Química e información

 

 

Todo es química. La información tambien lo es. Una noticia genera cambios químicos.

 

Todo es información. La química tambien lo es. Cada vez que administramos una molécula, generamos información en el organismo.

 

Un “analgésico” es una molécula. Tras su administración, el dolor, a veces, amaina. El analgésico no contiene una virtud analgésica. Interviene en la cadena informativa del organismo, modificando los datos que provienen de los tejidos y/o el procesamiento de esos datos en diversos centros en los que son evaluados. Un analgésico es un saboteador de la información y/o evaluación de lo que está sucediendo.

 

- Lo único que me importa es si me quita el dolor

 

Un analgésico no actúa como un antibiótico. El dolor no es una molécula ni un malbichito. El analgésico no neutraliza ni mata nada. Modifica los datos y puede generar una idea errónea de que no está sucediendo nada o que la cosa amaina. Lo importante es lo que hacemos creer al cerebro con la administración del calmante.

 

Un placebo puede ser un buen analgésico. No contiene química. Sólo información, expectativa, creencias.

 

Una molécula con información “positiva” puede generar un efecto “positivo”. La misma molécula con información “negativa” genera el efecto contrario.

 

- Lo mío no es sugestión. Me duele y si no tomo el calmante el dolor no se va.

 

El razonamiento no es válido. Sin convicción (inconsciente) no hay efecto. La administración oculta de analgésicos es bastante ineficaz. Quitamos la información y, por sí sola, la química es poca cosa (en la cuestión del dolor).

 

A veces la química es ofensiva. Por su cualidad (venenos) o por su cantidad, o por las dos.

 

Otras veces la química es inofensiva, por su cualidad (inofensiva) o por su cantidad (cualidad ofensiva a dosis insuficientes).

 

Las moléculas pueden actuar por sí mismas o como señales (información) de agentes biológicos. El lipopolisacárido es una molécula incluída en la cápsula de algunas bacterias. Su administración genera la respuesta de enfermedad aun cuando no haya infección (enfermedad). Hemos facilitado la información, la expectativa molecular de enfermedad. Ha bastado para que se activen los programas defensivos.

 

Hay problemas a veces con la sensibilidad excesiva a determinadas moléculas. La intolerancia a alimentos y a componentes químicos ambientales puede resultar extrema e invalidante.

 

En muchos casos resulta difícil diferenciar la relevancia de las moléculas de la de la información que contienen. La intolerancia pudiera generarse por la expectativa errónea de amenaza.

 

La cultura acopla información a la química. Hay una cultura biológica, genética, evolutiva. Los organismos tienen convicciones arraigadas que permiten extraer la información que contienen las moléculas. Gracias a esa capacidad informativa el sistema inmune nos defiende de infecciones y cánceres. Las creencias están codificadas en el genoma.

 

Hay una cultura adquirida, incierta, aventurada, condenada al ensayo-error, sin garantía genética. Es vital disponer de buenos datos y de un procesamiento inteligente.

 

Podemos generar una intolerancia química a través de la información, aun cuando no haya una química ofensiva.

 

Podemos generar expectativas de amenaza y desplegar la química interna de la alerta por obra y gracia de la información. Podemos desactivar esa misma química por la expectativa de la acción benéfica del “calmante”.

 

Hay una Ciencia de las moléculas y una Ciencia de la información.

 

Hay una cultura de las moléculas y una cultura de la información.

 

Hay un mercado de las moléculas y un mercado (oculto u ocultado) de la información.

 

La hipersensibilidad a moléculas inofensivas (cualitativa o cuantitativamente) se controla desactivando el componente informativo.

 

Lamentablemente el mercado de las moléculas trata la hipersensibilidad informativa azuzando aún más esa sensibilización, atribuyendo exclusivamente a la química lo que es de la información.

 

No hay tarea más fácil y rentable que la de generar sensibilizaciones informativas. Siempre habrá datos “científicos” que avalen “químicamente” lo que se defiende.

 

Disolver la sensibilización informativa, cultural, es complicado. Si algo se fija a los circuitos biológicos del miedo es la información alarmista.

 

¿Somos lo que comemos, tocamos y respiramos? ¿Creemos lo que oimos, sentimos y vemos?

 

A veces y/o en parte.

 

También somos información.

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Los genes del estres

Un equipo de investigadores del Departamento de Anestesia de la Universidad de Carolina del Norte está dedicado últimamente a analizar los factores que pudieran influir en el dolor agudo que se experimenta en una colisión y aquellos que hacen que el dolor se cronifique tras el trauma inicial.

El proyecto de investigación se denomina apropiadamente CRASH y contempla varias cuestiones:

1) Variables psicológicas previas a la colisión, como catastrofización, depresión y ansiedad. Encuentran una correlación fuerte entre dichas variables y la intensidad y extensión del dolor.

2) Análisis de polimorfismos (variaciones) genéticos relacionados con la biología del estrés. También encontraron correlación entre determinados tipos genéticos y la probabilidad de seguir con dolor tras la colisión. Aquellos pacientes que contenían en su genoma una de cinco variaciones del gen que codifica para la proteína FKBP5, la cual juega un papel importante en la regulación de las respuestas endocrinas al estres, expresaba una probabilidad 20% mayor de seguir con el dolor. Lo mismo sucedía si, en vez de sufrir un traumatismo físico se trataba de una violación sexual.

3) Posible correlación entre dolor agudo y nivel educativo. Encontraron una correlación inversa: a más nivel menos dolor.

Conclusiones:

Parece que estar estresado facilita y cronifica el dolor postraumático. También parece que andar estresado por la vida depende (en parte) de los genes que regulan el modo de respuesta a las miserias de nuestra existencia. La Universidad templa los modos de afrontamiento.

Reflexiones de los autores:

” Realmente, si alguien llega a Urgencias tras sufrir una colisión, no podemos hacer nada para prevenir que su dolor se cronifique” ¡Manda genes!

” Si una mujer llega a Urgencias tras sufrir una agresión sexual, disponemos de medicamentos para prevenir el embarazo y las infecciones de transmisión sexual pero no el dolor crónico. Ello es así porque no tenemos ni idea de los mecanismos biológicos (moleculares) que causan la cronificación”. Los datos aportados sobre los polimorfismos genéticos de la biología del estres constituyen un avance en la buena dirección. Pueden ser en el futuro una interesante diana para “intervenciones farmacológicas”.

Parece que el dolor, en intensidad y extensión en el tiempo y el espacio, se correlaciona con los genes y las características psicológicas de las víctimas más que con los daños físicos sufridos.

Sabemos, por tanto, quiénes son más vulnerables al dolor: aquellos que por genética (y cosas de la vida, supongo) andan más estresados o viven todo con más agobio y catastrofismo, pero, según los autores, andamos todavía verdes en conocer el por qué. Nos faltan todavía muchas moléculas-pieza para completar el puzzle, es decir la solución farmacológica.

Los trabajos se publican en las revistas más prestigiosas y oficiales sobre dolor.

La Biología del dolor es algo que comienza y acaba en las moléculas. Todo lo demás son consecuencias. La esperanza está depositada en detectar las malas moléculas que sobran y las buenas que aún nos faltan pero ya llueve menos. Hemos avanzado una barbaridad. Así es la Ciencia. Sin prisa pero sin pausa.

Recordarán los lectores del blog un estudio que mostraba las bondades de la educación en dolor a las víctimas de latigazos cervicales.

Los anestesistas son gente de moléculas. Su educación académica no contempla la educación como algo que modifica sustancialmente las moléculas del interior. Sólo podemos mover la química interna con química externa. Las ideas sólo influyen en las ideas. No hay que mezclar churras con merinas.

La cosmética molecular se completará en el futuro con la cosmética genética y la de los circuitos (con neuroestimuladores eléctricos y magnéticos colocados estratégicamente en las áreas del sufrimiento, el placer, la inteligencia y la estupidez).

El gen nuestro de cada día…

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La cultura de los genes

El genoma es el libro de la vida. Allí están contenidas las claves de todo. Las familias comparten destinos marcados por sus genes. Las familias migrañosas albergan genes migrañosos en sus genomas. Elemental.

El cerco a los genes de las familias migrañosas ha permitido identificar a un reducidísimo número de ellas que comparten el gen responsable de que sus cerebros se desarrollen con una tendencia anómala a la hiperexcitabilidad: la “migraña hemipléjica familiar” es la más conocida. Parece que tenemos un par de familias con una variante genética diferente.

Emily Bates es una genetista migrañosa dedicada al estudio de un par de familias tocadas por la fatalidad de un maldito y novedoso gen que altera su modo de dormir y activa crisis migrañosas con rara habilidad. El gen codifica una proteína (casein kinasa I delta) y las mutaciones de esas desdichadas familias muestran una actividad enzimática reducida, otra más (¿recuerdan la DiAminoOxidasa?).

Una vez identificado el gen consiguieron introducirlo en ratones para estudiar el proceso con detalle. Vieron que esos ratones y sus cerebros mostraban conductas y respuestas equiparables a la migraña humana.

Los individuos de las familias investigadas presentaban una curiosa peculiaridad: les entraba el sueño al atardecer y se despertaban con el alba. Eran alondras. Lo normal es ser lechuzo-a. Para los investigadores ser alondra es un “trastorno del sueño”, de los ritmos circadianos. Una vez que uno tiene una “disrupción del sueño” ya tiene un desencadenante que explica la generación de la migraña en un cerebro genéticamente hiperexcitable. Bingo.

Emily cree que sus hallazgos pueden aclarar la relación entre sueño alterado y migraña y que se abrirá una nueva vía para descubrir “nuevos fármacos”.

 

Lo genético tiene el aroma inconfundible de la Ciencia fiable. Moléculas, enzimas, proteínas, canales iónicos, corrientes de potasio, glía, corrientes de calcio…

Los divulgadores de “la Ciencia” se hacen eco de estas noticias de “un nuevo gen” y “nuevos fármacos”. La cultura de los genes y los fármacos está servida y aliñada.

No sucede lo mismo con los genes de la cultura. Son los genes específicos de los Homo sapiens (ma non troppo). Nos condenan a desarrollar una conectividad neuronal al amparo de lo que la cultura ofrezca como guía.

Richard Dawkins sugirió el concepto del mem: una unidad cultural transmisible por imitación-instrucción que encuentra en la red neuronal un terreno abonado evolutivamente.

¡Identificado un nuevo mem migrañoso! Se abre una nueva vía de neutralización de circuitos migrañosos…

Ayer me mandó Iñaki, el médico de Atención Primaria responsable de nuestros grupos de migraña, los resultados a tres, seis y doce meses de cinco grupos. La cultura como diana de intervención. Memes

Un 80% de reducción de días de dolor, consumo de fármacos, invalidez laboral, doméstica y social…

Nada de lo que se diga en este blog será noticia. Tampoco podemos inocular nuestra cultura a los ratones y ver… Nada de esto que hacemos es Ciencia.

Genes y Cultura… Ciencia y Cultura…

La Ciencia de la Cultura, la Cultura de la Cultura… la genética de la Cultura… ¿Para cuándo?

Los divulgadores de la Ciencia están a otra cosa. Bosones, enzimas, genes…

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Neurorecelos

La red neuronal es un sistema celular extendido profusamente por el organismo, cuyo oficio es el de extraer información de los datos que recibe, memoriza y procesa, a través de sus diversos sensores, internos y externos. La digestión informativa es un proceso rumiativo, continuo, que incorpora nuevos datos de la interacción del organismo con un entorno siempre cambiante.

Las conexiones de la red están sometidas a un proceso continuo de actualización. Cada punto de contacto debe ganarse el derecho a la subsistencia y cada asamblea de puntos de conexiones debe disputar su razón de ser frente a otras múltiples asambleas neuronales que ofrecen otras alternativas a la interpretación de la realidad.

El proceso continuo de procesamiento de la red es inconsciente y opaco para el individuo. En la pantalla consciente sólo se proyecta el resultado final de cada instante de disputa entre las posibles interpretaciones de la realidad, pasada, presente y futura.

La red neuronal es tan física como cualquier otro sistema celular. Sin embargo, su condición física, material, biológica, está envuelta en un halo misterioso, inmaterial, espiritual, energético, mental… que invita a considerar el contenido de la consciencia como algo que esa supuesta capa inmaterial gestiona sin someterse a las restricciones del mundo físico.

Las neuronas sólo serían testigos mentales de los sucesos físicos del organismo, sujetos pasivos que se limitan a recibir informaciones de cuanto acontece en huesos, músculos, articulaciones, cabeza, abdomen, tronco y extremidades. El dolor surgiría necesariamente de tejidos lesionados, degenerados, sobrecargados o inflamados. Las neuronas detectarían ese dolor y comunicarían a la sede cerebral de la conciencia que hay problemas en el universo físico.

El dolor y cualquier otro contenido consciente, sea perceptivo, cognitivo o emocional es un estricto producto neuronal. Es una decisión surgida del procesamiento de la red cambiante de asambleas neuronales conectadas. Es una decisión evaluada, sopesada, apoyada en experiencias pasadas, en temores futuros… y, por supuesto, también en los datos actuales de los sensores.

El dolor puede reflejar el presente, un suceso actual de amenaza a los tejidos, o un supuesto estado de vulnerabilidad y posible amenaza en un futuro inmediato.

Duele. Salta la alarma. Una de dos: 1) están robando o han entrado a robar conocidos ladrones o 2) se han detectado señales que hacen pensar que se va a producir un robo.

El dolor no tiene más fiabilidad que la que puede tener el sonido de la sirena del sistema de seguridad. Por sí mismo no informa ni garantiza nada. Sólo contiene una probabilidad variable de informar sobre una posible amenaza.

Los que nos dedicamos a explicar estas cuestiones estamos acostumbrados a lidiar con los recelos de los padecientes. La incertidumbre sobre un estado de daño físico que explica bien el dolor funciona como una certeza de que si duele algo habrá allí donde duele. La propuesta del origen evaluativo (potencialmente erróneo) de la decisión cerebral de proyectar dolor a la conciencia desde los sistemas de memoria predictiva siempre que en sus circuitos así esté establecido, suena rara, poco creíble, etérea, filosófica… No tiene fuerza persuasiva suficiente para disolver la convicción de lesión-enfermedad.

- He leído su libro. No me convence.

Hacemos dejación del limitado poder de la autogestión, rechazamos el ámbito del aprendizaje y seguimos solicitando la ayuda terapéutica para neutralizar una condición de supuesta enfermedad.

Nos consideramos incapaces de hacer nada por nosotros mismos. La ayuda del conocimiento es trivial. ¿Sólo la información?

- El coche no anda porque las ruedas no tocan el suelo. Está en una plataforma elevada. Tiene que inhabilitar el gato y dejar que el peso del coche transforme el giro de las ruedas en movimiento útil…

Hay muchas metáforas para explicar el problema. El cerebro es un constructor de metáforas. Hay un debate continuo en los circuitos sobre metáforas. La que gane se lleva el gato al agua.

- YO sólo sé que me duele y que YO sólo no podré solucionar el problema

- ¿Cuál es su metáfora?

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Pedagogía contra los latigazos

 

 

Joan Gallart es un fisioterapeuta que valora la importancia del cerebro, las expectativas y creencias, en la generación y perpetuación del dolor crónico. Desde esa perspectiva utiliza la Pedagogía como herramienta de disolución de diversos cuadros de dolor. El denominado Trastorno asociado a latigazo cervical es uno de ellos.

 

Usted frena cuando ve que el semáforo va a ponerse en rojo. El coche que viene a su espalda considera que tiene tiempo para pasarlo y que usted también acelerará. Entre su frenazo y el acelerón del otro la colisión es inevitable. Su cuello sufrirá un violento bamboleo hacia adelante y hacia atrás, un latigazo. Policía, ambulancias y ciudadanos curiosos. Collarín cervical y traslado a Urgencias. Radiografías.

 

- Tiene un “esguince cervical”. Le ponemos el collarín…

 

La mayor parte de las víctimas del  latigazo acaban quitándose el collarín y reanudan su actividad normal. Un porcentaje variable inicia el infierno del Trastorno asociado a latigazo cervical. Dolor, rigidez, mareos, hormigueos, falta de concentración, cansancio, dolor generalizado…

 

Comienza el baile de las hipótesis: entesopatía miofascial, puntos gatillo, síndrome facetario, contracturas, estrés, depresión, ansiedad, hipocondria, jeta…

 

Terapias: antinflamatorios, relajantes musculares, antidepresivos, antiepilépticos, opiáceos;  masajes, ejercicios, psicoterapia, acupuntura…

 

Para unos el problema está en el cuello del individuo: músculos, unión del músculo al hueso (entesopatía miofascial), articulaciones…

 

Para otros el responsable es el individuo del cuello: somatizador, depresivo, ansioso…

 

Nos queda la tercera vía: el cerebro que gestiona y evalúa el cuello del individuo.

 

Es la vía que toma Joan. Un grupo de 10 padecientes en sus manos y en su palabra:

 

………………………………….

Joan Gallart  http://www.metodomezieresmiro.com

 

Trabajo en el Centre de Rehabilitación del Garraf. El mes pasado, con gran satisfacción por mi parte, habilitaron una nueva Unidad de latigazo cervical.

 

¿Por qué razón se decidió abrir una nueva unidad?

  1. Económico: el convenio general de mutuas sólo paga un paquete de 20 sesiones aunque el paciente necesite más sesiones.
  2. Técnica poco eficiente: había un gran número de pacientes que no mejoraban después de hacer varias decenas de sesiones. El tratamiento protocolizado, de 1 hora de duración, consistía en: electroterapia-termoterapia + una serie de ejercicios standard y una vez a la semana terapia manual.

Objetivos actuales de la nueva Unidad de latigazo cervical, cuando previamente se ha descartado una lesión vertebral inestable (fracturas, luxaciones, etc):

 

Reducir el número desorbitado de sesiones haciendo una fisioterapia efectiva  basada en el movimiento (luchar contra la kinesifobia debido al dolor) para evitar que el latigazo se convierta en un dolor crónico, un estrés post-traumático, etc.

 

Se mantuvo la electroterapia y/o la termoterapia (hay “tratamientos” que no se pueden cambiar) y eliminamos de raíz la terapia manual, sustituyéndola por unas clases grupales de 30´ que consistían en:

 

- Perder el miedo a moverse.

- Tener en cuenta los nuevos conceptos de neurobiología del dolor.

- Eliminar el collarín virtual.

- Reducir la medicación donde sobre todo el myolastán (relajante muscular) y el ibuprofeno campaban a sus anchas.

- Introducir el ejercicio aeróbico debido a que los padecientes habían reducido de forma alarmante su actividad diaria (me hago cruces de la poca importancia que se le da al ejercicio y uno de mis objetivos es conseguir que hagan deporte de forma regular cuando sean dados de alta).

 

No había día que no tuviera que oír: “me duele más”, “tengo vértigo”, “no puedo hacer este ejercicio”, ” por la mañana me levanto con mucho dolor”, “apenas dormí”, etc. Gente preocupada rememorando el accidente, miradas angustiadas, tristeza, lloros, malas vibraciones. Insistí en la importancia del movimiento para controlar el dolor y minimizar el accidente (por ejemplo:” sólo ha sido un golpe”). Desdramatizar el pasado para construir desde un presente un futuro sin dolor ni secuelas.

 

Clase tras clase, gracias al trabajo pedagógico y a los ejercicios, se iban evaporando los miedos, los collarines virtuales se iban suprimiendo a la vez que íbamos recuperando la flexibilidad de las cervicales que eran como un bloque de hielo, los dolores empequeñecieron, los rictus de las caras se canjearon por sonrisas, renacieron proyectos de futuro y el accidente fue quedando en un percance más o menos archivado.

 

Me gustaría dejaros un pequeño estudio sobre 10 personas usando como referencia la escala visual analógica (escala de puntuación para valorar el dolor o EVA) con los siguientes resultados:

 

EVA: de 9  a  4/10

EVA: de 7  a  3/10

EVA: de 7  a  3/10

EVA: de 7  a  3/10

EVA: de 5  a  1/10

EVA: de 9  a  6/10

EVA: de 5  a  3/10

EVA: de 6  a  0/10

EVA: de 6  a  2/10

EVA: de 7  a  4/10

 

Finalmente todos dejaron los fármacos, ganaron mayor libertad de movimientos y redujeron de forma considerable el número de sesiones.

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Divide y perderás. Neurociencia y neuroespecialidades

Las Neurociencias están aportando a quien interese un impresionante caudal de conocimiento. Es tiempo de revisar paradigmas, desaprender y aprender, reconsiderar doctrinas y aplicaciones, etiquetas diagnósticas y terapias.

La red neuronal, su papel en la gestión del organismo, debiera ser competencia de todo profesional implicado en la salud y en la enfermedad. Un conocimiento básico actualizado de sus procesos elementales, fisiológicos y patológicos, debiera figurar en todos los programas educativos. Es una tarea pendiente. Se sigue explicando un modelo anticuado, erróneo, disfuncional, iatrogénico. Instruimos (inconscientemente) a nuestros estudiantes para formar parte del problema.

Evidentemente hay tres colectivos profesionales que debieran estar implicados o incluso protagonizar el cambio de paradigmas: neurólogos, psicólogos y psiquiatras. Todos ellos debieran estar inmersos en una labor de profunda y decidida actualización en neurociencias.

¿Lo están?

En mi opinión, no. Al menos en el tema del dolor.

Los psiquiatras consideran que un padeciente crónico de dolor está deprimido porque tiene dolor y que debe ser el neurólogo o cualquier otro colega “físico” quien debe asumir el compromiso de eliminar el dolor y así la depresión se disolverá. El neurólogo sostendrá que el dolor “físico” viene de la mano de la depresión y que debe atajarse esta primero pues lo físico es sólo apariencia, “somatización”.

Los psicólogos respetan los dictámenes diagnósticos de los colegas “orgánicos” y aceptan responsabilizarse del cuidado psicológico de los padecientes torturados por el dolor, prestando un inestimable servicio pero dejando intacta la conectividad neuronal responsable de la cronificación.

Unos por otros, la casa sin barrer.

¿Y los fisios?

Hay fisios instalados en la creencia del dolor músculoesquelético, en las contracturas, estreses y cargas. Ofrecen sus manos para aliviar el “dolor muscular” y movilizar articulaciones oxidadas y vulnerables. No quieren saber gran cosa del cerebro pues creen que eso es mentar la bicha “psicológica” y ellos no están para enredarse en el oscuro y complejo mundo de la mente. Son prácticos. Colaboran con sus manualidades con los equipos multidisciplinares, con los fármacos de la Unidad del Dolor, las terapias cognitivo-conductuales del psicólogo.

Otros fisios, probablemente minoritarios, son conscientes de que el organismo contiene una tupida red de neuronas que incluye el cerebro y que las neuronas son tan físicas como cualquier otra familia celular. Saben que todo lo que se mueve o está quieto, todo lo que se siente y padece, lo que se piensa, lo que se teme y desea, todo ello pasa por los sistemas de memoria predictiva y evaluativa del cerebro. Han oído hablar de que el dolor es una decisión, un output cerebral y aceptan el reto de actualizarse y adaptar su modus operandi, no sin riesgos, movidos por la pasión por el conocimiento y por una incómoda honestidad.

Lamentablemente estos fisios que buscan la corrección biológica, neuronalizada, son políticamente incorrectos. No hablan de sus teorías y prácticas en la cola de la pescadería ni en la sala de espera de los ambulatorios. De momento no son visibles. Tampoco forman parte de los equipos multidisciplinares. Están ahí, desperdigados, esperando que los padecientes desesperados se pongan en sus manos y en su palabra.

Podríamos hacer a Neurólogos, Psicólogos y Psiquiatras una pregunta fácil:

¿Qué es el dolor?

Por sus respuestas los conoceréis.

 

 

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El cerebro migrañoso

La revista Revue Neurologique, el buque insignia de la Neurología francesa, ha publicado recientemente varios artículos sobre migraña.

Estres y migraña: sostienen que entre un 50-80% de los pacientes consideran al estres como un desencadenante de las crisis. La relación entre estres y migraña es compleja. Se supone que el concepto de estres está referido al individuo. El organismo no se estresa. No tiene vida propia. El mundo inconsciente no existe. Eso parece. Abusos sexuales en la infancia, traumas varios. Ahí se acaba la cuestión.

¿Qué novedades tenemos en el tratamiento?: antagonistas del CGRP (gepant), un nuevo agonista del receptor 5-HT1F (ditan), estimulación magnética transcraneal, nuevos sistemas de liberación del sumatriptan y preparados orales para inhalar dihydroergotamina. Eso es todo.

Correlación entre la migraña y el Foramen oval permeable. No hay correlación causal relevante.

Riesgo vascular en migrañosos. Se sigue describiendo un aumento proporcional del riesgo de alteraciones vasculares en la migraña, sobre una incidencia baja. Especialmente detectable en migraña con aura, hábito tabáquico y consumo de anticonceptivos. Los datos sobre aumento de la mortalidad vascular en la migraña son controvertidos. Los infartos migrañosos son muy raros. No hay pistas claras sobre los mecanismos responsables. La prevención sería la misma que para los pacientes no migrañosos. Las mujeres que padecen migraña con aura no deben fumar ni tomar anticonceptivos.

Migraña crónica: un 2% de la población padece al menos 15 días al mes de dolor de cabeza, de los cuales al menos ocho son de características migrañosas, desde tambien al menos tres meses. Así se precisa en la Clasificación Internacional de Cefaleas. Quien cumpla con esos criterios podrá decir que su migraña es crónica. ¿Causas de la cronificación? Abuso de analgésicos. ¿Tratamiento? Estilo de vida, educación, identificación-evitación de desencadenantes, terapia cognitivoconductual y “fármacos”.

Excitabilidad cortical. La respuesta de la corteza cerebral a estímulos sensoriales es distinta en los pacientes migrañosos. Hay poca habituación entre las crisis pero esa respuesta se “normaliza” poco antes del comienzo y durante el desarrollo de la tormenta migrañosa. Se consolida la tesis de la onda de depresión cortical propagada como estado iniciador. ¿Qué genera esa excitabilidad? No se sabe.

Migraña e hipotálamo. La migraña es una enfermedad cerebral compleja. Hay un “generador de migrañas” en los sótanos del cerebro. Se sospecha que el hipotálamo está compinchado ya que hay ruido hormonal y vegetativo, alteraciones del sueño, apetito… Se ha identificado una molécula sospechosa pero no está claro si es causa o consecuencia. El cerco al “generador de migrañas” y al hipotálamo sigue.

Migraña y neuroimagen. La Resonancia magnética funcional está revolucionando la doctrina migrañosa. Es evidente que el cerebro está implicado en la migraña. Hay un “cerebro migrañoso”. Nada de inflamaciones meníngeas estériles ni arterias dilatadas. El mal está anidado en el cerebro, en sus circuitos.

Eso es todo.

Se están produciendo avances dramáticos en el conocimiento de la migraña… No sabemos bien qué sucede pero tenemos claro que hay que investigar el cerebro, sus circuitos y moléculas. Una condición genética no identificada hace que las respuestas cerebrales a lo trivial sean excesivas, paroxísticas, casiepilépticas, desmedidas, sensibles… Sabemos que los migrañosos tienen un “generador de migrañas”. Está localizado. Allí se prende la mecha. Bueno, quizás también en el hipotálamo.

Disponemos de nuevos fármacos, gepantes y diptanes, y formas novedosas de liberación de los viejos remedios (triptanes y ergotamínicos). Podemos modular la actividad cortical aplicando campos magnéticos… El futuro está ahí. Paciencia.

¿Qué dicen de lo nuestro? Aprendizaje, enculturación, error en la toma de decisión, Pedagogía…

Nada.

Al menos se dice que el cerebro tiene algo que ver. Un cerebro enfermo, claro.

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La enfermedad del diagnóstico

Alguien dijo alguna vez que la enfermedad más común es el diagnóstico. Dijo bien.

Hay enfermedades esquivas que no dan la cara. Generan sufrimiento, invalidan… pero hacen su trabajo sin dejar rastro en análisis, radiografías ni biopsias.

Los expertos se reúnen en torno a un grupo de síntomas y alumbran el diagnóstico tras arduas reuniones en busca de consenso.

- ¡Ya lo tenemos! FibromialgiaMigrañaSíndrome de fatiga crónica

Los padecientes agradecen el diagnóstico.

- Por fin un médico me ha encontrado la enfermedad. Tengo un diagnóstico. Es lo menos que se puede pedir.

Las enfermedades con diagnóstico y sin sustancia objetiva de enfermedad, hacen padecer. Puede que incluso más que las enfermedades con sustancia. Parte del padecimiento proviene de la falta de diagnóstico. Años de peregrinaje por las consultas en busca de la etiqueta.

El diagnóstico llega muchas veces tarde. Eso complica las cosas. Es fundamental hacer el diagnóstico precoz. Así cortamos el mal de raíz, cuando la enfermedad está aún tierna, maleable.

Los profesionales de las enfermedades-diagnóstico hacen campañas de divulgación para destapar el mal ya en la infancia, para cogerlo “a tiempo”.

Piensan los ciudadanos que el diagnóstico trae un tratamiento debajo del brazo y que todos los males al menos pueden contenerse aunque no tengan curación… pero sólo si se cogen (diagnostican) precozmente.

- Conociendo el diagnóstico me pondrán un tratamiento.

Los expertos en enfermedades diagnóstico sostienen que no tienen cura. Así de claro. Si alguien dice que se ha curado, miente o estaba mal diagnosticado.

El que no tengan cura no quiere decir que no tengan tratamiento. Lo tienen: multidisciplinar, aunque algo indisciplinado. Es necesario conjugar esfuerzos de diversos especialistas pero resulta complicada la conjugación pues son enfermedades que casi nadie quiere.

A las enfermedades-diagnóstico con tratamiento multidisciplinar les salen muchas ofertas de origen: genes, alimentos, estreses… Hay mucha investigación, muchas moléculas presuntamente implicadas, muchas vías abiertas a futuros fármacos. Abundan las correlaciones disfrazadas de causalidad.

Las enfermedades-diagnóstico generan mucha actividad económica, mucho gasto para unos y mucho beneficio para otros. Los expertos presentan las cifras de “la repercusión” para dar pie a exigir más gastos “en investigación”, en “concienciación” social y profesional.

El diagnóstico de las enfermedades-diagnóstico, dicen los expertos, no es fácil. Sólo los expertos son fiables. Se exigen habilidades exclusivas, obtenidas tras largos años de estudio y experiencia.

Realmente el diagnóstico de las enfermedades-diagnóstico está tirado. Se hacen pruebas de enfermedad para comprobar que no la hay. Una vez que se tiene el test negativo de enfermedad necesitamos el positivo del diagnóstico. Se hacen tres o cuatro preguntas y si da positivo en dos o tres ya tenemos el diagnóstico confirmado.

Esta tarde tenemos un encuentro en la Biblioteca Ecologista GAIA en torno a un vídeo aterrador: Psiquiatría, la industria de la muerte. Hay gran parte de verdad en la denuncia de la terrible historia de la Psiquiatría pero lo mismo sería aplicable a cualquier área del conocimiento humano. Somos una especie manifiestamente mejorable y no es posible presentar un currículum limpio de polvo y paja desde ningún área del pensamiento. La angustia del dolor físico y mental presiona para exigir el diagnóstico y la solución y siempre habrá quienes sostengan que ya los tienen y actúen amparados en el contexto de la época de modos que ponen los pelos como escarpias…

La enfermedad del diagnóstico está haciendo estragos. No parece tener fin. está sometida a una dinámica circular que la realimenta y engorda.

- ¡Necesitamos un diagnóstico! ¡Información! ¡Reconocimiento de enfermedad!

La enfermedad del diagnóstico se cura con la certificación y aceptación del certificado de salud. Ya sé que la OMS define la salud como «un estado de completo bienestar físico, mental y social”, y no solamente como la “ausencia de afecciones o enfermedades”. Desde esta perspectiva los enfermos con diagnóstico sin enfermedad no están sanos pero tampoco están enfermos pues no hay enfermedad. Sólo padecimiento y diagnóstico. Etiqueta.

Hay síntomas para los que los médicos no encuentran explicación: Medically Unexplained Symptoms (MUS).

Frente a estos padecimientos sin explicación caben dos posiciones:

1) Es una enfermedad. Lo dice la OMS. Hay que investigar más para encontrar los marcadores biológicos que la hagan visible y los tratamientos que la controlen.

2) No es una enfermedad. Dejen en paz al organismo y ayúdenle a gestionar la salud desde la convicción de salud. Combatan el miedo, la incertidumbre (o certeza) de enfermedad.

Ya conocen la opinión de este blog.

Usted mismo.

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El peso de la cultura

Dicen que el ser bípedos nos ha permitido sobrevivir pero pagando la factura del castigo de la columna. Cargar el estrés mecánico sobre el tren inferior (columna lumbar, caderas, rodillas y pies) nos ha permitido dejar libres las manos y otear el horizonte, caminar por tierras pantanosas acarreando a nuestras criaturas… pero al cabo de tanta penuria mecánica huesos y articulaciones siguen expresando su queja con el dolor, aun cuando llevemos ya unos millones de años de condición bípeda. La evolución tiene sus chapuzas. No hay diseño inteligente.

Curiosamente no parece que la estrategia haya beneficiado a las articulaciones superiores. La columna cervical, los hombros, los codos y las manos, también protestan a pesar de que han sido liberadas de soportar el peso del cuerpo.

La opinion más extendida entre los ciudadanos doloridos y rígidos y los profesionales que los evalúan y cuidan es que el esqueleto está degenerado y los músculos flojean. Los huesos se rozan porque la superficie articular, antaño pulida, lustrosa y lubricada, ahora es rugosa y está reseca y se pinzan nervios vecinos.

- No me extraña que le duela. Tiene usted la columna hecha un asco. Ejercicio suave, nada de pesos… vamos a corregir posturas, fortalecer músculos, masajes… Tiene que adaptar sus hábitos y proyectos a la condición de su esqueleto… si no quiere acabar en una silla de ruedas. Le conviene natación.

Homo sapiens (ma non troppo) es una especie creyente. Todas lo son. Una creencia es un estado estable de conectividad neuronal que se activa en determinado tiempo-espacio y circunstancia. No podemos esperar a tomar la medida a las cosas para responder. Intentamos anticiparnos y responder a lo que creemos, aun cuando no dispongamos de evidencias absolutas.

Homo sapiens (m.n.t.) cree a pies juntillas que si duele la columna es porque algo no funciona en la columna. Los médicos también lo creen… si las radiografías lo confirman. Si la columna es radiográficamente normal pero duele, aparecen las dudas y los recelos. Tanto pacientes como profesionales prefieren que si duele, haya algo visible en las pruebas que lo explique.

Las certezas son bienvenidas, validan el dolor, lo dignifican ante uno mismo y la sociedad pero hipotecan el futuro, haciendo que parezca que lo que uno cree parece ser cierto a medida que van pasando los años.

Dicen ahora algunos que el dolor es cosa del cerebro y no de los tejidos. Que las creencias mandan cuando no lo hacen los hechos y que debemos cuidarlas para que no nos amarguen la existencia y nos conviertan la vida en un infierno.

Si duele, dicen, es porque el cerebro valora amenaza.  A veces acierta y otras se equivoca. El cerebro es el órgano de la toma de decisiones y no está tocado por el don de la infalibilidad. Más bien lo contrario: puede cagarla (con perdón). Puede creer en una columna deplorable y culparla de todos los males. Sobre todo puede creer que el dolor no tiene nada que ver con sus decisiones y que si duele no es porque sus circuitos han construido creencias erróneas sino porque los tejidos rezuman sufrimiento.

Un estudio con aborígenes australianos ha intentado ver si sus dolores de columna están influidos por el contacto con “el hombre blanco” y sus credos músculoesqueléticos:

- Hábleme de su dolor. ¿A qué lo achaca? ¿Cómo ve su futuro?

- Me duele. Tengo la columna hecha un asco. Me han encontrado varias hernias. Mucha artrosis… El futuro lo veo negro.

Otros sufrían menos y eran optimistas.

Los investigadores han analizado las conversaciones y piensan que hay correlaciones entre lo que piensan y sufren los aborígenes y lo que los profesionales sanitarios “occidentales” les han dicho. Los optimistas lo eran por reflexiones propias, salvo en un caso, que tuvo la fortuna de encontrarse con un profesional optimista, progre. Los pesimistas habían topado con profesionales agoreros, catastrofistas.

En definitiva vieron que la cultura habitual de la columna crea consecuencias de lo que cree.

- El dolor es cosa del cerebro. El cerebro humano está enculturizado. ¿Qué le han contado? ¿A quién cree?

Es necesaria la Pedagogía, otra Pedagogía.

Justo la contraria.

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Convocatoria de curso intensivo de migraña (11 de Mayo)

La pedagogía en Neurobiología del dolor está emergiendo como una herramienta útil de afrontamiento en el dolor crónico o recurrente. Hay trabajos que ofrecen resultados esperanzadores en dolor lumbar crónico y fibromialgia.

Que yo sepa no hay ningún trabajo publicado sobre Pedagogía en migraña. Disponemos de datos preliminares con 7/10 grupos del Centro de Atención Primaria de San Martín: se obtiene una mejoría considerable en frecuencia, intensidad y repercusión de la actividad así como una reducción del consumo de calmantes superior al 80%. Cuando concluyamos el estudio, con resultados a tres, seis y doce meses, los publicaremos.

Desde nuestro grupo queremos abrir la oferta a pacientes residentes fuera de Vitoria y con ese fin organizamos cursos intensivos de ocho horas, en un sábado. Este es el segundo grupo. Se celebrará el 11 de Mayo en el Centro de Fisioterapia Asier Merino. Los interesados podéis contactar con el Centro. El grupo estará constituido por un máximo de 11 pacientes.

Hay veces que la migraña se resiste al control con el calmante o a los tratamientos preventivos. Es frecuente el recurso a las terapias alternativas, con resultados variables. Tras el peregrinaje en busca de remedios queda un volumen considerable de padecientes que piensan que deben aceptar su condición y sobrellevarla con dignidad. Al menos eso se les sugiere desde la doctrina del origen genético.

La Pedagogía no es una terapia alternativa sino una alternativa a las terapias. Un cerebro migrañoso es un cerebro sano que gestiona la seguridad física de una cabeza sana no amenazada pero lo hace desde una posición alarmista, hipersensible. Este modo hipersensible de proteger la integridad física de la cabeza genera el encendido de los programas defensivos correspondientes (dolor, vómitos, intolerancia sensorial) de modo inconsciente. El padeciente es el receptor de dichos programas y debe soportar la residencia en un organismo sometido a la situación de alerta extrema con todo el sufrimiento que ello conlleva.

El cerebro es un órgano dedicado a tomar decisiones. Todo cuanto sentimos, pensamos y hacemos es producto de las decisiones cerebrales. El YO consciente, la persona, forma parte de esas decisiones. Es la punta del iceberg de los procesos del organismo, la que asoma a la superficie y la que nos permite esa pequeña cuota de libertad y voluntad en el proceso de buscar explicaciones y soluciones al problema.

Las terapias parten de la base de que hay algo que el individuo tiene o hace y no debiera tener o hacer o bien lo contrario: algo que no tiene o hace y debiera tener o hacer.  Genes, alimentos, serotoninas, energías, estreses, variables ambientales, intolerancias, cambios internos… La oferta terapéutica indica lo que debe evitarse y lo que debe aportarse externamente. Consejos, hábitos saludables, relajaciones, ejercicio, dietas, fármacos…

No hay terapia sin pedagogía. Si prescribimos fármacos y estos resultan eficaces, sin necesidad de expresarlo damos por sentado que existe una variable interna no deseada (arterias dilatadas e inflamadas, por ejemplo) que debe corregirse y que el fármaco lo ha hecho exitosamente. Si un cambio dietético consigue evitar las crisis concluimos que el alimento evitado era el responsable. Si el chocolate genera una crisis pensamos que su composición incluye alguna sustancia que, por mecanismos desconocidos, dispara la tormenta migrañosa.

Las doctrinas al uso de la migraña organizan una correlación entre estímulos y respuestas sin entrar en detalle en el proceso que los vincula. No se implica al cerebro como órgano responsable. En todo caso si se le cita es para asignarle una condición enfermiza, genética.

En los cursos entramos de lleno en los procesos responsables de la activación de las crisis. Explicamos las claves elementales de las decisiones cerebrales. Hablamos de aprendizaje, de sistemas de defensa. Intentamos ayudar al padeciente a entender lo que sucede. El YO consciente forma parte del organismo. Tiene voz y voto en las decisiones que emanan del cerebro. Esa voz y ese voto pueden y deben contribuir a devolver la sensatez a un sistema que activa las alarmas sin justificación.

Comprender el dolor desde la Neurobiología permite modificar sustancialmente las decisiones cerebrales.

El dolor, en ausencia de una amenaza de daño físico inmediato (o ya consumado), es una opinion-decision cerebral errónea. El miedo irracional se neutraliza con argumentos racionales y con la tolerancia a lo que no contiene peligro físico, no obedeciendo a todos los rituales de evitación que el sistema de recompensa exige con apremio.

No disponemos aun de experiencia con grupos intensivos. Estamos comenzando. Sabemos que la Pedagogía en grupo da resultados excelentes en el marco de un Centro de Atención Primaria en clases semanales y pensamos que la fórmula de las clases comprimidas en el ámbito de la práctica privada también será eficaz en muchos casos.

Animo a los padecientes a concederse la oportunidad de conocer la trama neuronal de la migraña y compartir sus vivencias con otros casos similares.

En esta cuestión no manda el conocimiento ajeno sino el propio. Es el cerebro de uno el que trabaja. Lo que conozca, crea y tema resultará decisivo.

El saber ocupa lugar, un lugar preferente en las áreas cerebrales que gestionan el dolor.

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