Mejor no preguntarse

 

Dicen que “lo mejor es enemigo de lo bueno”. En ocasiones así es. En otras, justo lo contrario. Hay refranes para justificarlo todo.

Es bueno construirse preguntas y hacerlas pero no siempre hay respuestas disponibles.

El dolor es una percepción que nos exige una explicación, una causa.

Rumiamos hipótesis que oscilan entre lo nimio y lo terrible y manejamos una serie de respuestas provistas por la cultura popular y por el escurridizo y potencialmente engañoso sentido común.

– Tengo migraña. Me viene de familia.

– Es una enfermedad genética.

El experto ratifica la hipótesis. Uno lleva la migraña en la sangre. No hay nada que hacer salvo buscar terapias de alivio.

– No conozco a ningún familiar con migraña. ¿Por qué la tengo yo?

– Le ha tocado. Es usted la primera. Puede que sus hijos sean también migrañosos.

En este blog defendemos la tesis de que la genética no es nada si no se expresa y que lo que en cada uno se expresa depende de muchos factores que interactúan de modo complejo, de modo que no siempre disponemos de respuestas.

– La migraña se aprende. No sólo hay genes. Está la cultura, la imitación, la instrucción de expertos…

– Yo nunca había oido hablar de migraña hasta que empecé a padecerlas.

La migraña emerge de una compleja interacción de factores genéticos y aprendidos. El aprendizaje de las cosas del organismo es básicamente inconsciente e involuntario. No podemos conocer los pasos de ese aprendizaje natural.

La explicación cultural no siempre se acepta por quienes no disponen de antecedentes familiares.

Paradójicamente la aceptan mejor quienes sí han tenido familiares migrañosos.

– Claro. Yo veía a mi madre sufrir las crisis y aprendí a tenerlas. Siempre me habían dicho que eran los genes y me lo he creido.

Si la explicación no satisface, la pregunta queda en el aire ofreciendo resistencia a aceptar lo que se explica y buscando otro tipo de respuestas y soluciones.

– No me convence.

No es bueno rumiar circularmente la objección. Mejor sería librarse de ella y centrarse en el objetivo desde el marco de la explicación cultural.

Muchas veces las respuestas no convencen porque no se ajustan a nuestros temores o deseos o, simplemente, porque esas respuestas son novedosas, ajenas a nuestro bagaje de conocimiento, repudiadas socialmente.

– Me han dicho que la migraña se aprende. ¿Qué me dices?

– ¡Qué cosas! ¿Por qué no pruebas con la acupuntura?

El cerebro aborrece la incertidumbre y prefiere a veces quedarse con una explicación conocida y no andar por caminos desconocidos. La acupuntura, los meridianos energéticos, es una propuesta aceptable: te pinchan en unos puntos y te reorganizan el flujo de la energía vital. Lo de la cultura no es una propuesta creíble.

– Me despierto muchas veces con dolor, luego no soy yo la que construye el dolor con el pensamiento.

Es otra objección frecuente. No siempre la respuesta convence.

– El cerebro necesita apagar la conciencia para procesar la información pendiente. Necesita librarse de usted para ordenar ideas. Mientras usted está dormido el cerebro piensa, preferentemente sobre contenidos potencialmente peligrosos. De esos contenidos puede surgir en cualquier momento el dolor. El cerebro le despierta con el recado del dolor preparado.

No siempre la explicación satisface.

En los cursos intentamos aportar información para cerrar las preguntas con respuestas aceptables y asumibles. A veces quedan objecciones sin rematar. Mejor sería librarse de ellas. Es mejor renunciar a disponer de una respuesta convincente que aceptar en el futuro cualquier otra disfrazada de veracidad.

– No has dormido bien y por eso te duele.

O…

– Son las cervicales.

– Es la articulación de la mandíbula.

Lo mejor es, a veces, enemigo de lo bueno.

Mejor, a veces, dejar de hacerse preguntas y tirar para adelante con lo puesto.

Publicado en Medicina, Uncategorized | Etiquetado | 2 comentarios

Inteligencia emocional y dolor

Aun cuando resulte complicado definir la inteligencia todos tenemos claro que nuestras decisiones pueden ser más o menos inteligentes una vez que comprobamos el resultado.

El dolor es una respuesta del organismo, proyectada al misterioso salpicadero de la conciencia como resultado de un proceso evaluativo más o menos inteligente.

Un dolor inteligente es aquél que informa de un daño consumado o inminente.

Un dolor no inteligente sería el que aparece en la conciencia sin que nada amenace en ese momento la integridad física de la zona sobre la que se proyecta. La responsabilidad recaería sobre el proceso evaluativo de amenaza que lo genera.

Sostienen los neurólogos que las crisis de migraña surgen de un “eje trigéminovascular” hipersensible, casi epiléptico, tocado por una condición genética de hiperexcitabilidad. El dolor surgiría de las terminales del nervio anómalo. Un borbotón enloquecido y sostenido (espontáneo o desencadenado por el queso o el chocolate) de chispazos de dolor llegaría al cerebro, sede de las inteligencias (emocionales y racionales).

El tornado de señales sobrepasaría la capacidad emocional y racional de las áreas evaluativas. El dolor trigeminal impondría su ley.

El cerebro no sería sino un receptor pasivo e impotente. Recibiría falsa información de daño y no tendría ninguna capacidad de ignorar esa información. No sólo eso: se dejaría embaucar, amedrentar por los mensajes aunque fueran falsos y amplificaría esas señales dolorosas como si se tragara el bulo.

– ¡Soy idiota! ¡Soy idiota!

Una de las alumnas del último curso captó perfectamente la estupidez implícita de las respuestas emocionales del dolor migrañoso y tras la confesión (tal como relaté en la entrada anterior) pasó a la acción inteligente correctora: se deshizo de los fármacos, se tomó unos gin-tonics y se apuntó a danza del vientre.

“Pongo a Dios por testigo que nunca volveré… a tener migrañas”

La falta de inteligencia emocional de la migraña, el miedo desbordado al daño (organismo) y al dolor (individuo padeciente) nace de un aprendizaje sensibilizador que construye una conectividad neuronal de alerta a todo, incapaz de catalogar como inofensivo e irrelevante lo que, realmente, lo es.

El miedo implícito en la migraña se facilita y alimenta con explicaciones que señalan la condición como genética, misteriosa e irreversible.

No hay lugar para el aprendizaje y la racionalidad biológica en las teorías y prácticas oficiales. Sólo explicaciones y consejos que promueven la tiranía del miedo no inteligente al daño.

– ¿Cómo quito el miedo de mis neuronas?

Con inteligencia racional.

– ¿Y lo emocional?

Al miedo ni agua.

Gin-tonic y danza del vientre.

 

Publicado en Medicina, Uncategorized | Etiquetado | 3 comentarios

Revisión

El curso intensivo de Pedagogía del dolor para pacientes de migraña consta de dos sesiones: una de exposición de conceptos (8 horas de un sábado) y otra de revisión (4 horas) a los dos meses, en la que los alumnos cuentan sus impresiones y resultados y se repasan los conceptos básicos.

La mayoría obtiene beneficio del curso: menos días de dolor, menos intensidad, menos fármacos, recuperación de actividad perdida y convicción de disponer de un marco de comprensión de lo que está sucediendo que les permite afrontar los estados de alerta con cierta capacidad de maniobra.

Las estrategias varían. En unos casos plantan cara al despropósito defensivo del cerebro de modo radical, sin contemplaciones, a pecho descubierto:

– Llegué del curso a casa; tiré todos los fármacos y salí a tomarme varios gin-tonics. Me apunté también a danza del vientre. Me va bien.

La recuperación de la golfería inocente es general. Desde el marco teórico del curso se pierde el miedo irracional a los “desencadenantes” y los alumnos se ponen a prueba con un lingotazo o una chocolatina.

Hay también fracasos:

-Decidí no tomar el triptan pero al final tuve que tomarlo. Curiosamente, el dolor se esfumó al instante. Probablemente la pastilla andaba todavía por el esófago.

El testimonio sirve para repasar la dinámica del sistema de recompensa: promueve conductas, acciones. Si esas conductas son exigidas y no se ejecutan el circuito motivacional se agita dando lugar a una intensificación del dolor que puede disiparse rápidamente al ejecutar la acción solicitada (tragar la pastilla) antes de que la molécula del triptan llegue a su diana.

Durante dos o tres horas se suceden los relatos, las anécdotas, las reflexiones, ratificaciones u objecciones.

Lamentablemente algunos alumnos abandonan el curso y no acuden a revisión, sin causa justificada.

-Sigo igual y no voy. No me funciona.

El curso no es una terapia que a unos funciona y a otros no. No es el objetivo.

– No pretendemos eliminar o aliviar las crisis. El objetivo es dotar de un marco de conocimiento que permita un afrontamiento racional, adaptado a lo que realmente está pasando.

Lo que debe funcionar es el desmantelamiento de falsas creencias y temores infundados, la incertidumbre sobre lo que sucede.

El miedo del organismo debe disolverse desde la ilustración en la neurofisiología defensiva del cerebro humano.

Cada alumno aplica una “técnica” individual. No hay un camino, una pauta, una conducta. Todo se resume en centrar la atención en la actividad y no alimentar el miedo del organismo al daño con el miedo al dolor.

Durante las horas del reencuentro los alumnos sienten la pertenencia a un grupo que comprende y apoya.

Alguien propone crear una asociación de “ex-pacientes”

La migraña no se cura, dicen.

Realmente no hay nada que curar. Ese verbo es para las enfermedades, en sentido clásico.

La migraña no es una infección, una carencia vitamínica u hormonal, una intoxicación o un disturbio metabólico.

La migraña es un estado predictivo recurrente erróneo construido a lo largo del aprendizaje al calor de una cultura experta sensibilizadora.

No hay que curar nada. La tarea es otra:

Desmigrañarse, espabilar.

Hacer un tranquilo y convencido corte de mangas a la cultura medicalizante.

Para algunos no hay nada como un gintonic “prohibido”.

Publicado en Medicina | Etiquetado | Deja un comentario

Amagos

 

Hay veces que el dolor aparece, sin mucha intensidad. Puede que sea el inicio de una crisis pero también puede que oscile un rato, titubee y, finalmente se vaya.

– A veces tengo amagos.

Los padecientes no saben qué hacer ante el amago.

Los neurólogos les han recomendado que tomen el calmante precozmente pues de otro modo la crisis se consolida y en ese estado el calmante ya no hace nada.

Los padecientes no lo tienen tan claro: no siempre el amago deriva hacia la crisis y no quieren abusar de los calmantes. Nosotros tampoco sabemos qué aconsejarles.

En el curso no damos indicaciones concretas sobre el uso de calmantes en los amagos. Dejamos que el padeciente se deje llevar por los nuevos conocimientos y trate de aplicarlos.

En la revisión cuentan todo tipo de experiencias:

– Me empezó a doler y decidí no tomar el calmante, pensando que nada sucedía en la cabeza y tratando de concentrarme en mi actividad pero el dolor fué aumentando hasta hacerse insoportable y, finalmente, tuve que tomar el calmante.

O bien…

– Tuve un amago. No tomé el calmante y el dolor fue subiendo hasta hacerse insoportable pero al cabo de un rato desapareció por sí mismo.

O…

– Vino el dolor. No hice caso, me concentré en mi actividad y al poco rato se fue.

El amago indica que el estado de alerta se ha activado. El cerebro imaginativo, alimentado por creencias y expectativas previas recibe informes sensoriales de la cabeza. En condiciones normales la realidad debiera ganar:

Nada sucede. No hay daño. No hay señales de peligro. Lo imaginado no se ratifica. Fin de estado de alerta.

No siempre la información sensorial consigue apagar el estado emocional del miedo. El organismo teme el daño posible y el padeciente el dolor que ese miedo irracional genera.

Las terminales sensoriales del trigémino sensibilizadas por el estado de alerta generan falsa señal de peligro. Cualquier estímulo intensifica el dolor de base alimentando la estructura en espiral creciente.

El objetivo es neutralizar los dos miedos: al daño y al dolor.

¿Cómo comunicar nuestra certeza de que nada sucede ni va a suceder?

¿Cómo estar seguros de que esa certeza va a apagar el miedo de los circuitos defensivos?

No hay modo de predecir lo que va a suceder.

En el último curso, uno de los alumnos confesó que bastaba probar un poco de vino para activar una crisis. En la comida decidió exponerse y bebió una copa. Al reanudar la clase, tuvo un amago. Apareció el dolor. Se dió por enterado (“no, gracias”), se centró en lo que en ese momento se explicaba y el dolor se fue.

Sólo podemos interiorizar nuestra convicción y desviar la atención hacia la tarea en curso.

Los amagos son frecuentes. Todos los tenemos. Los estados inconscientes de valoración de amenaza fluctúan y en ocasiones proyectan el amago perceptivo del dolor o de otro sentimiento somático.

También fluctúan los estados atencionales. No hace falta que haya una condición “desencadenante”.

El objetivo frente al amago es el de rebajar la atención hacia los requerimientos del organismo y para ello hay que desactivar la valoración de amenaza.

Hay que sonrojar al cerebro defensivo.

Publicado en Medicina, Uncategorized | Etiquetado | 6 comentarios

Nuevo curso intensivo de migraña para pacientes

 

Convocamos para el 27 de Febrero un nuevo curso intensivo de migraña para pacientes. Los interesados pueden contactar con“infoescueladeldolor@gmail.com” o llamar al teléfono 696541479.

Estos días hemos asistido a la promoción de un nuevo tratamiento para la migraña, “un misil de precisión” que va a la raíz del problema: el nervio trigémino misteriosamente sensibilizado y emisor de “señales de dolor”, es decir, CGRP, el neuropéptido culpable. Una supuesta genética genera un nervio trigémino “hipersensible” que dispara CGRP ante cualquier estímulo inofensivo e irrelevante.

Para neutralizar el maldito neuropéptido utilizan anticuerpos sensibilizados frente a él. Se inyectan periódicamente y neutralizan el CGRP circulante que ha liberado el trigémino sensible.

Realmente hay variaciones genéticas que expresan nervios hipersensibles. Son muy raras pero existen. Unas pocas familias padecen crisis de migraña (“migraña hemipléjica familiar”) o paroxismos de dolor en los pies o zona rectal porque los nervios tienen una excitabilidad patológica, hipersensible.

No es el caso de la migraña común, con o sin aura. No hay ninguna condición de hipersensibilidad trigeminal explicable por una variación genética.

En la migraña la hipersensibilidad es central, evaluativa. El cerebro migrañoso activa con facilidad estados de alerta frente a una amenaza inexistente en la cabeza. La genética siempre influye expresando condiciones de probabilidad de un cerebro más alerta, por ejemplo. Sin embargo la condición genética expresada interactúa de modo complejo y significativo con el entorno a lo largo de toda la vida.

El entorno no acaba con los famosos y cuestionables “desencadenantes”, internos y externos. Está también la cultura, la imitación de modelos, la instrucción experta, el efecto nocebo y placebo.

La biología es aprendizaje, adaptación, error potencial.

La condición migrañosa es sensible al aprendizaje y el trigémino, como cualquier otro nervio, adoptará estados de sensibilización cuando los procesadores centrales evaluativos, predictivos, imaginativos, así lo indiquen.

Poner la diana en el CGRP trigeminal con armas carísimas y nada fisiológicas no tiene sentido. Puede que calme alguna crisis pero, con toda seguridad, establecerá una dinámica de dependencia como sucede con todas las terapias.

Si queremos comprender y afrontar la migraña desde la racionalidad es necesario disponer del conocimiento básico de la biología del sistema de defensa neuroinmune. Desde ese conocimiento podrá el padeciente modificar los estados de alerta que disparan todas las sensibilidades (miedos) de la red neuronal. La liberación de CGRP es un efecto, no una causa.

El padeciente puede optar por aplicarse todas las terapias del mercado con la esperanza que alguna funciones. Es comprensible.

También puede optar por conocer mejor su organismo.

Es la opción del curso.

Publicado en Medicina, Uncategorized | Etiquetado | 6 comentarios

Migraña y autoneuroinmunidad

 

La migraña es una de las múltiples expresiones de un organismo que por exceso de celo en proteger su integridad acaba viendo peligro en todo tipo de escenarios inofensivos.

El residente en ese organismo paga las consecuencias de los excesos de vigilancia. Estará forzado a refugiarse en el cuarto oscuro, eliminar lo comido por sospechoso y ejecutar el ritual de la terapia que ese organismo exige.

La migraña es una enfermedad autoneuroinmune. El organismo está defendido por un sistema de defensa neuroinmune que opta por la dinámica biológica del “error menos costoso”: todo puede contener una amenaza: más vale prevenir -evitando y penalizando un amplio conjunto de “desencadenantes”- que exponerse a sufrir las consecuencias de no hacerlo. Es más seguro el miedo exacerbado, irracional. Además los expertos promueven ese miedo con sus explicaciones y consejos.

– Su organismo no es normal. Los genes de la migraña hacen que lo que para los “normales” sea irrelevante, para su cerebro resulte peligroso. No puede hacer nada salvo aceptar esa condición. Tiene que cuidarse, llevar una vida ordenada…

El organismo migrañoso despliega sus miedos y ejecuta sus acciones defensivas a través de mensajeros químicos que activan el dolor, las náuseas y la intolerancia sensorial. Uno de esos mensajeros es el CGRP (calcitonin-gene-related-peptide), un neuropéptido que ejecuta órdenes que vienen “de arriba”, volviendo más sensibles las terminaciones del trigémino.

Los músculos pueden resultar también molestos, con sus nudos y sus contracturas. Estaría bien calmar su tendencia contráctil. Antes se intentó con los “relajantes musculares” hasta que se dio con algo más drástico: el botox: un veneno que bloquea en el lugar inyectado la liberación de acetilcolina, el mensajero necesario que ejecuta la orden de contraer músculos. Puede que, además el veneno viaje aguas arriba por el nervio y bloquee también algún mensajero de las oficinas centrales.

El desorden migrañoso proviene de esa “orden de arriba”, absurda, improductiva y mortificadora.

El CGRP  y la acetilcolina son dos don nadies moleculares, simples mensajeros.

Para combatir el despropósito migrañoso caben dos estrategias:

1) modificar la orden

2) matar al mensajero

Tradicionalmente se ha considerado que el organismo migrañoso obedece los designios de algo externo: antes eran los dioses y ahora son los genes. El padeciente es una marioneta movida por hilos divinos o por el ADN. La cultura se limitaría a aliviar las consecuencias de esos despropósitos de dioses y genes. No podemos ni debemos entrar a cambiar el gobierno del organismo. Nuestra voluntad no cuenta. No somos nada. Sólo sabemos que no sabemos nada. Aceptación y dignidad en la conducta de acatar lo que toca.

La opción 1 no está, por tanto, a nuestro alcance. Quizás con fármacos, dietas y sosiego, con el autosacrificio cotidiano, podamos mantener cierta calma en la bestia “de arriba”: antidepresivos, antiepilépticos, ansiolíticos, beta bloqueantes…

No nos queda mas que el consuelo de la opción 2: matar mensajeros.

Con el botox impedimos la liberación de acetilcolina (el mensajero del músculo) y probablemente la de otros mensajeros de las oficinas centrales.

¿Cómo libramos al padeciente de los problemas del CGRP, el mensajero del trigémino?

Exteriorizamos el sistema inmune y conseguimos fabricar anticuerpos específicos contra el CGRP. Los inyectamos periódicamente y así el mensajero migrañoso no puede cumplir con su tarea de sensibilizar los “receptores del dolor” del trigémino.

El sistema neuroinmune propio en ocasiones bloquea patológicamente la liberación de acetilcolina o la del receptor necesario para que el músculo se contraiga. Lo hace fabricando anticuerpos selectivos que neutralizan las moléculas necesarias para que el mensajero acetilcolina se libere y actúe. Es una decisión neuroinmune absurda, patológica y peligrosa, potencialmente letal.  Los expertos intentan en estos casos (Síndrome de Eaton-Lambert y Miastenia gravis) neutralizar la fabricación de esos anticuerpos absurdos contra el propio organismo, utilizando todo tipo de estrategias inmunosupresoras o lavados de anticuerpos (plasmaféresis)

En la migraña, el sistema neuroinmune libera órdenes que acaban segregando acetilcolina en la placa haciendo que los músculos correspondientes se contraigan y que las terminales del trigémino se sensibilicen.

Ya que, dicen, no podemos actuar cambiando esas órdenes bloqueemos los mensajeros, con venenos o con anticuerpos, eso sí controlados. El botox es un veneno antiacetilcolina y los anticuerpos son otro veneno,  antiCGRP.

El tratamiento moderno actúa, por tanto, como un sistemaneuroinmune externo que debe compensar lo que el propio sistemaneuroinmune hace, bloqueando los mensajeros necesarios para que se ejecuten órdenes absurdas.

Con la pedagogía se intenta modificar el sistema de creencias y expectativas que generan órdenes absurdas.

En un porcentaje cercano al 70% de los casos, se consigue.

El bótox y los anticuerpos antiCGRP son parches, comprensibles, pero parches.

Son, además, parches carísimos, inasumibles para el bolsillo medio de la ciudadanía.

Los neurólogos no quieren saber nada de Pedagogías ajenas y contrarias a la suya oficial: la migraña, dicen, es enfermedad misterios e incurable que no deja más opción que la del sabotaje a las decisiones que genera un cerebro genéticamente anómalo.

– Con el botox nos va bien…

Si el botox falla ya dispondrán de otro recurso, más novedoso y más caro, los anticuerpos anti CGRP.

Más o menos, 10.000 euros por año.

Publicado en Medicina, Uncategorized | Etiquetado | Deja un comentario

A lo fácil o a lo difícil.

Hemos evolucionado desde tiempos difíciles e inciertos para la supervivencia individual y de especie, al momento actual de la sociedad garantista del bienestar. Desde el mandato biológico, todo un éxito: vivimos más años y hemos pasado de ser una especie a punto de extinguirse a la superpoblación actual.

Facilitar la supervivencia individual y grupal ha mejorado las estadísticas… de la supervivencia.

¿También las de la sensación de bien-vivir?

Tengo mis dudas.

No disponemos de datos de sufrimiento subjetivo de los sapiens del paleolítico: sólo sabemos lo que sufren los actuales, muchas veces sin saber por qué.

Ante el dolor (en ausencia de daño) caben dos caminos contrapuestos:

  1. el fácil (tanto para el padeciente como para el profesional)

– Me duele.

– Tómese esto.

Suponiendo que se suscite la cuestión del origen para eso están las etiquetas que facilitan la respuesta:

– Tiene usted artrosis, migraña, fibromialgia, desgastes, los años, el estrés…

2) el difícil:

– ¿por qué me duele si no hay nada que justifique el dolor?

– El dolor es una percepción compleja que surge de un proceso evaluativo de amenaza que construye el cerebro de modo continuo. Si quiere se lo explico.

– Sí, doctor. Tengo mucha curiosidad por conocer ese proceso.

Hoy mi compañero en fatigas de Pedagogía del dolor, el doctor Iñaki Aguirrezabal, responsable de los grupos de migraña en el Centro de Atención Primaria de San Martín, ha expuesto ante una audiencia de profesionales diversos del HUA (Hospital Universitario de Alava) el proceso de la reconceptualización del dolor.

Ha llegado con claridad y contundencia a los asistentes pero ignoro si los mensajes han removido el sótano del armazón cognitivo-conductual que cada uno criamos para afrontar no ya la supervivencia física sino, lo que es más complicado, la supervivencia y estima social (propia y ajena).

– No, si entender lo entiendo pero… ¿qué hacemos ante un caso concreto en Urgencias o con sólo unos minutos en la consulta de Primaria, o en la consulta de Neurología si disponemos de tratamientos eficaces…

La respuesta es simple:

– Lo debido.

– Ya, pero no es fácil. Ademas´, los pacientes quieren una solución fácil…

Un porcentaje de padecientes está conforme con la vía fácil del “tómate o hacemos o probamos esto” y con la explicación de la etiqueta de turno. Si le va bien, bien está. El por qué no importa.

Un porcentaje absolutamente mayoritario de profesionales se siente bien aplicando la práctica bendecida por sus Asociaciones de Expertos, facilitada por los líderes de opinión. Es más fácil y segura. Incluso prestigia actuar desde la última oferta.

– Nos va bien con el botox…

Cumplir con la reglas del catecismo cultural es siempre más fácil, sobre todo si las cosas no van del todo mal.

Cuando el catecismo hace agua, se resquebraja, es el momento de cambiar el esquema imaginario desde el que nuestro cerebro trata de guiar la conducta del individuo.

Es el momento de huir de lo fácil y aceptar la vía de “lo difícil” que no es otra cosa que acceder a los nuevos paradigmas, comprenderlos y aceptarlos como marco teórico que guíe el afrontamiento:

  1. El dolor, una vez descartado el daño relevante, procede de un aprendizaje  cuyo resultado es la sensibilización alarmista frente a muchos escenarios triviales y el adoctrinamiento en la solución y explicación fácil para todo.

2. La actitud del profesional debiera ser clara, desde la ética y la eficacia a medio y largo plazo: su actualización en los nuevos paradigmas y su aplicación en la práctica con el objetivo de liberar al padeciente de todo el lastre sensibilizador previo habilitándolo (educarlo) en el nuevo marco.

Siempre cuesta salir del cobijo de los esquemas bendecidos por el grupo de turno, sea como profesional o como padeciente.

Hoy me ha llegado un comentario de una lectora del blog (Maite) a quien no conozco pero que expresa, sencillamente, cómo se toma la “vía difícil” y se emprende el camino. Le invito a que lo lea.

El dolor es lo que es: una respuesta cerebral a una evaluación de amenaza, acertada y justificada o errónea y contraproducente.

Puede que no resulte fácil conseguir cambiar las creencias y actitudes de los padecientes y de los profesionales, pero antes que nada estamos ante una cuestión ética:

Si eso es así, y hay sobrados fundamentos para apoyar la hipótesis, ¿a qué se espera, por parte de profesionales y dirigentes de la Sanidad Pública, para emprender una acción de calado para cambiar la situación insostenible del dolor disfuncional?

El grupo de Iñaki con la migraña y el de Mariaje y Rafa-Rafa con la fibromialgia están trabajando en esa línea, demostrando la eficiencia del afrontamiento pedagógico.

Fácil de implementar, económico y eficaz, gracias a que algunos compañer@s eligieron la “vía difícil” en su momento.

Ell@s han hecho la tarea difícil: reconceptualizarse y extender el proceso a los padecientes, facilitándoles la labor.

– Lo veo complicado y difícil.

– No es cierto. No tienes mas que apoyar a los que han abierto y facilitado el camino…

Publicado en Medicina | Etiquetado | 11 comentarios

Adictos al dolor

El dolor es el componente perceptivo de la activación por parte del organismo de un estado de alerta frente a una amenaza consumada, inminente o imaginada, de pérdida de su integridad física.

Al dolor le acompaña una pulsión a buscar conductas que lo alivien.

El organismo pide-exige esas conductas, que incluyen los rituales terapéuticos codificados como eficaces.

El dolor, en ausencia de un daño relevante que lo justifique, expresa la incertidumbre del organismo, el miedo, y la necesidad de aplicar conductas que devuelvan la seguridad, sean cuales sean.

Una vez se cumple con la acción tranquilizadora exigida, el dolor se aplaca.

El dolor consigue que el individuo centre su atención y conducta en la ejecución del ritual  construido por cada organismo a lo largo del aprendizaje-adoctrinamiento.

Si la conducta “terapéutica” se sigue del alivio queda reforzada y será exigida una y otra vez, a veces con frecuencia y apremio crecientes y con menor eficacia.

Las drogas engañan al cerebro forzando la activación del sistema motivacional de recompensa cuando se ejecuta la acción del consumo en un escenario determinado. La acción del consumo queda erróneamente evaluada como deseable y es exigida cuando hay oportunidad o se promueve la búsqueda apremiante cuando no se dispone de ella.

La cultura también engaña al cerebro promoviendo a la vez expectativas y creencias alarmistas que facilitan la aparición de estados de alerta por valoración de amenaza y “acciones terapéuticas” que calman a un cerebro instruido en la necesidad del consumo de esas acciones.

Se promueven el miedo al agua y las terapias para flotar.

El padeciente solo sabe que siente dolor y que desearía dar con la fórmula que lo alivie. No entra en disquisiciones sobre el origen y significado de ese dolor. Busca el remedio y lo aplica si es eficaz, obteniendo la recompensa del “efecto analgésico”.

Se ha activado la alarma desde una evaluación alarmista del sistema a pesar de que no ha habido un ataque a la integridad física del edificio. La activación obliga a un ritual para desactivarse. Se ejecuta el ritual y la alarma deja de sonar.

En el contexto de la sociedad garantista actual el organismo actúa paradójicamente como si tal contexto no existiera y siguiéramos en el hábitat incierto del paleolítico.

Las ganas de comer y beber algo nos apremian y comemos y bebemos algo aun cuando el organismo no necesite comida ni bebida. Somos adictos a consumar la conducta de ingestión de alimento y bebida. Sólo así calmamos el apremio del organismo, “el mono”.

El individuo no es adicto al dolor: no lo necesita, no lo echa en falta, no busca escenarios y conductas que lo provoquen (bueno, hay gente “pa tó”…). La adicción surge del organismo en el que reside, que le exige conductas que alivien la incertidumbre de sus circuitos vigilantes.

Al dolor injustificado hay que hacerle frente, igual que a las ganas de comer, beber y descansar injustificadas.

El organismo tiene sus motivaciones ocultas, ancestrales, evolucionadas a lo largo de mucho tiempo de habitar la incertidumbre. La cultura puede alentar y confundir, llevar al organismo por caminos equivocados.

Cada vez hay más dolor, más ganas de comer y beber, más necesidad de descansar, más desánimo.

La biología de la motivación y la cultura de la disponibilidad fácil pueden generar la dinámica paradójica, disfuncional, de activar el miedo a todo y exigir el consumo de todo lo que se propone como “calmante”.

¿El antídoto?

Otra cultura.

Una más ilustrada. Cursillos de natación.

 

 

Publicado en Medicina | Etiquetado | 5 comentarios

El dolor no daña

El dolor es un contenido de la conciencia, un sentimiento desagradable, algo subjetivo que puede estar relacionado con un evento de daño real o potencial en la zona que duele o, en ausencia de tal daño, responder a una evaluación imaginada, errónea, de nocividad.

Dicen que el dolor, cuando no es secundario a una enfermedad o daño, es en sí una enfermedad que acaba dañando, deformando la estructura de los tejidos. De ahí que sea importante controlarlo precozmente para proteger la integridad física del organismo.

Convertir el dolor en algo dañino es cosificarlo, dar por cosa lo que no es. La cosificación implica reduccionismo, desconsideración de componentes importantes, abstractos. Algunos convierten (reducen, cosifican) el dolor en una cosa química, explicable y controlable por unas pocas moléculas relevantes. Otros lo cosifican en músculos contraídos o en tóxicos liberados por una alimentación inadecuada.

La cosificación permite un control ilusorio de la situación tanto por parte del profesional como por parte del paciente.

Como contenido de la conciencia el dolor es tan “incosificable” como la propia conciencia, de la cual no es más que una de sus múltiples expresiones.

Cosificar lo incosificable define la falacia de reificación: la tendencia a convertir entidades abstractas de difícil cuantificación y determinación de sus cualidades en entidades lógicas ajustadas a un determinado esquema conceptual.

El cerebro de los pacientes de dolor crónico acaba mostrando  en las imágenes de resonancia magnética funcional (a medida que se acumulan años de dolor) disminución del espesor de la corteza cerebral en algunas áreas así como cambios en la conectividad.

Se interpreta que el dolor es causa de ello y no un efecto de un estado evaluativo de estructura compleja y no cosificable.

En el dolor sin daño relevante, se activa una conectividad neuronal cuyo objetivo es el de defender la integridad física de una zona del organismo aun cuando esa zona no necesite la protección pues está razonablemente sana y puede y debe funcionar bajo un régimen de actividad libre.

Junto al dolor se activan programas que limitan la actividad del individuo, áreas que secuestran la atención para rumiar sin descanso ideas catastrofistas o inducen patrones motores poco funcionales y mecánicamente estresantes.

Los recursos defensivos están ahí para activarse cuando se necesitan y apagarse cuando dejan de producir ventaja y sólo generan perjuicio.

No es el dolor, el efecto, lo que hay que controlar, sino su causa: una evaluación de amenaza errónea, disfuncional, nociva.

Si queremos cosificar el dolor cosifiquemos su origen, la disfunción evaluativa, las creencias y expectativas que la alimentan, aunque no sean contables, es decir, cosas. No lo son pero sí cuestiones pertinentes y relevantes.

Los errores evaluativos cronificados, enquistados, son una cosa que acaba “dañando” (modificando) los circuitos neuronales y la calidad de los tejidos periféricos.

No abundan los profesionales que cosifiquen la evaluación y dediquen sus esfuerzos a sanearla cuando desvaría de puro miedo.

La disfunción evaluativa debe detectarse y corregirse precoz e intensivamente, desde la infancia.

Mantener la disfunción, el nocebo, y empeñarse en silenciar el dolor con cosas químicas, musculares o de otro tipo, o con la cosa del placebo no debilita la susodicha disfunción sino que la engorda haciendo que ese engorde acabe adelgazando la corteza prefrontal.

El dolor es una cosa evaluativa.

Es mi opinión.

 

Publicado en Medicina, Uncategorized | Etiquetado | 7 comentarios

Defensas sensatas

Cuando decimos que alguien tiene “bajas las defensas” pensamos que su organismo es vulnerable al contagio de gérmenes. El Sistema Inmune no ha andado fino para detectar y neutralizar algún mal bicho, un oportunista.

Las ideas no son gérmenes pero puede utilizarse la metáfora infecciosa para explicar el peligro de contagio con aquellas que no nos aportan mas que mortificación e invalidez.

Todos estamos expuestos a las mismas ideas sobre el dolor. La cultura oficial, políticamente correcta, nos afecta a todos por igual. Sin embargo el contagio es mayor si esas ideas provienen de gente cercana, afectada, por ejemplo, los familiares. Las ideas en este caso pueden reforzarse por el efecto de imitación de un modelo y por la continua exposición a la observación de la “enfermedad”.

La exposición a una idea no implica necesariamente colonización-validación. En ocasiones activa una respuesta de rechazo. A más exposición más protección.

Si la idea coloniza los circuitos evaluativos, aquellos de donde surgen las decisiones de la red, el contenido informativo de la idea colonizada puede generar síntomas: por ejemplo, dolor. No sucede nada amenazante pero el peso de la probabilidad de daño que contiene esa idea se impone, frente al resto de propuestas de signo contrario.

Pensemos en la migraña. Dicen que es una enfermedad genética. La afirmación coloniza más fácilmente en la mente de los miembros de una familia con varios afectados. Es más verosímil y genera más temor. Además las crisis están ahí con toda su crudeza para ser observadas. En cualquier momento la colonización se consolida y aparece la primera crisis produciéndose el sesgo de confirmación de la idea. Se cierra el círculo.

La difusión de ideas socialmente aceptadas es más fácil que las apoyadas por una pequeña minoría, máxima cuando son contrarias a las políticamente correctas. Es más fácil la colonización de la homeopatía, los fármacos, las agujas, el yoga, la alimentación sana o cualquier otra que forma parte de las ideas compartidas y conocidas, que la de la pedagogía de procesos básicos neuronales.

La idea del origen aprendido de la migraña es extraña, no tiene arraigo social. Los cerebros de los ciudadanos normales están colonizados por las ideas de la cultura oficial y alternativa de la migraña. La colonización es fácil pues no disponen de defensas cognitivas (creencias) frente a las ideas “normalizadas”.

La exposición a las ideas oficiales de la migraña es mayor en aquellos que predican estas ideas, por ser el factor de convicción mayor. Los neurólogos dedicados a la migraña desde la perspectiva de la enfermedad genética padecen con mayor frecuencia la colonización de esa idea, independientemente de sus genes, por efecto de una mayor exposición y unas bajas defensas cognitivas contrarias.

El Sistema Inmune de defensa dispone de un arsenal completito de células vigilantes y neutralizadoras de malos bichos (incluidas las propias células). En función de las creencias desarrolladas a través de los años de contacto con agentes biológicos y moléculas artificiales extrañas, despliega sus recursos defensivos (inflamación, apoptosis) aun a riesgo de equivocarse.

El Sistema Inmune no es mas que una parte del Sistema Neuroinmune. La otra es el Sistema Neuronal de defensa. Su función es la misma: detectar peligro y actuar. Las ideas no informan directamente al Sistema Inmune pero sí a su colega, el neuronal.

Predicar la herencia genética y silenciar la importancia del contagio por ideas en una familia favorece la colonización de lo que se predica.

Es importante disponer de un Sistema Inmune que nos defienda bien: detecte el peligro y lo neutralice sin la contrapartida de una vigilancia excesiva que cataloga todo como amenazante, mortificándonos con alergias y enfermedades autoinmunes

También es importante disponer de un Sistema Neuronal defensivo que detecta la exposición a agentes y estados amenazantes de un modo sensato y beneficioso, sin la contrapartida de la activación de las alarmas ante cualquier fruslería cotidiana, interna o externa.

El cerebro es un escenario de competición entre todo tipo de ideas que pueden colonizar o generar el efecto contrario, la resistencia, la neuroinmunidad.

Las ideas buenas son las que ayudan al cerebro a una gestión sensata de la defensa.

No hay que tener altas ni bajas defensas.

Basta con que sean sensatas, inteligentes, nutridas de buenas ideas.

La cultura es biología. Una idea puede ser un mal bicho.

Cuídese.

Publicado en Medicina, Neurociencia | Etiquetado | 4 comentarios