El dogma de la polarización dinámica de Cajal

Descartes acertó al situar en algún lugar del cerebro la conversión de las señales de daño en los tejidos en conciencia de dolor y erró al atribuir esa propiedad sintiente al alma, un ámbito exclusivo del hombre, por designio divino.

Cajal acertó al proponer la existencia de espacios de discontinuidad en las conexiones de las neuronas pero erró al sostener que la información sólo tenía un camino, una dirección: de las terminales (dendritas, ramas) al cuerpo neuronal y de allí, por una única rama (axon) a otra neurona.

Describió un prototipo de neurona después de haber estudiado las neuronas sensoriales de la retina y el bulbo olfatorio y las motoras del asta anterior y así quedó solidificada la idea de neurona que sigue explicándose en cursos y facultades: los estímulos generan microseñales en las terminales sensoriales. Esas señales se integran en el cuerpo neuronal y cuando sumas y restas, excitaciones e inhibiciones, superan un determinado nivel (umbral) se dispara la señal definitiva, el potencial de acción, en el cono axónico.

Tenemos un problema con las neuronas detectoras de nocividad, los nociceptores: su morfología no se ajusta en nada a la del prototipo ramas-cuerpo-axon. Es completamente distinta. Hay un axon con dos escobillas de ramos en cada extremo. El axon está unido al cuerpo cerca de la escobilla central, en el ganglio raquídeo posterior conformando una T.

Otra singularidad: las ramas neuronales de los tejidos tienen vesículas con moduladores (Sustancia P, CGRP). Eso quiere decir que pueden amplificar la señal de daño. No existe nada igual en el resto de neuronas sensoriales. Las neuronas ganglionares de la retina no liberan moléculas que funcionen como microscopios que amplifiquen los objetos ni en la cóclea se puede amplificar la señal para oir más. Sólo podemos aguzar la vista y el oído, centrar la atención, pero no amplificar señales y menos, generarlas sin el estímulo adecuado.

Realmente los nociceptores son neuronas defensivas, no estrictamente sensoriales. Responden a los estados y agentes potencialmente destructivos. No se limitan a informar, como lo hacen las visuales, auditivas, olfatorias , tactiles y gustativas. Liberan in situ, moléculas sensibilizadoras que dilatan vasos y abren poros capilares y bajan el umbral de su disparo. Su señal activa en la médula respuestas motoras de retirada, sin más intermediarios.

Los nociceptores recogen datos de peligro en los tejidos e informan, a la vez que propician respuestas a todos los niveles de la red. Si estimulamos el axon generaremos una señal que viajará en las dos direcciones (orto y antidrómica) derivando en efectos periféricos (reflejo axonal) y centrales (tráfico de señal en la sinapsis de asta posterior). En la terminal central el flujo de señal nociceptiva puede activar potenciales de reentrada que retornan hasta la periferia (reflejos de la raíz dorsal) en dirección contraria a la que proclamó Cajal.

El dogma Cajaliano de la polarización dinámica, de la dirección única en la sensorialidad, sigue vigente y sigue perturbando la comprensión correcta de cuanto sucede en las “neuronas del dolor”.

La Evolución deja rastros de ambigüedad en las células, rastros onto y filogenéticos de antiguas potencialidades. La nocicepción era, en el principio, cosa de una célula irritable, no neuronal, sensible y respondona, sensitivo-motora. Luego apareció una neurona sensible y mandona que ordenaba a fibras musculares contraerse. Finalmente la neurona sensible se especializó en la detección y delegó la ejecución en otra neurona motora, que a su vez complicó la función intercalando interneuronas, intermediarias entre estímulos y respuestas.

En nocicepción todo está dispuesto para responder, desde la corteza frontal a las terminales de los tejidos.

¡Peligro!

Se proyecta dolor para forzar la implicación del individuo y se proyectan señales que llegan hasta las terminales de los tejidos, en dirección contraria, pero conveniente. No tiene sentido esperar a que se consumen los hechos. Basta con temerlos.

Ya en su tiempo Cajal tuvo problemas con las neuronas somatosensoriales. Alguien se lo hizo ver y se sacó de la manga como pudo una explicación evolucionista tratando de defender su dogma.

El dogma sigue vivo, haciendo daño… allí donde más duele: en el dolor

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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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2 respuestas a El dogma de la polarización dinámica de Cajal

  1. Julia Alonso dijo:

    Muy bueno, para variar, y muy claro. Polvo somos, materia somos y todo cuanto nos acontece, mental, emocional, físico tiene un sustrato material, origen y respuesta, se puede explicar bioquímicamente, aunque nos quede tanto por descubrir. Mientras haya un misterio,…

  2. Cristina dijo:

    Sé que he recomendado esta entrada alguna otra vez … pero es la que me viene a la cabeza hoy:

    http://arturogoicoechea.wordpress.com/2011/02/04/nocicepcion-2/

    Gracias Arturo por explicar de forma sencilla y entendible algo que, por lo general, los médicos piensan que los pacientes no somos capaces de entender.

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