe como sujeto activo, interesado en su supervivencia y preocupado por lo que pudiera estar pasando.

En el dolor lumbar crónico se pone el acento en el tema fundamental de fondo del miedo al movimiento, en la convicción de vulnerabilidad raquídea frente a las cargas mecánicas, en el catastrofismo inducido por la información profesional, en la deconstrucción de mitos músculoesqueléticos, en la importancia del esquema corporal y otros aspectos.

En el dolor cervical otro tanto de lo mismo.

Cada síndrome recibe una atención específica. El enfoque en grupo no permite valoraciones individuales, Se dan pautas generales y si se precisara, cada paciente puede solicitar una atención complementaria.

Vale todo esto para la depresión, el insommio, el cansancio, la disfuncion cognitiva, el estrés…

Explicar el significado biológico de los síntomas desde la perspectiva del organismo ayuda a muchos pacientes a comprender su situación. Se sienten liberados y recuperan su dignidad como pacientes.

La multidisciplinaridad no está reñida con el enfoque pedagógico. El conflicto reside en la diferencia del punto de partida. Para los partidarios de la teoría de enfermedad y aplicación de terapias todo sucede desde una supuesta enfermedad, misteriosa e incurable. No caben otras consideraciones. Para nosotros, una vez descartada la enfermedad (en sentido tradicional) es fundamental recuperar la convicción de salud razonable y debe dedicar el tiempo necesario para qu los pacientes comprendan la propuesta del origen biológico de su sufrimiento e invalidez desde la no enfermedad.

Es fundamental compartir una teoría general, un modelo, entre los profesionales y los pacientes.

Podemos discutir sobre el modelo pero afirmar que la Pedagogía del dolor sólo se fija en el dolor y no considera nada más, es una afirmación falsa. Justo es todo lo contrario.

La buena y saludable detracción es complicada.

Resulta más fácil hacer una caricatura de lo detractado para hacer con ella lo que venga en gana con el fin de defender lo que el detractador considera amenazado.

Si hablamos de fibromialgia podríamos aceptar que el título Pedagogía del dolor no hace justicia a lo que realmente se propone y que sería más adecuado decir que en los grupos se trabaja la Pedagogía en mecanismos generales y particulares de las respuestas biológicas a la evaluación de enfermedad.

También podríamos sugerir que se suprimiera el término “fibromialgia” dado que nada tiene que ver con lo que se cuece en músculos y tejidos blandos por más que la OMS la incluya en el apartado de reumatismo de partes blandas.

 

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Pedagogía en Biología del dolor y Terapia cognitivo conductual

Hay muchas maneras de des(a)preciar la Pedagogía en Biología del dolor. Una de ellas es afirmar que no es mas que una forma de Terapia cognitivo-conductual y que, por tanto, no dice ni aporta nada nuevo.

No estoy de acuerdo. Veamos:

1) La Pedagogía no es, intencionalmente, una terapia. Se limita a instruir al paciente en los procesos básicos de los sistemas defensivos del organismo, muy especialmente en la función evaluativa cerebral y en la posibilidad del error en la activación de programas defensivos. No se centra en el individuo sino en el organismo humano, con un acento en la dependencia cultural de la conectividad cerebral.

2) Se interpreta la conducta del paciente desde la perspectiva de las propuestas defensivas del organismo, considerando el dolor como una acción premotora cerebral, es decir, una propuesta conductual hacia el individuo. Este puede responder de muchos modos.

3) Se considera (en principio) al paciente como una persona psicológicamente normal y se centra el análisis en la carga patologizante de la cultura.

4) Se aborda el problema del dolor desde la perspectiva moderna de la Neurociencia criticando en profundidad los modelos aun vigentes.

5) Se da una especial importancia al aprendizaje, a través de la imitación e instrucción.

Se trata, por tanto, de una intervención centrada en el organismo y en la cultura en la que este se cría (aprende). El individuo consciente, atento y colaborador es parte fundamental del proceso. Es un colaborador parcialmente consciente del proceso, necesario, aunque no siempre suficiente.

Las terapias externalizan la solución, potencian la convicción de patología y la necesidad de la ayuda externa.

La Pedagogía internaliza el problema, potencia la convicción de salud y trata de minimizar la necesidad de ayuda externa.

Las cogniciones consideradas en la Pedagogía son radicalmente opuestas a las de la Terapia cognitivo-conductual.

La Pedagogía contempla la intervención multidisciplinar pero desde un marco teórico compartido, coherente con los postulados actuales de la Biología.

La terapia cognitiva identifica falsas creencias del individuo pero no estudia las falsas creencias de las teorías oficiales y/o alternativas

La Pedagogía se centra en las falsas creencias culturales, en ocasiones sancionadas por los expertos como verdaderas, aun con evidencia actual de no serlo.

Una vez descartado el daño-enfermedad relevante, en sentido clásico, se considera que el paciente reside en un organismo razonablemente sano, gestionado (alertado-defendido) por un cerebro equivocado.

En la Terapia cognitivo-conductual se respeta la etiqueta diagnóstica “física” (p.ej. migraña, fibromialgia…) y se trabaja para lograr una conducta adaptativa desde la aceptación del criterio de enfermedad.

En la Pedagogía se interpreta la etiqueta como un error evaluativo (cerebral) y se trabaja para conseguir la convicción de salud (en sentido clásico).

El organismo, la red neuronal, es un sujeto físico pero genera estados psicológicos (memoria, atención, alerta, miedo, sensibilización, habituación, predicción…) y, por tanto, es susceptible a la psicopatología propia, que coexiste con un individuo psicológicamente normal.

Las Terapias se apoyan en la evidencia científica (estadística) de su eficacia y en los protocolos sancionados por los expertos. No analiza la influencia de las expectativas y creencias en los estudios.

La Pedagogía se apoya en la evidencia del conocimiento científico de los procesos biológicos básicos y se apoya en los pocos trabajos que consideran la aportación de las expectativas y creencias.

Para algunos todo esto de la Pedagogía es pura charlatanería. Una charlatanería además muy poco eficaz y que se desentiende del paciente real, perdida en filosofías baratas que no cuentan con el apoyo de la evidencia y de los cánones.

Los que critican la Pedagogía debieran saber que ellos también la están aplicando a manos llenas, con más recursos y con más soporte mediático e institucional.

El problema no es Pedagogía sí o no. El problema es si lo que enseñamos se ajusta a la verdad desde lo que sabemos de la Biología y, sobre todo, si lo que enseñamos es ofensivo, inofensivo o liberador, si cultivamos la intolerancia del organismo o le ayudamos a interpretarse como un espacio suficiente para que resida en él un individuo confiado, tolerado.

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El dolor no se modula

Está todavía vigente la idea de que el dolor se genera en los tejidos, neurales y no neurales y que sus señales son “moduladas” (modificadas: atenuadas o amplificadas) en areas cerebrales dedicadas a emociones y cogniciones.

El modelo biopsicosocial, a pesar de su label de modernidad, contiene esencialmente esta idea: el cerebro modula el dolor a través de sistemas inhibitorios y excitatorios descendentes que proyectan sus sugerencias hacia el asta posterior de la médula: centro de recepción de las “señales de dolor”.

Realmente el cerebro lo que hace es evaluar amenaza considerando el contexto, siempre desde las expectativas y creencias aprendidas. El dolor se proyecta a la conciencia como consecuencia obligada de la integración de todo tipo de propuestas surgidas de capas corticales y subcorticales.

Un placebo no atenúa el dolor directamente sino a través de una atenuación de la valoración de amenaza, derivada de la creencia de su efecto protector.

No existe una función de modulación del dolor. Sí existe la función de modulación de la peligrosidad de cada momento, lugar y circunstancia.

No existen analgésicos. Sí existen intervenciones de todo tipo que modifican la evaluación de peligro de destrucción violenta de tejidos.

Un anestésico local no elimina el dolor. Sabotea la información de destrucción local equivocando a las áreas evaluativas superiores. Como resultado no hay dolor, dado que el sistema no considera la amenaza.

La analgesia de los campos de batalla no surge de la acción de los opiaceos endogenos sino de una valoración integrada de amenaza que antepone la supervivencia del individuo en contexto de peligro respecto a la de los tejidos mortificados.

Los padecientes tienden a considerar el dolor como un testigo fiable del estado de los tejidos. El dolor lumbar testifica la situación del raquis sometido a una carga postural o de un esfuerzo. Resultaría extraña la valoración correcta:

- Me duele la espalda. Mi cerebro está considerando amenaza

Los padecientes creen que lo que alivia el dolor protege la zona dolorida. Los analgésicos, al eliminar el dolor, permiten que uno se mueva. Si hay dolor, la columna está rígida por la contracción muscular. Resultaría también extraña la consideración correcta:

- El calmante ha hecho que el cerebro autorice el movimiento.

Al cerebro lo que le interesa es evaluar el estado de los tejidos y las consecuencias que la conducta del ciudadano pueda tener sobre ese supuesto estado.

Al profesional debe preocuparle que el cerebro haga evaluaciones razonables que permitan y animen las acciones del individuo dentro de los límites tolerables, desde la perspectiva de la integridad y función de los tejidos.

Poner en el punto de mira al dolor y actuar para ver si lo aliviamos, sin tener en cuenta que al dolor siempre le precede una valoración de amenaza, no es lo deseable.

El punto de mira correcto es el de la evaluación. A veces es correcta. Los tejidos sufren y el dolor así lo está indicando. Habrá que identificar la causa del sufrimiento e intervenir para proteger su integridad. Otras veces el único sufrimiento surge de la valoración errónea de amenaza, del miedo al daño. Están activados programas de protección que mortifican los tejidos y al propio individuo sin que exista una razón que lo aconseje.

Está de moda la “modulación”. Nos atribuimos la capacidad de modificar el dolor sin valorar debida y obligadamente el impacto que nuestras acciones “analgésicas” generan en la valoración de los estados de amenaza y la dependencia futura de nuestras prestaciones.

El dolor no se modula.

La valoración de amenaza, sí. Siempre está ahí. Cada intervención analgésica no modula el dolor sino esa valoración.

 

 

 

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Desmigrañarse

Dicen los neurólogos que los migrañosos nacen. Vienen al mundo con una carga genética que les condena al infierno de las crisis. Sólo cabe aceptarlo y prepararse para la mala vida cultivando hábitos ordenados y tomando los fármacos que ellos sugieren.

El migrañoso debe ser informado de su condición y aprender a comportarse según los cánones.

Mi opinión es radicalmente la contraria.

La migraña no es una enfermedad sino un estado. No corresponde al ser sino al estar. Es, por tanto, una condición potencialmente reversible.

Este sábado hemos tenido la revisión de un grupo de 14 padecientes. Participaron en un curso intensivo hace dos meses. Les explicamos el ABC del dolor desde la perspectiva moderna de la Neurociencia, una perspectiva radicalmente alejada de la que propone la oficialidad. Oyeron hablar por primera vez de nociceptores, el YO, la percepción, el sistema de recompensa, evolución, culturización, aprendizaje, sistema de defensa neuroinmune, predicción, toma de decisión, es decir, de la red neuronal, del cerebro.

Defiendo la tesis de la migraña como un producto del aprendizaje al calor de la cultura. Hay una genética que facilita el proceso pero lo fundamental es lo que se construye. El cerebro humano es un órgano a escolarizar. Su conectividad está pendiente de la experiencia propia y ajena y de lo que los instructores dicen. Nuestros genes nos condenan a aprender, influidos por modelos cercanos. No podemos evitar creer y descreer, esperar, temer, desear.

En el curso deconstruimos las falacias de la propuesta de enfermedad genética y presentamos argumentadamente la idea del aprendizaje migrañoso.

El resultado ha sido excelente. Menos días de dolor, menos fármacos, menos invalidez y más marcheta. Vuelve el queso curado, el chocolate, el alcohol y la inocente jarana. Los cambios de tiempo y hormonales se hacen irrelevantes. Se recupera la tolerancia a lo inofensivo.

El cerebro es un órgano cándido, preparado genéticamente para la obediencia, la imitación, el gregarismo. El miedo al daño sensibiliza el sentido del peligro. Los tutores nos inculcan el absurdo temor a la evitación de casi todo y la convicción de residir en un organismo vulnerable, sensiblero, irritable, mal alimentado, poco preparado para el estrés y la exposición a un entorno tóxico.

Los migrañosos son victimas de habérselo creído.

En el curso tratamos de devolverles la condición de la normalidad. Residen en un organismo razonablemente apto para la brega vital pero indefenso respecto a la escolarizacion acrítica en temas que los cinco sentidos y el sentido común no pueden protegernos.

Hay un riesgo de migrañización precoz, especialmente si residimos en una familia con modelos a mano. Una vez aparece el germen, se desarrolla sin problemas en el medio cultural que lo promueve.

Nunca es tarde para educar y reeducar nuestro cerebro. Los estados migrañosos se refuerzan fácilmente pero también pueden desinflarse con algo de esfuerzo facilitando al cerebro un marco de conocimiento que acerca el mundo imaginario del miedo al mundo de la realidad.

El estado migrañoso es un estado fóbico, supersticioso. En el curso intentamos deshacer ese estado animando a los padecientes a recuperar el trato confiado con lo cotidiano.

El pavoroso problema de la migraña se aliviaría sustancialmente con una campaña de escolarización en biología del dolor. Sería una inversión barata, rentable, enriquecedora para los ciudadanos.

Hasta ahora los neurólogos no dan muestras de interesarse por la propuesta. Siguen predicando miedos y aconsejando la vida monacal y el consumo precoz y controlado de sus fármacos, con el botox y la neuromodulación electromagnética preparada por si la cosa no se endereza.

La migrañización está ahí cobrándose nuevas víctimas cada día.

La desmigrañización también está ahí, en la pedagogía del dolor.

La migraña se aprende.

Creer para ver.

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Todos los dolores son psicológicos

Todos los dolores son psicológicos.

Todas las visiones, los olores, los sabores, son psicológicos.

El dolor es una experiencia subjetiva, es decir, un producto psicológico, resultante de la activación conjunta de múltiples áreas cerebrales evaluativas que atribuyen un significado de amenaza con probabilidad variable a cada momento, lugar y circunstancia.

No existen dolores físicos, distintos de los psicológicos. El dolor no es un producto directo de la lesión de los tejidos. Siempre hay un proceso evaluativo previo, necesario.

No es necesario ni suficiente el daño de los tejidos para que se active el producto psicológico dolor.

Sí es necesario y puede ser suficiente la valoración de amenaza que el cerebro atribuye a cada lugar del organismo.

Sí existen daños físicos (consumados o inminentes) y psicológicos (imaginados):

1) en ocasiones el daño, la destrucción de tejido, se ha consumado o se consumará inmediatamente si no se evita el estado de amenaza actual. El estado físico de amenaza consumada-inminente evoca en la conciencia el producto psicológico dolor. La probabilidad de acierto en la valoración de amenaza es alta. El proceso psicológico evaluativo es correcto, económico.

2) otras veces las áreas evaluativas imaginan, evalúan amenaza y evocan la percepción de dolor sin que en ese momento se haya consumado ni haya riesgo de daño por un estado físico amenazante. La probabilidad de acierto en la valoración de amenaza es muy baja, despreciable. La evocación del producto psicológico dolor resulta de un estado psicológico de temor infundado al daño. El proceso psicológico evaluativo no es correcto ni económico.

En realidad todos los dolores son físicos. Resultan de la actividad física de sujetos físicos, las neuronas. En todos los dolores hay activación de una extensa población de sinapsis con la correspondiente y necesaria liberación de neurotransmisores y consumo de glucosa y oxígeno.

Los productos psicológicos, emocionales, son entidades físicas, neuronales.

La separación entre el mundo físico y psicológico no es aplicable al dolor ni a ningún otro producto perceptivo.

Existe un mundo real, físico, actual y otro futurible, imaginado, pensado, evaluado, probabilístico.

El cerebro es un órgano predictivo, constructor de hipótesis, soñador. Imagina la realidad con acierto variable.

El dolor, en muchas ocasiones, resulta del proceso inevitable del sueño cerebral.

En menos resulta de la irrupción de un proceso actual de destrucción violenta de tejidos.

Todos los dolores son psicológicos.

Todos los dolores son físicos.

No todos los dolores conllevan un estado físico amenazante.

No todos los estados físicos amenazantes evocan el producto psicológico del dolor. Hay infartos indoloros. Hay cánceres indoloros.

- No tiene usted nada. Su dolor es psicológico. Le mando al psicólogo.

¿Qué es “psicológico”?

Un estado físico neuronal.

 

 

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Curso de migraña

Convocamos un nuevo curso intensivo para pacientes con migraña. Será el sábado día 15 de Marzo.

Los interesados pueden contactar con   info@escueladeldolor.com o con Maite en el teléfono 696541479.

El curso consta de dos sesiones: en la primera, el sábado, se exponen las bases generales de la Neurociencia actual del dolor y su aplicación específica a la migraña, en un lenguaje accesible. En la segunda se revisa la evolución del proceso, al cabo de unos dos meses.

La dinámica de grupo permite intercambiar experiencias de los pacientes en su afrontamiento desde la nueva perspectiva.

Nuestra propuesta es radicalmente opuesta a las oficiales de “enfermedad cerebral de origen genético, de mecanismo desconocido y sin curación”. Hacemos un análisis crítico y argumentado de las tesis oficiales y exponemos los fundamentos de la teoría cultural-aprendida.

La experiencia con los grupos del Centro de Atención primaria de  San Martín ha sido excelente, con un 80% de reducción en días de dolor y uso de fármacos, consiguiéndose en la mayoría de los casos recuperar la tolerancia a los “desencadenantes”.

 En el curso explicamos conceptos básicos sobre neuronas, el sistema de defensa neuroinmune, su componente adquirido y la extraordinaria importancia del aprendizaje. La conectividad cerebral está preparada para absorber la información y los modelos que ofrece el grupo en el que se cría el recién nacido.

En la migraña se activan diversos programas defensivos sin que en ese momento y circunstancia haya ninguna amenaza real que lo justifique. Oficialmente se sostiene que ello sucede a consecuencia de una condición genética de hiperexcitabilidad y/o de déficit de habituación hacia los estímulos irrelevantes. En mi opinión las crisis se deciden en los circuitos cerebrales defensivos en base a la valoración de amenaza que cada individuo construye, inconscientemente, guiado e influido por los modelos que la cultura ofrece.

La red neuronal es una red de aprendizaje. Aprendemos a actuar de modo “migrañoso” y podemos desaprender lo aprendido o, al menos, neutralizarlo en grado variable.

Conocer el proceso del dolor desde la perspectiva del organismo ayuda en la migraña y otros cuadros de dolor. La migraña contiene unas creencias y expectativas que la alimentan y el individuo se  protege de las crisis tratando de minimizar el sufrimiento optando por evitar el impacto del estrés de lo cotidiano.

No ofrecemos ningún antídoto mágico para abortar el dolor pero sí facilitamos un nuevo marco de interpretación que genera, en muchos casos, un cambio radical en el modo en el que el cerebro gestiona los programas que dan lugar al infierno migrañoso.

La Pedagogía del dolor es un arma poderosa que hace más comprensible el sinsentido de la migraña. Está demostrando su eficacia en pacientes con dolor crónico y responde a una necesidad acuciante de instruir a los ciudadanos en cuestiones básicas sobre el modo como funcionan nuestras neuronas.

Convocamos con ilusión este nuevo curso y esperamos poder ofrecer una nueva perspectiva de comprensión y alivio del proceso migrañoso a los alumnos.

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Síndromes y programas

Un síndrome es una agrupación de síntomas y signos. El síndrome gripal, por ejemplo, contiene fiebre, dolorimiento general, picor nasal y traqueobronquial e hipersecrección de mucosas.

Los síntomas son efectos de la activación de programas. Su objetivo es el de proyectar a la conciencia del individuo sensaciones que incitan a una conducta defensiva. La sensación del picor cutáneo a la conducta de rascado, la del picor nasal a la de estornudar, la del picor laríngeo a la de toser y la del picor uretral a la de orinar.

Los síntomas sólo certifican que se han activado los programas que los generan, en un momento, lugar y circunstancias determinados. No garantizan que su activación esté justificada. Sólo sabemos que están activados.

No existen falsos síntomas. Los programas, una vez activados, generan siempre síntomas reales. El dolorimiento general con cansancio y desgana para la interacción social se activa en la gripe pero también en la depresión y en la fibromialgia. Los síntomas son iguales en las tres situaciones. Por sí solos no permiten el diagnóstico. Deberemos recurrir a otros datos adicionales: en la gripe existe la fiebre y los síntomas y signos catarrales, componentes de programas distintos que no se activan en la depresión ni en la fibromialgia.

Un síndrome agrega síntomas generados por conjuntos variables de programas. En la migraña se activa el programa dolor (en una mitad de la cabeza o en toda ella) junto al de la intolerancia digestiva y al de la aversión sensorial. Son tres programas distintos, integrados en el síndrome migrañoso.

El síndrome migrañoso se activa también en la infeccion meníngea meningocócica, con la misma cualidad. En la infección meníngea hay, además, fiebre (programa de hipertermia), meningitis (programa de inflamación en las meninges) y muerte, si no se toman medidas terapéuticas urgentes.

Ante los síndromes debemos descartar la existencia de enfermedad. Hoy podemos hacerlo con una buena valoración de los síntomas y una buena exploración y con la ayuda de pruebas complementarias. Si no hay sospecha-evidencia de enfermedad podemos concluir, razonablemente, que estamos ante una activación no justificada, un falso positivo: ha habido una atribución de probabilidad de enfermedad por parte del organismo; ello ha dado lugar al encendido de los programas y, a partir de un umbral de probabilidad determinado se ha producido la proyección a la conciencia.

Podemos imaginar los síntomas a nuestro antojo pero sólo de modo evanescente. El yo consciente no tiene poderes para encender (ni apagar) programas. Con la imaginación activamos las áreas necesarias pero sólo levemente. Podemos calentar algo el agua pero no hacerla hervir. Para que los síntomas aparezcan en la conciencia se precisa un nivel mínimo de evidencia o sospecha cerebral-inconsciente de enfermedad. El miedo del individuo al robo no dispara la alarma. Sólo la evaluación del sistema de seguridad activará la respuesta. Si el individuo quiere que salte la alarma deberá atracar con violencia su propio domicilio.

En la fibromialgia se activa el programa “respuesta de enfermedad”, por evaluación cerebral de sospecha de enfermedad. La sospecha no se confirma por los estudios complementarios. Lo lógico sería que se apagara el programa. No ha habido robo ni se queda escondido el ladrón en la casa. El sistema evaluativo ha producido un error. Debe identificar la causa del error y disminuir para el futuro la probabilidad de ese error.

La detección de error es una función fundamental en los sistemas que aprenden. Si ante un falso positivo de robo se concluye que el ladrón está escondido o ha burlado el sistema, este reacciona sensibilizando más sus recursos y valoraciones haciendo más probable que se active el programa en el futuro. Estamos ante el sesgo de confirmación: negar la posibilidad del falso positivo y conceder a la  activación de la alarma la virtud de la realidad del robo. Si se activa la alarma es porque hay robo potencial, aun cuando no se haya consumado.

Residir en un organismo con un programa de alerta a enfermedad activado es un horror kafkiano.

- Tiene que haber un ladrón en mi casa.

- No hay ninguna evidencia de robo ni de ladrones

- ¿Entonces por qué está activado el sistema de seguridad?

- Son imaginaciones suyas. Si no hay robo ni ladrón no es posible. No le creo. Le aconsejo una visita a Psiquiatría.

  El dolor es una opinión cerebral, dijo Ramachandran. Una opinión acertada a veces y desacertada en otras.

El cerebro se equivoca. A veces consigue contagiar el error al individuo consciente.

El profesional está en lo cierto cuando afirma que no existe enfermedad (robo-ladrón) detectable.

El profesional se equivoca cuando concluye que el padeciente imagina todo y no cree que estén los programas activados.

El padeciente se equivoca cuando niega la posibilidad del falso positivo y las explicaciones del error evaluativo cerebral.

La detección de error: una función complicada, tanto para el cerebro como para el profesional y el padeciente.

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Fibromialgia: evidencias

Hay una realidad evidente: el sufrimiento e invalidez de los pacientes diagnosticados de fibromialgia. Negar esa evidencia a la luz de lo que conocemos sobre el organismo de quien la padece es inmoral y debe ser denunciado y combatido. Los pacientes de fibromialgia tienen derecho a todas las prestaciones disponibles, incluída la información disponible sobre el proceso.

La fibromialgia está reconocida como enfermedad por la OMS, desde el marco de definición de enfermedad como pérdida de integridad física y/o funcional. Es un hecho que deviene en los correspondientes derechos.

El término fibromialgia es inadecuado ya que no hay evidencia de patología de tejidos fibrosos ni musculares. También es inadecuado hablar de “dolor músculoesquelético”.

La OMS cataloga la fibromialgia dentro del grupo de enfermedades reumáticas (“otros trastornos de los tejidos blandos, no clasificados en otra parte” o  “reumatismo, sin especificar”). No hay evidencia de tales trastornos de tejidos blandos. El término “reumatismo” carece de rigor científico.

Hay evidencia de datos que orientan hacia un origen neuronal de la enfermedad.

Debemos distinguir dentro del concepto de enfermedad los problemas derivados de un agente o estado patógeno de aquellos que acompañan a la respuesta defensiva del organismo. Así el virus de la gripe induce destrucción de células en distintos aparatos y sistemas que pueden causar sufrimiento y déficit pero la fiebre, la tos y el dolorimiento generalizado, forman parte de la respuesta de enfermedad que el organismo activa para proteger su integridad. Existe, en este caso, una enfermedad infecciosa y una respuesta defensiva del organismo.

En la fibromialgia hay evidencia de respuesta de enfermedad activada por parte del organismo pero no hay evidencia de agentes ni estados patógenos conocidos (infección, cáncer, tóxicos, degeneración…). La enfermedad estaría producida por un agente o estado patógeno no identificado (“enfermedad de origen desconocido”). La Ciencia actual no ha sido capaz de identificarlo pero en el futuro puede que la tecnología permita desvelar el origen y abrir las puertas a la solución. Esta es la hipótesis mayoritariamente aceptada por el colectivo de profesionales y pacientes comprometidos en la búsqueda de respuestas.

Hay evidencia científica de que se puede activar la “respuesta de enfermedad” artificialmente, sin enfermedad. Por ejemplo, administrando lipopolisacárido, un componente de la cápsula del germen Escherichia coli. El cerebro interpreta que la presencia de lipopolisacárido equivale a presencia de Escherichia coli y activa la respuesta defensiva de enfermedad: dolor generalizado, cansancio, cognición con foco atencional interno. Evidentemente el paciente se siente enfermo. Desde el marco de definición de la OMS existe una enfermedad pero no encontraremos ninguna evidencia de agente patógeno en el organismo. Estamos ante una enfermedad sin enfermedad.

El cerebro es un órgano predictivo. Hay ciencia evidente que sustenta esta afirmación.

El cerebro es un órgano bayesiano. También hay ciencia evidente que lo ratifica. Un órgano bayesiano aplica la lógica descrita por Thomas Bayes que permite extraer probabilidades de hipótesis al calor de los datos disponibles y las creencias previas. Un funcionamiento saludable de la lógica bayesiana exige conocimiento y datos fiables, evidentes.

El sistema de creencias cerebral es el motor de las decisiones que surgen de sus circuitos. El encendido de la “respuesta de enfermedad” es una decisión alimentada por la convicción de probabilidad de enfermedad que el cerebro aplica al flujo de datos sensoriales y cognitivos que debe procesar.

El cerebro es un constructor de hipótesis en un universo de información incierto, ambigüo, competitivo.

La cultura facilita propuestas de hipótesis que el cerebro utilizará para interpretar la realidad cotidiana del organismo, interna y externa.

La probabilidad de enfermedad sugerida por los expertos favorece el encendido de la respuesta de enfermedad: dolor, cansancio, secuestro atencional, insommio, es decir, el síndrome que se ha etiquetado como “fibromialgia”. El estado patógeno es una hipótesis de enfermedad que no se corresponde con una enfermedad real.

Este esquema aparece en las enfermedades autoinmunes: el sistema inmune evalúa probabilidad de enfermedad (infecciosa, tumoral…). También construye hipótesis sobre la base de conocimiento acumulado a lo largo de la evolución (especie) y de la vida de cada individuo y sobre los datos moleculares que recibe cotidianamente.

Se reconoce el error evaluativo inmune como un grupo de enfermedades: las enfermedades autoinmunes: son enfermedades sin enfermedad. La enfermedad, desde el punto de vista de la pérdida de integridad física y funcional del individuo, surge de contemplar enfermedad en un organismo sano. Tanto profesionales como pacientes no deben luchar para que se reconozca su situación y el derecho a prestaciones. Nadie sugiere psicopatología ni niega las evidencias desde todos los ángulos. Nadie discute que estamos ante una “enfermedad sin enfermedad”.

Pensemos en el sistema inmune, en leucocitos. La inflamacion y la apoptosis (muerte programada) son respuestas defensivas del organismo, potencialmente beneficiosas y potencialmente peligrosas. El primer peligro es el de su activación errónea, sin enfermedad consumada o inminente. El sistema inmune puede cometer el error de no detectar peligro habiéndolo y facilitar la infección y el cáncer o bien el contrario: valorar peligro donde no lo hay y poner en peligro la integridad física y funcional del individuo. La reacción anafiláctica a la penicilina es potencialmente letal. No es un efecto tóxico de la penicilina sino un trágico error evaluativo del sistema inmune.

Cambiemos leucocitos por neuronas. Consideremos a la red neuronal como un sistema evaluativo bayesiano guiado por las creencias (a priori). Criemos a nuestros hijos en una cultura de alerta a enfermedades misteriosas sin curación, con modelos a su alcance entre sus allegados. Esforcémonos en el diagnóstico precoz, en la concienciación de enfermedad. Neguemos la trascendencia del proceso evaluativo, la instrucción de expertos, la imitación, el proceso de aprendizaje sobre lo peligroso. Defendamos la trascendencia de genes, tóxicos ambientales, disturbios sistémicos no aclarados. No hagamos ninguna advertencia sobre los peligros de la información. Desde la evidencia de la ciencia básica estaremos alimentando la probabilidad del error evaluativo.

Hay evidencia científica de datos, sobradamente aireados por los medios informativos y por los colectivos de profesionales y pacientes. Sean bienvenidos y sean considerados como tales datos.

Hay evidencia científica de la realidad del relato de los pacientes.

También hay evidencia científica del silencio informativo de la trascendencia de la función evaluativa, predictiva, del cerebro y de la posibilidad del error.

Podríamos tener evidencia científica, estadística, de la resistencia alérgica a considerar hipótesis evaluativas cerebrales por parte de profesionales y pacientes.

Hay ciencia evidente que permite disponer de una idea actual, moderna, de la percepción, del sistema de recompensa, de la toma de decisión, detección de error, falacias cognitivas, copia aferente, imaginación, esquema corporal, teoría del código común, teoría de detección de señales y un largo etcétera de conceptos claves para entender la peligrosidad de la función predictiva del sistema de defensa neuronal.

En los grupos de pedagogía les explicamos lo que podemos sobre estas cuestiones. Contienen ciencia evidente porque contienen la teoría actual de la fisiología neuronal. Si la Medicina en general no considera que todo esto es relevante ello no es más que un síntoma de la dependencia de las hipótesis de un conjunto de dinámicas que tienen poco que ver con la Ciencia y mucho con la Cultura y el Mercado.  

A nadie hacemos daño explicando el ABC del sistema neuronal de defensa. A muchos vamos ayudando a comprender su infierno y a pelear por dar con la salida.

Algún día llegará en que se reconozca a la información como un agente patógeno potencial. Será demasiado tarde para muchos.

Nosotros hacemos lo que está en nuestra mano: divulgar neurociencia evidente que contiene todas las evidencias científicas a nuestro alcance. Eso es todo.

 

 

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