Nuevo curso de migraña

Convocamos un nuevo curso intensivo para pacientes de migraña el 3 de Octubre, en Vitoria. Los interesados pueden informarse en “infoescueladeldolor@gmail.com” o llamando al tfno 696541479.

La migraña es definida oficialmente como una enfermedad genética que afecta a circuitos neuronales no especificados (“generadores de migraña”) creando en ellos un estado anómalo de hiperexcitabilidad que acaba descargándolos periódicamente. Ello se traduce en las terribles crisis migrañosas: un mix torturador que incluye dolor de cabeza intenso, náuseas-vómitos e intolerancia sensorial extrema.

El consejo compartido unánimamente por los neurólogos era el de identificar unos supuestos desencadenantes, responsables de la activación de la tormenta migrañosa y evitarlos. Recientemente, cualificados líderes de opinión consideran que quizás los desencadenantes no sean tan relevantes y que si activan las crisis puede que sea más bien por efecto de creencias y expectativas aprendidas y no por una supuesta propiedad físicoquímica que contiene la “virtud” de encender los también supuestos generadores migrañosos.

Los padecientes migrañosos temen el estrés, los “excesos”, los cambios, las comidas, el dormir irregular y todo aquello que han aprendido a temer, más bien porque así se lo han explicado. La mayoría de ellos se limitan a temer la crisis sin haber tenido la oportunidad de detectar ningún desencadenante.

Los mismos cualificados líderes de opinión sugieren ahora hacer lo contrario de lo que han estado predicando hasta hace unos meses: en vez de evitar los desencadenantes, tratar de habituarse a ellos, a través de la exposición gradual y confiada: nada nocivo va a suceder y uno debe quitarles el miedo. Es lo que los psicólogos recomiendan para neutralizar las conductas fóbicas, es decir, aquellas que se apoyan en un miedo irracional.

Dicen los neurólogos que el padeciente migrañoso debe aceptar su condición de enfermo y que nada podrá hacer para evitar la actividad de sus generadores de migraña, salvo mantenerlos adormecidos con una vida reglada y unos fármacos supuestamente “moduladores”, que aportan la virtud de sosegar esos circuitos fácilmente excitables.

No conceden mucha importancia al aprendizaje. Para ser sinceros, ninguna. Los circuitos neuronales humanos parece que vienen ya de fábrica determinados. Un 15% de la población crea, por obra de la genética aberrante migrañosa, el generador: una especie de foco “epiléptico” que descarga con el resultado de la crisis. No hay ninguna evidencia de esa descarga, ningún registro eléctrico, electroencefalográfico, que objetive esa supuesta actividad aberrante.

Para nosotros, el cerebro es un órgano pendiente de escolarización. Nace ávido de toquetear el mundo para extraer sus significados. Los instintos son predisposiciones a aprender. El instinto de aprendizaje es poderoso y nos condena a experimentar desde el primer instante de la vida hasta el último. Para bien o para mal también observamos lo que hacen, padecen y dicen los demás, especialmente nuestros tutores familiares o profesionales.

Al final el padeciente sólo tiene la certeza de que lleva sobre sí una losa mortificadora que nadie acierta a explicar de dónde viene.

En los cursos hacemos un análisis crítico de las creencias y expectativas habituales, aprendidas, desde la perspectiva de lo que se va sabiendo sobre la actividad neuronal. Tras la crítica presentamos nuestro modelo, también apoyado en el conocimiento actual del funcionamiento de la red neuronal defensiva.

Las cuestiones migrañosas pertinentes no son los genes, los estreses, el chocolate, la meteorología ni las hormonas sino la evaluación que el cerebro ha aprendido a hacer de todos ellos.

A estas alturas del siglo XXI, en pleno furor por saberlo todo del cerebro, choca que nada se diga sobre él cuando analizamos la migraña. Basta reflexionar sobre los procesos básicos cerebrales para caer en la cuenta de la importancia de conocerlos. Participamos consciente o inconscientemente en las decisiones cerebrales, al menos en parte y esa participación puede producirse desde el universo del miedo y la ignorancia o desde la racionalidad confiada.

Muchos alumnos comprenden la trascendencia del cambio de enfoque y se benefician de ello. Algunos pocos no acaban de aceptarlo y otros aun aceptándolo no aciertan a convertirlo en una conducta práctica que preste el alivio buscado.

La Educación terapéutica en Neurociencia se abre paso no sin esfuerzo y resistencia como herramienta imprescindible para afrontar cualquiera de las múltiples expresiones del dolor crónico.

Hay bastante experiencia en dolor crónico lumbar e incipiente en fibromialgia. Somos los únicos que aplicamos la estrategia en la migraña. Los resultados son satisfactorios, mejores que los que habitualmente se publicitan en las revistas aplicando toda la parafernalia terapéutica multidisciplinar.

El saber ocupa lugar, especialmente si hablamos de la conectividad neuronal.

No hay muchas oportunidades de alfabetizarse en trabajo neuronal y dolor.

El curso es una buena oportunidad para dedicarle un sábado y hacer turismo biológico.

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En las antípodas

Sostienen los neurólogos que la migraña es una enfermedad cerebral genética que genera, por caminos de hiperexcitabilidad neuronal no explicados, dolor e intolerancia sensorial y digestiva.

Recomiendan para contener esa tendencia hiperexcitable de los circuitos llevar una vida ordenada, contenida, monacal, y neutralizar el dolor con calmantes y aislamiento, tan pronto como uno lo sienta, siempre bajo la tutoría de un profesional, a poder ser un neurólogo, pues el arte de indicar un ibuprofeno o un triptán supera la capacidad intelectual del paciente y del  médico de atención primaria.

El que un 15% de la población habite periódicamente el infierno migrañoso se justifica por una combinación de genes comunes de excitabilidad y hábitos excitadores. Identificar los desencadenantes debe ser una tarea fundamental. Una vez identificados bastará con evitarlos para obtener el alivio con ayuda de unos fármacos preventivos moduladores de la hiperexcitabilidad.

El esquema de la excitabilidad y la evitación es similar al de las reacciones alérgicas: se identifica el alérgeno (el gato, el polen, el látex) y se evita la exposición.

Ni la reacción alérgica ni la crisis migrañosa aportan nada al organismo. Son una respuesta defensiva innecesaria frente a un peligro imaginario.

Si pudiéramos deberíamos convencer al sistema neuroinmune de que la activación alérgica o migrañosa es un error evaluativo y que debiera corregirse.

No veo el modo de explicar a las células del sistema inmune cuestiones básicas sobre inmunidad. La pedagogía teórica no llega a los linfocitos. Con toda seguridad el sistema inmune aprende y modifica sus respuestas a golpe de experiencia pero sus decisiones no cambiarán por la interiorización de lo aprendido en “clase”. Eso creo.

Con las neuronas es otra cosa. Sus circuitos están abiertos al cambio a través de la pedagogía. Los neurólogos conocen ese hecho y recomiendan campañas de información y sensibilización.

El problema está en el contenido de esa información.

Hay información sensibilizante, la oficial, e información desensibilizante: la que aquí se propone.

La información sensibilizante, que consolida la convicción de enfermedad y promueve la conducta de búsqueda y evitación del desencadenante y la toma precoz del calmante, debiera proteger a quien es firme defensor de ella, es decir, al colectivo de neurólogos, el más informado y sensibilizado de la población. Sin embargo sucede lo contrario: sufren la incidencia más alta de crisis. Hay poco publicado sobre esa curiosidad estadística y, aunque es algo sabido, se oculta y despacha con la primera excusa no contrastada que pueda colar.

En las antípodas está la propuesta informativa que aquí se ofrece: no hay cerebro enfermo ni genética migrañosa, sino un proceso de aprendizaje que conforma la excitabilidad de los circuitos responsables de la proyección del dolor y la intolerancia sensorial y digestiva. Los circuitos no nacen determinados por los genes. Venimos al mundo con el mandato genético del aprendizaje. En nuestra especie es un aprendizaje poderosamente influido por los tutores, es decir, los neurólogos.

La prédica de los neurólogos es la misma en todo el mundo. Todos hacen la misma propuesta. Hay consenso.

La propuesta contraria, la de este blog, sólo se defiende en esta casa.

¿A qué y quién creer?

A decir verdad, la propuesta oficial muestra algún indicio de cambio. Reputados líderes de opinión sugieren que la recomendación sensibilizante puede ser inadecuada y que habría que dar un giro de 180º a los consejos: nada de evitar el desencadenante sino buscar la tolerancia: acercarse al queso curado y el chocolate sin miedo, aumentando progresivamente la dosis. Sería algo similar a las vacunas en la alergia. debemos quitar el miedo neuroinmune a lo banal, a lo inofensivo.

La migraña se aprende fácil y se puede desaprender con una dificultad y éxito variables.

Ayer Saratxu nos ofreció un testimonio valioso que muestra el camino a seguir, con un efecto colateral muy importante: la extensión del conocimiento al aprendizaje de su hija.

Dicen los neurólogos que no hay mas que genética en la transmisión de la condición migrañosa de padres a hijos. Para ellos no existe imitación, observación de conductas, instrucción teórica, modelos. Eso es psicología. La migraña es algo químico.

Nosotros proponemos que nada tiene sentido en la conformación de los circuitos neuronales si no es a la luz del aprendizaje tutorizado.

No hay consenso. Hay que optar por una de las propuestas: la del colectivo oficial (o alternativo, similar en su estructura) o la de este humilde blog.

Yo no tendría dudas pero, claro, es una opinión.

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¡Gracias!

Ha finalizado una serie necesaria (Escuela del dolor. Explorando vías de afrontamiento). Los testimonios de quienes no han conseguido librarse del dolor pese a comprender y aceptar las propuestas teóricas del blog quedan incorporados a los archivos y seguirán aportando su inapreciable valor a los lectores.

Sólo puedo dar las gracias a quienes han colaborado redactando entradas y, muy especialmente, a Cristina, promotora y animadora de la propuesta.

Ha quedado meridianamente claro que la Pedagogía no es necesaria ni suficiente para ganar la batalla al dolor, pero sí muy conveniente y, sobre otras consideraciones, fiable en sus contenidos por estar basada en conceptos básicos de Neurofisiología.

Saber que el dolor no es un buen indicador del estado de los tejidos sino de la evaluación que el cerebro hace de ellos es un concepto crucial, ampliamente soportado por la Ciencia.

La Pedagogía informa sobre los procesos básicos de la defensa de la integridad física del organismo. No es una terapia que debe demostrar su eficacia sino un proceso de divulgación de hechos absolutamente fundamentados. Quien critica la Pedagogía debe señalar específicamente la afirmación concreta a la que se niega su veracidad  y demostrar que es falsa. No se trata de ver si funciona sino si contiene afirmaciones veraces.

El blog no busca la medicina basada en la evidencia sino en la Ciencia.

Aun cuando no se busque esa evidencia clínica de eficacia cada vez es más firme el soporte bibliográfico de que el proceso pedagógico aporta un alivio considerable a la carga de sufrimiento e invalidez sin más trabajo que el de comprender y aplicar lo que se aprende. Ello no quita para que pueda complementarse la intervención pedagógica con apoyos de psicólogos, fisioterapeutas o expertos en el manejo farmacológico del dolor.

No nos oponemos al abordaje multidisciplinar pero pensamos que su aplicación debe desplegarse desde una base teórica común en la que se integre todo el conocimiento aportado por todas las disciplinas.

Los testimonios de estos días deben hacernos reflexionar y obligar a pensar más en la piel del padeciente y no sólo en el rigor teórico de los conceptos. Sin embargo el blog no puede asumir más que la exposición de esos conceptos y los testimonios de quienes tienen problemas para comprenderlos y/o aplicarlos.

Yo he tenido mi propia andadura por el infierno del dolor y el mareo crónicos y no sabría explicar cómo conseguí librarme de ellos. No sabría extraer de mi proceso un método ni pautas. Todo se reduciría a conseguir la convicción de organismo sano, una autoinyección de confianza y sosiego y tratar de enfocar la atención hacia las tareas previstas.

No se penaliza ni culpabiliza a quien echa mano de fármacos o cualquier otra acción aliviadora. Cuando padecía de mareos llevaba en el bolsillo betabloqueantes (Sumial) y antes de salir de casa tomaba con el desayuno 10 mg para calmar la bestia somática. Con el tiempo se me fue olvidando reponer las pastillas y, sin darme cuenta ni proponérmelo, fui dejando de necesitarlas.

Descartada una causa lesional nada amenazante sucede en la cabeza cuando percibimos dolor en ella ni el dolorimiento sobre la columna implica necesariamente que la carga que soporta es excesiva por sufrir un estado vulnerable.

La evaluación anticipada de daño es, probablemente la función defensiva más importante del organismo. No es una función psicológica sino matemática. El cerebro procesa probabilidades y las ajusta con la información continuada que aportan las neuronas sensoriales. No siempre la información sensorial contiene la dinámica emocional del miedo. En estos casos el procesamiento neuronal se enreda en bucles de retroalimentación que llevan el dolor hasta el nivel de saturación que la conectividad de cada estado permite.

La patología evaluativa debería tener ganada la misma consideración que la patología infecciosa, tumoral o degenerativa. Las creencias y expectativas pueden ser patológicas y su patología no es más que la expresión de un cálculo de probabilidades errado, sesgado por la incertidumbre y la información experta.

La Medicina debe ampliar su ámbito conceptual y tomarse en serio el aprendizaje, la conectividad neuronal sensible a lo que se dice, observa y concluye. Ese es el objetivo del blog: hacer visible el proceso evaluativo.

Comprendo a quienes defienden la hipótesis de la enfermedad invisible o negada y critican la tesis evaluativa pero creo que pueden integrarse ambas propuestas, simplemente aceptando la función evaluativa como algo biológico, tan físico como puede ser, por ejemplo, el procesamiento de los alimentos.

Los sistemas biológicos son sistemas complejos y siguen las leyes de estos. No debiera descuidarse ninguno de sus componentes pues los efectos negativos que de ello se derivan pueden ser devastadores.

Seguiremos investigando en el blog. Seguiremos buscando nuevos conceptos que exigen ser considerados. La serie de testimonios y reflexiones desde la orilla de los padecientes nos ha enseñado a valorar más la perspectiva de quien no consigue el éxito esperado.

Reitero mi agradecimiento y espero que siga habiendo aportaciones de padecientes, sea cual sea su contenido.

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“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (XII) – No hay ovejas negras

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Cristina Arenaz

“Por último, a pesar de que haya momentos en los que uno se muere de miedo, entra en pánico, se desanima o lo ve todo negro, siempre pensar que sois todos y cada uno de vosotros muy valientes. Lidiar con crisis de dolor de intensidad no tolerable, con dolor crónico invalidante (se localice donde se localice) y con los síntomas que suelen acompañar a estas situaciones, es de valientes, aunque no siempre nos percibamos así. Quien se levanta cada mañana para afrontar, sea su afrontamiento cual sea, es una persona fuerte y valiente aunque a veces se muera de miedo y esto se pueda considerar un oxímoron, ;-)”.

Este punto es el último de los diez de la introducción y, por tanto, esta entrada cierra la serie “Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento”. No sé si hemos conseguido dar pistas, esbozar herramientas, reorientar algunos caminos, o quitar algo de “presión” a las personas que, como es mi caso, se enredaron por el camino o aplicaron algunos de los mensajes pedagógicos de modo fundamentalista, perdiendo unos miedos por el camino y adquiriendo otros nuevos, o que pensaban que eran “ovejas negras” porque no progresaban adecuadamente a pesar de ser buenos alumnos y alumnas. Lo que sí sé es que todas y cada una de las personas que hemos colaborado en este proyecto lo hemos hecho con la mejor intención del mundo intentando aportar un “algo más” cuando la información, siempre necesaria, no es suficiente, desde la empatía y el conocimiento del sufrimiento, la indefensión y todo lo que conlleva vivir con dolor crónico (y otros síntomas) no asociados a daño relevante.

Las ideas las hemos comentado tantas veces a lo largo de esta serie de entradas, que no voy a repetirme de nuevo redactando unas conclusiones que recojan todo lo ya dicho, sólo me gustaría destacar la frase del título: aquí no hay ovejas negras, ni una sola. Creo que ha quedado claro que «cerebro y persona» es un tándem inseparable, que cada cerebro es un “mundo” junto con la persona que lo complementa, y que al cerebro no podemos llegar directamente diciéndole: oye hermano, que estás equivocado y me haces sufrir… y por eso, para intentar revertir el error evaluativo cerebral, hay que trabajar desde y con la persona cuyo organismo está gobernado por ese cerebro equivocado. Pero es el cerebro el que tiene el mando (on-off), el hecho de que mantenga pulsado el “on” a pesar del trabajo realizado para actualizar conocimiento y modificar creencias y conductas de afrontamiento, no implica que la persona haya fallado o que no haya absolutamente nada más que se pueda hacer. Si alguien se ha quedado “en tierra de nadie”, hay que ser consciente de ello e intentar salir de ahí por otros medios que complementen a lo ya aprendido con el objetivo de ganar en calidad de vida.

No me gusta el término “oveja negra” porque denota algo diferente y poco respetable dentro de un grupo. Consulto en la Wikipedia y veo que el término “deriva de la presencia indeseable y poco común de individuos de lana negra en rebaños de ovejas, lo cual no era bueno para el criador ya que la lana de dichas ovejas no era cotizada en el mercado”. Creo que a las personas que hemos tenido la suerte de acceder a la información sobre neurofisiología del dolor y biología de organismo se nos podría considerar ovejas negras únicamente en el sentido de ser “poco común” el hecho de que un paciente reciba este tipo de formación, pero nunca jamás en sentido despectivo o porque no hayamos conseguido el beneficio esperado de la pedagogía. Por eso, porque somos “poco comunes”, menos de color blanco (que es el más habitual), nuestra lana sería multicolor, representando la gran diversidad del comportamiento humano, los distintos modos de afrontamiento y la también diversidad en el grado de resolución de los síntomas. Yo últimamente me calificaba como “oveja verde” porque me sentía en tierra de nadie, de hecho, cuando buscaba una foto para este escrito y encontré la que lo ilustra, pensé… mira… ahí estoy, en el centro y en primera fila, esa debe ser “la foto”, la que mejor ilustra que no hay ovejas negras, sino que el rebaño es multicolor.

Personalmente, me siento orgullosa del trabajo realizado estas últimas semanas y doy las gracias a todas las personas que se han implicado en este proyecto, no voy a enumerarlas porque ya las conocéis a todas y están sus nombres en cada uno de los escritos que forman parte de la serie “Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento”. También agradecerle a Arturo su apoyo y aportación fundamental a través de los comentarios. Sí es cierto que me hubiera gustado llegar aquí y poder decir: ¡tenemos las claves!… y ahora todos vosotros vais a conseguir darle la vuelta a la tortilla. O, al menos, tratar más temas y con mayor profundidad, pero como en más de una ocasión se ha comentado, es complicado y arriesgado desde un blog y sin poder valorar situaciones personales, ofrecer mucho más. Y ya sabíamos que las reflexiones podían abrir puertas, esbozar caminos o reconducirlos pero no pretendían en ningún momento descubrir la última pieza del puzzle ni dar fórmulas mágicas porque no las hay. Sólo espero que quede clara la idea de que no podemos detener el mar pero sí podemos aprender a surfear entre las olas.

Ya hemos dicho que no hay un único camino “correcto” pero que los desvíos excesivos, los enredos por senderos que no llevan a ninguna parte, incluso las caídas … se pueden reconducir con ayuda si el viajero no consigue orientarse o salir del pozo por sí mismo, que el camino no es tan fácil, que llevar brújula en la mochila puede ayudar, que no hay que buscar al príncipe encantado (no tener dolor o no tomar una pastilla nunca más) porque puede salirnos rana (más presión, más ansiedad), que intentar manejar las emociones sin recursos es muy complicado porque no podemos controlar qué pasajeros suben al autobús, que los pensamientos intrusivos y catastrofistas, si no aprendemos a pararlos o apartarnos de ellos, pueden llevarnos al abismo del mismo modo en que nos lleva el dolor, que no “tenemos” un esqueleto, músculos, glándulas, un sistema nervioso, sino que “somos” todo eso, que no existe un movimiento correcto sino diferentes maneras de hacerlo más fácil, que, que, que… Hemos dicho tantas cosas que sólo espero que alguna de ellas haya ayudado “al menos a una persona”. Eso es algo que siempre decimos cuando se organiza un curso u otra actividad formativa, si ayuda a una única persona a salir del abismo o a vislumbrar la salida ya ha merecido la pena el esfuerzo y las horas de dedicación de varias personas.

Creo que los objetivos desde los que hay que trabajar en esta línea también se han comentado suficientemente pero los repito de nuevo porque me parece algo importante para no partir de expectativas demasiado pretenciosas:

1) El primer objetivo al hacer pedagogía del dolor debe ser conseguir que el cerebro haga una gestión razonablede los programas o respuestas de enfermedad (dolor y cualquier otro síntoma no asociado a daño relevante).

2) Del mismo modo, el primer objetivo al utilizar vías complementarias a la pedagogía cuando se considere necesario, será ir “ganando espacio” de forma progresiva y aunque los síntomas persistan. Recordar la imagen de las tres copas: misma cantidad de líquido (síntomas), pero cada vez más espacio (calma en el sistema nervioso central). El cerebro está sensibilizado, qué lo desensibilizará… no lo sabemos con certeza pero ganar espacio siempre será beneficioso.

3) Otro punto que debe quedar muy claro, sea lo que sea lo que decidáis hacer, el camino que decidáis tomar, hacerlo desde el CONVENCIMIENTO y no “por si funciona” o porque lo recomiendan en el blog. El momento “Ajá” (verlo claro) es el punto de partida.

Y como somos conscientes de que “no es tan fácil” encontrar profesionales (pedagogos del dolor, médicos, psicólogos, fisioterapeutas, neurólogos…) que nos acompañen, guíen o reorienten durante el proceso una vez hemos accedido a la pedagogía, queremos poner punto y final a esta serie de entradas dando algunas referencias bibliográficas para que, quien quiera, quien considere que le puede ayudar, trabaje en esta línea por su cuenta, que también es posible aunque lo más recomendable sea contar con ayuda profesional.

Las primeras referencias de la lista nos sirven para actualizar el conocimiento sobre cerebro, neurofisiología del dolor y movimiento, y con el resto de libros creemos que se puede entrenar sin ayuda profesional la atención plena y el estrés producido por los pensamientos recurrentes, intrusivos y dramáticos que se cuelan sin permiso en nuestra conciencia. Por supuesto, no hay que leerlo todo, sólo aquello en lo que apetezca o interese profundizar.

Migraña: una pesadilla cerebral (Arturo Goicoechea). Edit. Desclée de Brouwer. Básico para tener una visión general del planteamiento teórico y para afrontar no sólo la migraña, sino cualquier otro síntoma no asociado a daño relevante.

– “Explicando el dolor” (David S. Butler, G. Lorimer Moseley). Edit. Noigroup. También básico para conocer la neurofisiología del dolor de modo sencillo y más enfocado al dolor músculo-esquelético.

– “Fantasmas en el cerebro” (Ramachandran). Edit. Debate.

– “La sabiduría del cuerpo Edit. Sirio. Recopilación de artículos de Moshe Feldenkrais.

– “Cuaderno de trabajo para el tratamiento corpomental del trastorno de estrés postraumático” (Stnaley Block, Carolyn Bryant Block). Edit. Desclée de Brouwer. No asustaros por el título, es un cuaderno de trabajo que aporta estrategias y ejercicios que se adaptan también a una situación de dolor crónico.

–“Tranquilos y atentos como una rana” (Eline Snel). Edit. Kairós. Está dirigido a niños pero no he podido evitar incluirlo en la lista porque a mí personalmente me ha encantado este libro. Incluye un CD con ejercicios prácticos que son una “gozada”.

– “Mindfulness para principiantes” (Jon Kabat-Zinn). Edit. Kairós. Éste sí es para adultos e incluye CD con meditaciones guiadas.

–“El milagro de Mindfulness”. Thich Nhat Hanh. Edit. Oniro. Es un poco más “espeso” pero con ejercicios muy buenos de respiración.

– “Estrésese menos y viva más”. (Richard Bionna). Edit. Desclée de Brouwer. Es un programa (para hacer en casa sin ayuda profesional) basado en la terapia de aceptación y compromiso y el mindfulness.

Por último, y que quede bien claro que esto lo hago como iniciativa personal porque sé que es difícil llegar a los fisioterapeutas que trabajan en este marco teórico, voy a poner las referencias que “conozco” y que me atrevo a recomendar porque tienen programas específicos de dolor crónico. Habrá más centros y más profesionales recomendables pero sólo cito los que yo conozco. Si os quedan muy lejos de vuestros lugares de residencia, también podéis contactar con la SEFID para pedir información sobre sus fisioterapeutas asociados.

♦ SOCIEDAD ESPAÑOLA DE FISIOTERAPIA Y DOLOR (SEFID):

http://www.sefid.es/

♦ En Vitoria: http://www.asiermerino.com/

http://www.asiermerino.com/tratamiento_7.php

Personas de contacto: Asier Merino y Maite Goicoechea

♦ En San Sebastián: http://fisioterapiagaruna.com/

http://fisioterapiagaruna.com/vetsservices/pedagogia-del-dolor/

Personas de contacto: Amaia González y María Jiménez

♦ En Valencia:Programa de tratamiento del paciente con dolor crónico complejo. Persona de contacto: Rafael Torres Cueco – 96 360 75 81 – Rafael.Torres@uv.es

Finalmente, gracias también a todas y cada una de las personas que nos habéis acompañado en el blog estas semanas, tanto a los lectores, como a los que habéis reflexionado con nosotros a través de vuestros comentarios.

Un gran abrazo de despedida.

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“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (XI) – ¡¡¡Paren… que me quiero bajar!!! (Sol del Val)

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“La Pedagogía no sólo se complementa desde la Fisioterapia, también se puede complementar desde la Psicología, para ayudar, entre otras cosas, en todos esos factores que señala Francisco como “agentes tóxicos”, que se desencadenan junto con una situación de dolor crónico invalidante que afecta y condiciona toda la vida cotidiana (pensamientos intrusivos, “nunca saldré de esta situación”, rumiar el sufrimiento, fatalismo, percepción de invalidez, frustración, indefensión, etc.). Antes lo creía, que se podía complementar la pedagogía con psicología, ahora lo veo necesario en los casos donde no se le da la vuelta a la tortilla y la situación genera mucho sufrimiento”.

¡¡¡PAREN… QUE ME QUIERO BAJAR…!!!

Sol del Val. Psicóloga.

El dolor crónico sin daño relevante y el sufrimiento que causa en los seres humanos que lo padecen no podría entenderse sin detenerse en las reacciones emocionales y en los pensamientos que le rodean.

El discurso de todos los individuos que se sienten y viven enfermos tiene algo en común, independientemente de la biografía de cada cual, de su situación social, económica, familiar, personal y de las situaciones experimentadas a lo largo de la vida: está invadido de pensamientos cuyo contenido gira en torno a la discapacidad, la enfermedad, el desánimo, la indefensión, la falta de control, la sensación de un futuro incierto, la nostalgia de un pasado de salud (si alguna vez lo hubo), la pérdida de oportunidades, la culpabilidad y un largo etcétera.

Si bien es cierto que el conocimiento sobre cerebro y dolor posibilita armar una creencia nueva (“no estoy enfermo”), los pensamientos intrusivos siguen campando a sus anchas y el diálogo mental del que raras veces somos conscientes es lo suficientemente poderoso como para crear las emociones más intensas. Este diálogo interno hace que los pensamientos se experimenten como si fueran un reflejo, sin reflexión o razonamiento previo, y se graban como plausibles y válidos. Estos pensamientos, sean lo irracionales que sean, siempre son creídos, tienden a ser catastrofistas, dramáticos, son difíciles de desviar y son aprendidos.

Desde la psicología cognitivo conductual se trabajó durante muchos años para poder ejercitar control sobre los pensamientos y su flujo constante. Se trataba de proponer ejercicios que parasen el pensamiento negativo y sustituirlo por uno positivo, agradable, que generase una emoción positiva. Los estudios más recientes han comprobado que las técnicas de evitación experiencial, como la supresión de pensamientos o emociones, o el escape de estímulos aversivos, tienden a ser contraproducentes, contribuyendo a mantener los estados subjetivos negativos que se tratan de evitar.

En muchas ocasiones, no somos conscientes del flujo de pensamientos que nuestra mente produce o que llegan a ella, simplemente nos dejamos llevar como arrastrados por la corriente de un río. Nos identificamos con el relato que construimos sobre quiénes y cómo somos. Mientras tanto, el “yo” del “aquí y ahora” nos pasa desapercibido, y con él la posibilidad de experimentar el mundo y vernos a nosotros mismos desde una perspectiva diferente, más abierta.

Recientemente, el uso de técnicas de meditación de consciencia plena (mindfulness) ha tratado de reconducir la situación. En lo fundamental, estas técnicas se basan en el entrenamiento de la atención, ya sea focalizándola en los estímulos externos que nos rodean o en el flujo de nuestros pensamientos y emociones. En cuanto a la actitud con que se lleva a cabo, la meditación requiere la contemplación de pensamientos y emociones sin interpretarlos, juzgarlos o evaluarlos en modo alguno. Implica una mirada compasiva, curiosa y abierta hacia todo aquello que atraviesa nuestro campo de conciencia, sin interferir en ello, simplemente aceptándolo.

El entrenamiento en mindfulness trata de hacer que la persona sea plenamente consciente y acepte sin juzgar sus pensamientos y emociones, aunque éstos no sean agradables. En este sentido, el mindfulness promueve la exposición a la experiencia, frente a la evitación de la misma.

Cuando alguien es consciente de cuáles son sus pensamientos, emociones y sensaciones en el momento presente, los acepta y no se identifica con ellos, es más fácil que se abra a nuevas posibilidades, quizá más positivas, a la hora de reinterpretar la realidad, dejando a un lado pensamientos negativos previamente automatizados.

Lo que os propongo en esta entrada es aprender a reconocer los pensamientos negativos, esos que giran en torno a la enfermedad, a la catástrofe, a la incapacidad y al miedo a enfrentarse al futuro “por si….”. Y a la nostalgia del pasado en el que hubo un tiempo (o no) en el que se gozó de salud.

Aprendiendo a ser conscientes de los pensamientos y aceptarlos como productos mentales que son, también seremos conscientes de que no son realidades. Desde la aceptación del pensamiento, podremos dejar que pase sin más.

El entrenamiento que os propongo ha de ser habitual, diario y tiene las siguientes características:

1. Elegir al comienzo un momento en el día en que sólo nos dediquemos a esto, sin prisas, sin interrupciones.

2. Nos sentaremos cómodamente o nos tumbaremos, desentumeceremos el cuerpo y centraremos toda nuestra atención en la respiración.

3. La respiración consciente nos devuelve siempre al aquí y al ahora, al momento presente e interrumpe la cascada de pensamientos.

4. La respiración ha de ser suave, natural, sin forzarla, sólo es necesario fijar un punto del cuerpo en el que ésta se haga más presente y ser conscientes del aire que entra y del aire al salir. Para hacernos más conscientes de ella podemos contar mentalmente hasta cuatro en cada inspiración suave y hasta seis en cada espiración haciendo una pausa al término de ésta.

5. Cuando llegue un pensamiento lo aceptaremos, no trataremos de evitarlo, ni pararlo porque si así lo hacemos, cuando surja nuevamente lo hará con más fuerza. En lugar de evitarlo, lo aceptaremos y “etiquetaremos”. Etiquetar un pensamiento consiste sencillamente en nombrarlo.

6. El etiquetado te permite darte cuenta de que un pensamiento no es más que eso, un pensamiento, por ejemplo si pienso: “Mañana tengo una cita importante, ¿me impedirá este dolor acudir a ella?”, lo etiquetaré diciendo: “ahora estoy pensando que el dolor me impedirá acudir a la cita”. O bien diciendo: “esto es sólo un pensamiento”.

7. El etiquetado de pensamiento tiene que ir unido a la respiración consciente que nos facilitará volver al aquí y al ahora, al presente, donde el miedo no existe.

8. Una vez etiquetado volveremos a la respiración y cuando surja otro pensamiento haremos lo mismo.

Esto que al comienzo sólo haremos como entrenamiento en un momento elegido para tal fin, podremos incorporarlo a cada acción en nuestra vida diaria, en la ducha, mientras caminamos, fregando los platos, conduciendo…… hasta convertirlo en una herramienta interna que nos proporcionará serenidad y nos alejará de la ansiedad y el miedo.

Aprovechar o no esta herramienta sólo está en vuestras manos, es algo de libre elección, que no requiere de ninguna habilidad especial, aunque sí de una práctica continuada cuyo resultado merece la pena.

A practicar (o no) y que lleguéis a ser capaces de vivir en el AHORA, aunque no se trate de vuestro mejor momento.

 Sol del Val

Muchas gracias Sol por tu aportación, valiosa como siempre. La aceptación del pensamiento como algo que surge como producto cerebral y que se puede observar desde fuera para dejarlo pasar sin que se convierta en algo perturbador, es fundamental.

En esta ocasión, como Sol no necesita presentación, en vez de haber introducido su escrito, he preferido ponerle fin al mismo añadiendo un pequeño ejemplo basado en mi trabajo personal con el etiquetado de pensamientos por si os sirve de ayuda para interiorizar la idea, que es bien sencilla y, desde mi experiencia, muy útil para ser consciente de que los pensamientos son sólo eso, pensamientos, hechos mentales, que pueden ser ciertos o no, pero que si nos dejamos atrapar por ellos, acabamos creando un relato negativo y distorsionador de la realidad que nos puede llevar al abismo del mismo modo en que nos llevan los síntomas cuando son invalidantes y lo acaparan todo, nos suben a una noria que gira y gira sin parar… sin que la podamos parar… sin que nos podamos bajar… Pero, aunque no sea fácil, podemos aprender a cambiar la velocidad de la noria, modificar el rumbo de nuestros pensamientos, hacer que no giren en un bucle sin fin y traerlos de vuelta al momento presente, que es donde estamos y desde donde tenemos que trabajar para ganar en calidad de vida.

Mi “pequeña” aportación es algo tan sencillo como ilustrar tres ideas con imágenes, nada más:

1) ¿Cuál debe el punto de partida al trabajar con este tipo de estrategias? Esta imagen (versión “personalizada” de una figura de Stanley Block y Carolyn Bryant Block), desde mi punto de vista lo ilustra muy bien:

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Desde mi experiencia personal considero que el objetivo inicial consiste en ir “ganando espacio” de forma progresiva, aunque los síntomas persistan. Misma cantidad de líquido (síntomas), pero cada vez más espacio (calma en el sistema nervioso central). De ahí en adelante, cada persona irá viendo qué cambio supone en su situación y circunstancias personales ese “espacio ganado”.

2) “¿Sabías que… desde el punto de vista de la neurociencia un pensamiento no es más que una secreción, una gotita de un producto químico vertida en el punto en que conectan dos células cerebrales (sinapsis)?” (Stanley Block y Carolyn Bryant Block).

Como ha recomendado Sol, cuando detectamos que un pensamiento intrusivo llega a nuestra mente, simplemente lo etiquetamos, nombrándolo:

Mafalda

Esta sencilla estrategia nos hace ser conscientes de que “no es más que un pensamiento” y que no necesariamente es la realidad, en este ejemplo concreto tomo conciencia de que estoy adelantándome a los acontecimientos, quién sabe cómo acabará el día, si seré o no capaz de afrontarlo. Una vez etiquetado, vuelvo al momento presente.

3) Cuando percibo mucho “ruido” en mi mente porque se llena de pensamientos intrusivos, catastrofistas, de incertidumbre… proyecto estas imágenes y me digo a mí misma estas frases (la primera de ellas la considero un “regalo” de Sol):

“Pensamiento, habla, te escucho….”IMG-20150531-WA0008¡¡¡¡¡¡¡¡Shhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!

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“Vuelve aquí y ahora…”

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Con estos ejemplos quiero ilustrar que cada persona podéis personalizar o buscar estrategias propias, al igual que se hace con el trabajo pedagógico para interiorizar las ideas o conceptos teóricos y llevarlos a la práctica en el día a día… Como hemos comentado estos días pasados, lo fundamental de cualquier estrategia es que tenga “significado” para la persona que la emplee.

Espero que las herramientas propuestas por Sol y por Mar os ayuden a introducir un poco de calma en el sistema nervioso central. Y, si os ayuda, también recordar…

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Cristina.

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“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (X) – Explorando desde la Fisioterapia: “Somos” TODO eso

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            Amaia González Angulo y María Jiménez Lorente son dos jóvenes pero experimentadas fisioterapeutas que hace ya unos años iniciaron su andadura formativa en la Pedagogía del Dolor. Las conocí en el curso de “Dolor y movimiento” impartido por Asier Merino, Maite y Arturo Goicoechea. Eficientes, entusiastas y “cursillistas” empedernidas con afán de mejorar su formación y ayudar más y mejor a sus pacientes … creo que este curso supuso para ellas un cambio de paradigma, un antes y un después en su abordaje del dolor crónico no asociado a daño relevante. Creo que, sin saber muy bien qué iban a encontrarse, se apuntaron al curso y se toparon con el cerebro y la Pedagogía del Dolor.

Como todos estamos de acuerdo en que la fisioterapia que comparte este marco teórico, aunque no sea indispensable para todas las personas, sí es un complemento importante en los casos de dolor músculo-esquelético, sea donde sea que éste se localice o “multilocalice”, les pedí a Amaia y a María su colaboración en esta serie de entradas para que nos cuenten cómo trabajan con sus pacientes, con la intención de orientar o ayudar, haciendo especial hincapié en los casos “rebeldes”, cuando el paciente entiende los conceptos teóricos, los comparte, los pone en práctica pero… no se da un cambio significativo que mejore su calidad de vida. En su centro de fisioterapia, ellas utilizan el método Feldenkrais en los casos en los que sólo la información no revierte la situación de dolor crónico, a continuación nos explican en qué consiste.

Gracias chicas por vuestra valiosa aportación.

EXPLORANDO DESDE LA FISIOTERAPIA: Somos “TODO” eso

Amaia González Angulo – María Jiménez Lorente

Cuando sólo la pedagogía no funciona hay muchas posibles estrategias a seguir, cada una adaptada a la información recabada de los pacientes. El fisioterapeuta acompaña y asesora a los padecientes con diferentes métodos que le ayudan a corporeizar lo aprendido durante las sesiones de Pedagogía del Dolor.

En esta ocasión voy a hablar sobre una de las estrategias que usamos en los casos en los que con la pedagogía no es suficiente y el paciente, a pesar de haber entendido los conceptos, parece “no poder conectarlos con su cuerpo”.

En primer lugar, destacar que si detectamos en consulta que el paciente tiene un problema para conectar lo que le explicamos con sus emociones u otras conductas de pensamiento, entonces le derivamos a un psicólogo familiarizado con este abordaje para no confundirle con nuevo vocabulario y enfoques distintos.

¿Qué es el Método Feldenkrais?

Hoy en día, el Método Feldenkrais es considerado parte de un grupo de disciplinas que se denominan de Educación Somática.

Feldenkrais trabaja sobre este principio: no existe dualidad cuerpo-mente y parece que los nuevos avances en Neurociencia, como la Teoría del Código Común (Common Coding Theory) y otros en esta misma línea, confirman progresivamente sus teorías.

Cuerpo y mente no van separados. Durante el desarrollo infantil, el movimiento y la formación de la cognición, a través de la exploración del mundo, “todo” se desarrolla en conjunto.

El cuerpo no es sólo un receptor de estímulos, de sensaciones exteriores e interiores o un mero ejecutor de acciones independiente del cerebro procesador, sino que ambos son un sistema único cognitivo.

Vilayanur S. Ramachandran, prestigioso neurocientífico del cual ha hablado Arturo en varias ocasiones, dice que el ser humano evita mover aquello que quiere proteger.

En caso de lesión, Ramachandran deduce que el cerebro aprende a relacionar la orden motora con el desencadenamiento del dolor para que el individuo no tenga que recordar conscientemente que no debe mover una zona y así consigue protegerla. El mero hecho de pensar en moverse, puede desencadenar dolor.

A corto plazo este mecanismo es valioso pero en función del contexto de cada paciente, esto puede verse reforzado de tal manera que el dolor no desaparece a pesar de que la lesión ya no existe. Esta capacidad del cerebro de asociar dolor a un movimiento, puede darse incluso sin haber sufrido una lesión.

Para referirse a este fenómeno, él empezó a usar el término “dolor aprendido” y dedujo que en estos pacientes “crónicos” la orden motora pasa a integrarse en los mecanismos del dolor.

Otro mecanismo de defensa que entra en juego cuando algo duele (haya lesión o no) es que los mapas cerebrales motores y sensoriales de esa zona se “desdibujan”, haciendo más difícil el reconocimiento de esa zona y acceder a ella para realizar un movimiento más natural. Al igual que el dolor aprendido, este fenómeno sólo es beneficioso a corto plazo.

Del mismo modo, hay otros mecanismos, de los que ya se ha hablado también en este blog, que impactan negativamente retroalimentando todo este proceso tanto a nivel de los nociceptores como de las cogniciones, de las emociones, etc., pero no voy a entrar en más detalle porque no son el objetivo de este escrito.

El Método Feldenkrais nos ayuda redibujar los mapas cerebrales aberrantes dimensionándolos con una realidad más objetiva del estado real de los tejidos y desvinculando dolor de movimiento.

Feldenkrais no sería posible sin la capacidad plástica de aprendizaje del cerebro. Pero para que haya aprendizaje, el movimiento y la atención deben ir juntos: debemos conectar con nuestro cerebro explorador como cuando empezó nuestro desarrollo motor. La curiosidad debe ser nuestro guía y no las creencias, cultura, juicios o educación. Hay que estar atento a los movimientos y al feedback que producen en todo el cuerpo.

Feldenkrais decía que no quería cuerpos flexibles sino cerebros flexibles y no podemos estar más de acuerdo con él.

Las sesiones deben darse en un contexto que reduzca el ruido del movimiento (dolor, tensión, ansiedad, miedo-evitación, etc.) y que favorezca reforzar el aprendizaje de movimientos eficientes y libres de cualquier carga.

Tumbados, en una superficie cómoda pero no demasiado blanda, se elimina el factor gravedad, que es la mejor manera de que no se activen los patrones habituales que cada persona ha aprendido a lo largo de la vida o desde que tienen dolor, al percibir los estímulos habituales de estar de pie.

El escaneo corporal es la primera actividad de una sesión. Nos ayuda a dibujar los mapas cerebrales centrando la atención en la información sutil que nos aporta el cuerpo en su contacto con el suelo y también a tomar conciencia de las diferentes partes del cuerpo y de la percepción que tenemos de ellas.

Una vez terminado el escaneo nos valemos de secuencias de movimientos específicos basados en el desarrollo motor, sensorial y cognitivo de los bebés. Dichas secuencias nos ayudan a ir diferenciando los movimientos de las partes y nos guían de una manera muy intuitiva a estrategias globales que involucran todo lo aprendido en un movimiento global.

La sucesión de movimientos está organizada para que al final de la clase hayamos sido capaces de encontrar ciertas conexiones que existen entre diferentes partes del cuerpo.

Lo más difícil es conectar con el cerebro explorador. Es como si estuviera aletargado, como si hubiéramos olvidado la capacidad de explorar por nosotros mismos y necesitásemos que alguien nos dijera cómo hacerlo. Usamos mucho el símil del bebé que está aprendiendo a moverse y que no puede preguntarle a nadie porque no sabe comunicarse.

Esta habilidad de exploración se aprende a medida que se van realizando las sesiones y, cuanto más hábil se es, más enriquecedora es cada sesión. Desde el exterior se observa fácilmente cómo va cambiando la manera en que esas personas exploran, se mueven y sienten.

Uno de los impedimentos más importantes durante esta fase es el miedo a equivocarse de las personas, ya que esperan que alguien les diga cómo realizar correctamente el movimiento.

Hay que reforzar la idea de que no existe un movimiento correcto sino diferentes maneras de hacerlo más fácil y que las únicas personas capaces de averiguarlo son ellos mismos.

Durante esta fase, las únicas recomendaciones son reducir el esfuerzo al mínimo, evitar sensaciones desagradables y explorar aleatoriamente hasta encontrar un movimiento que funcione para cada persona.

La atención juega un papel fundamental en el método. Sin prestar atención no hay toma de conciencia. Se juega con llevar la atención a una parte, a otra, a todas, a ninguna, a distintos estados físicos y mentales, etc.

Esto ayuda a comprender de una manera práctica la importancia de prestar o no atención a las cosas y cómo sólo la atención puede producir cambios importantes en la percepción. Es importante tener claro que no hay que concentrarse en el objetivo de un movimiento si no en los medios que utilizan: hay que centrarse en el proceso.

Al finalizar cada movimiento se puede volver a hacer el escaneo para comparar y percibir los cambios producidos y tomar una mayor conciencia del proceso.

Los descansos son fundamentales para que los movimientos no se vuelvan mecánicos ni caigamos de nuevo en usar nuestros patrones compulsivos. Gracias a ellos, damos tiempo para integrar lo sentido, reorganizar los cambios y fijar lo aprendido. También es importante descansar cuando sentimos fatiga física o mental.

Este contexto, que fomenta una experiencia agradable y gratificante del movimiento, activa el sistema de recompensa del cerebro, lo que produce el aprendizaje de conductas y movimientos que aportan bienestar, a diferencia de métodos correctivos más centrados en resaltar lo negativo de un movimiento, de un pensamiento o de una emoción, yendo en contra del funcionamiento natural del aprendizaje en el cerebro.

En general, podemos decir que el secreto es no moverse compulsivamente, porque entonces lo haremos de la manera a la que estamos acostumbrados y cuanto más fuerza y compulsión pongamos más se acentúa el patrón que traemos aprendido “de casa”.

Frases como “estás haciéndolo mal”, “debes relajarte”, “no dobles así el brazo”, “no tengas miedo”, “no tomes la pastilla”, etc., fomentan la frustración ya que la persona ha aprendido esos hábitos y muchas veces no sabe cómo acceder a otros distintos.

Muchas de las sensaciones desagradables que ocurren en el movimiento no vienen causadas por limitaciones físicas sino por hábitos de movimiento, de pensamiento o emocionales. Todas son caras de la misma moneda.

Basándonos en nuestra experiencia podemos concluir que hemos encontrado en este método una herramienta didáctica muy valiosa desde el punto de vista de “acceder” al cerebro a través del movimiento.

La nueva experiencia de percepción de estos movimientos realizados con curiosidad, actitud exploradora y con atención rompe eficazmente la inercia que las personas traen al llegar a la consulta y facilita aprendizajes profundos de nuevas estrategias de movimiento que se incorporan al repertorio de la persona gradualmente.

Apreciamos que ayuda de manera significativa en algunos casos en los que la Pedagogía del Dolor no había conseguido los resultados esperados, reforzando patrones y hábitos que se van aprendiendo de manera gratificante y agradable.

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“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (IX) – Explorando desde la Psicología (II) (Mar Tascón)

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            Como decía en otro de los puntos de la introducción a esta serie de entradas, por supuesto, la intensidad de los síntomas lo marca todo. Para mí esto es fundamental, es el límite que debe marcar la “exposición” del paciente. Cuando es tolerable, el tipo de afrontamiento que esboza la pedagogía del dolor (seguir con las actividades cotidianas, los planes, los viajes, etc.) se lleva a cabo y, además, refuerza la idea de que el camino es el correcto porque ves incrementado tu nivel de actividad y de tolerancia. Pero cuando la intensidad del dolor o de un síntoma es “insoportable”, seguir adelante con las actividades programadas no siempre es posible por más que uno se empeñe. Hay que conseguir un equilibrio para no desanimarse o entrar en pánico cuando algo que uno ya podía hacer, de pronto ya no es viable. Aunque es difícil este equilibrio. Muchas veces, no obtener recompensa tras el esfuerzo, sino más y más penalización es muy frustrante”.

Y cuando la intensidad de los síntomas lo condiciona y acapara TODO, controlar las emociones es tan difícil… Espero que Mar nos facilite alguna pista en la continuación a su anterior relato.

EXPLORANDO DESDE LA PSICOLOGÍA (II): “Los obstáculos en el proceso de la pedagogía”

Mar Tascón. Psicóloga Clínica 

Decía en la entrada anterior que las personas con dolor suelen ir construyendo un kit particular de afrontamiento que incluye múltiples formas de intentar controlar y eliminar el dolor. Y aunque con ninguna de esas formas logran acabar definitivamente con él, las mantienen porque PIENSAN que eso es lo que TIENEN que hacer.

Cuando uno ACEPTA el proceso de “afrontamiento pedagógico”, se encuentra con una forma de actuar que suele “chocar” con lo que la mayoría de las personas PIENSAN/SIENTEN que DEBEN hacer frente al dolor. Eso significa que va a experimentar un cierto nivel de sufrimiento “emocional” como parte ineludible del camino de la pedagogía. Adaptar el kit particular de afrontamiento requiere estar dispuesto a aceptar aún más malestar.

Esto no pinta nada bien, ¿verdad? Parece que es una tarea imposible. Lo parece pero todos lo hemos hecho en algún momento de nuestras vidas. Cierre los ojos y trate de evocar experiencias previas en las que conseguir algo que era realmente importante le ha generado sufrimiento a corto o medio plazo. ¿Recuerda alguna?

Dese unos minutos. No tenga prisa. Esta entrada es un pequeño viaje en el que hay que embarcarse sin prisa por llegar al final, sino centrándose en cada fase del proceso.

¿Qué se le ha ido ocurriendo? Hacer ejercicio físico, preparar un examen, ir al dentista, ponerse una vacuna, hacer dieta, someterse a una operación quirúrgica, parir… Intente recrear esa experiencia: en qué pensaba, qué sentía, qué hacía… Muy bien, sigamos.

Vuelva a cerrar los ojos y trate de concentrarse en su respiración durante unos minutos.

Siga leyendo y trate de recrear cada momento de la escena que le voy describiendo.

«Imagine que es el conductor de un autobús. El autobús contiene en su recorrido unas metas a las que debe llegar para que SU viaje merezca la pena y tenga sentido. Usted tiene la capacidad de conducir el autobús, de frenar, de acelerar, de parar, etc., pero en ningún momento puede elegir qué pasajeros se van a subir. Algunos le son indiferentes, otros le gustan y le hacen sentir bien, otros son amenazantes y le dan miedo. A pesar de su aspecto y de la emoción que le generen, ninguno de ellos puede conducir el autobús y tampoco pueden tocarle ni dañarle de ninguna forma. Aun así, usted va continuamente observando el tipo de pasajero que espera para subir a su autobús.

En muchas ocasiones, estará tentado a no pararse para impedir que suban. Así que habrá paradas, metas, que son importantes y que abandonará así como también dejarán de subir pasajeros de los que le hacen sentirse bien y le gustan. Por mucho que lo intente habrá algún pasajero indeseable que logrará subir en el autobús. Cuando entre, usted estará más pendiente de dónde se sienta, qué hace, qué dice, de cómo le hace sentir, de forma que deja de prestar atención al recorrido, a la conducción… se pasa paradas que no ve porque está absorto vigilando a los pasajeros indeseables.

En otras ocasiones, los pasajeros se le acercan y le van pidiendo que se desvíe del recorrido que usted ha elegido y que la da sentido a SU viaje. Se resiste, pero PIENSA que si les hace caso, lo dejarán en paz, se bajarán por fin de su autobús. De forma que altera su viaje y va guiando el autobús por donde le ordenan los pasajeros. Hay momentos donde se siente en paz por librarse de la presión de estos pasajeros pero llegan otros que le reprochan que está incumpliendo su compromiso como conductor, que no cumple con su función, etc. Llega un momento en el que haga lo que haga, el autobús está lleno de pasajeros que le increpan, le amenazan, le suplican… y los momentos de paz son cada vez más fugaces y el viaje, SU viaje, pierde todo sentido».

¿Se siente identificado? ¿A dónde va su autobús? ¿Cuál es su meta final? ¿Qué objetivos/paradas son importantes para usted? ¿Suele desviarse de ellas? ¿Cuáles son sus pasajeros indeseables: qué le dicen, qué le hacen sentir…?

Uno de los pasajeros indeseables suelen ser las emociones: la tristeza, la rabia, la vergüenza, la culpa, la desesperanza, el miedo. Intente recrear una situación en que alguna de estas emociones le tenía completamente secuestrado. Céntrese en la emoción, en los pensamientos asociados, en lo que usted hacía. Bien, abra los ojos pasados unos minutos y siga leyendo.

Vuelva a recrear la escena que le voy describiendo.

«Imagine que está en una sala de cine y en la pantalla proyectan una película de miedo. Usted no la quiere ver, de hecho había comprado una entrada para una comedia. Cree que ha sido un error pero no tiene acceso a la persona que proyecta en la pantalla. Tampoco puede salir de la sala hasta que termine la película. Intenta cerrar los ojos, taparse los oídos, empieza a desesperarse, los minutos pasan lentamente, no cree que pueda seguir aguantando… Haga lo que haga la película sigue y sigue… Todo está preparado para que usted no pueda escapar. La pantalla es enorme, la tiene justo delante, la sala está a oscuras y no puede ver nada salvo las imágenes que se proyectan, los altavoces impiden escuchar otro sonido que no sea el de la película… 

Pasado un tiempo, decide dejar de taparse los oídos y de cerrar los ojos. Mientras las imágenes y los sonidos siguen su marcha, usted empieza a imaginar cómo es la persona que proyecta la película, por qué ha puesto una película de miedo y no una comedia, a recordar cómo era la persona que le vendió la entrada, decide comerse las palomitas que compró, intenta vislumbrar si hay otras personas en la sala, de qué color son los asientos, dónde están colocados los altavoces, intenta imaginar cuántas veces habrán tenido que doblar la escena que se proyecta, si habrán necesitado un doble, cómo se llamará la actriz, se fija en lo atractivo que es el protagonista, atiende a la banda sonora, etc…».

 ¿Cómo se siente ahora?

Hay una frase que suelo repetir como si fuese un mantra en momentos en los que la emoción intenta secuestrarme: “Tú no eres lo que sucede, eres a quien le sucede”.

Por último, le invito a visualizar el proceso de la pedagogía del dolor como si fuese un sendero de montaña.

«Cuando va siguiendo un sendero, hay muchos momentos en que no ve el final. A veces, ni siquiera se ve el siguiente tramo. Cuando el sendero va cuesta abajo, uno se siente fuerte, capaz, feliz, esperanzado, confiado, etc. Pero en todo sendero de montaña, la pendiente varía y puede sorprendernos una cuesta ardua. Y en ese momento, empezamos a sentir que no podremos más, que no vamos a ser capaces de acabar. En otros momentos, pareciera que el sendero gira pero no avanza y uno empieza a pensar que se ha perdido. El sendero es el mismo, el objetivo no ha variado pero en cada momento las emociones y los pensamientos van cambiando en función del tramo en el que nos encontremos».

En momentos de atasco o desesperanza siempre podemos recordar que si pudiéramos ver todo el sendero desde un helicóptero, claramente veríamos que cada tramo nos acerca al objetivo y es necesario para llegar a la meta. Y que en los tramos más duros, podemos dejarnos secuestrar por la película de miedo o fijarnos en las flores que hay en el camino.

Mar Tascón

Gracias de nuevo Mar por tu aportación. Sólo añadir que las estrategias propuestas son  adaptaciones de los autores Steven C. Hayes, Kirk Strosahl y Kelly G. Wilson.

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“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (VIII) – Buscar al príncipe encantado nos puede salir rana… (Maïté Ferrán)

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            Maïté Ferran es una gran amiga, fisioterapeuta de profesión y padeciente de migrañas. Nos conocimos por casualidad hace unos años en Alcalá de Henares en un curso organizado por la SEFID (Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor) e impartido por Moseley. Ella iniciaba su formación como fisioterapeuta en la neurofisiología del dolor y escuchó cómo Rafael Torres presentaba a los miembros del equipo de Arturo presentes en el curso, no le pasó desapercibida la palabra “migraña” y… no desaprovechó la oportunidad ni la casualidad de haberse sentado justo al lado de Iñaki Aguirrezabal (médico de atención primaria responsable de los cursos de migraña en San Martín), y Mar y yo en el pupitre de atrás. Desde entonces, a pesar de vivir en Suiza, Maite se convirtió en el miembro más internacional del grupo y nos ha visitado en numerosas ocasiones para perfeccionar su formación.

Como digo en la introducción,aunque antes era radical y rechazaba cualquier fármaco, ahora considero que en algunos casos pueden servir de flotador. Que nadie se sienta mal porque se toma un analgésico cuando el dolor es insoportable si consigue alivio (es totalmente comprensible, no somos débiles por ello). Otra cosa es tomar uno detrás de otro sin sentir ningún tipo de alivio. La clave está en el uso racional de la medicación una vez uno conoce los mecanismos de la analgesia, tanto la externa como la interna del propio organismo. Cuando la situación de dolor es crónica, este tema lógicamente se complica, porque los pacientes no siempre tenemos claro dónde está el límite de ese consumo racional. Aquí considero que la guía del médico es fundamental. No siempre el paciente bien informado por la pedagogía del dolor es capaz de afrontar su situación tomando las decisiones correctas en base a todo lo aprendido. A veces se le va de las manos y otras veces uno no sabe diferenciar cuándo hay daño relevante y cuándo no y se debate en un mar de dudas que no hace ningún bien”.

Maite se enredó también en el punto donde más de una persona se enreda, la toma o no toma de la pastilla. En su escrito hace una reflexión desde su experiencia como paciente y como profesional impartiendo cursos de migraña, destacando un cambio importante en su forma de interpretar y dar los mensajes pedagógicos no de modo “fundamentalista”.

Gracias Maite por tu valiosa aportación a estas reflexiones.

BUSCAR AL PRÍNCIPE ENCANTADO NOS PUEDE SALIR RANA…

Maïté Ferran. Fisioterapeuta

Hola a todos, me llamo Maite, soy fisioterapeuta en Suiza y tengo migrañas desde los 25 años. Por eso me interesa mucho la pedagogía del dolor, tanto en mi afrontamiento personal como profesional.

Tuve la suerte de conocer a Arturo y su equipo en 2011 en Madrid y en Vitoria. Aprendí la pedagogía con ayuda a distancia y unos cuantos viajes a Vitoria, ciudad linda y donde se come ¡¡¡muy bien!!!

Gracias al abordaje con conocimiento de la biología del dolor, mi vida cambió. Tenía miedo a muchas cosas y ahora me queda un único miedo: ¡¡¡a la pastilla!!! Debo decir que mi calidad de vida ha mejorado muchísimo aunque sigo teniendo crisis cuando mi cerebro así lo decide, sobre todo por la noche. Confieso que Yo, consciente, quisiera no tener migraña nunca más, pero este pensamiento es como desear encontrar un príncipe encantado. La realidad no es así. Creo que lo más importante es conseguir, con paciencia, quitar relevancia a los miedos absurdos que conllevan nuestro estado de hipersensibilidad y así mejorará nuestra calidad de vida personal y social.

Personalmente, me cuesta darle la vuelta a la tortilla a mi miedo a la pastilla y cambiar la historieta que mis pensamientos elaboran alrededor de la acción de tomar o no tomar la pastilla cuando llega la crisis: la tomo, no la tomo… ahora o después… ¿¿¿después de qué, de cuándo…??? Creo que mi expectativa principal al iniciar el proceso como paciente fue dejar de tomar la pastilla, pero creo también que me equivoqué en la interpretación que hice sobre el mensaje de la pedagogía del dolor y abordé este tema de un modo inapropiado. Cuando empecé a aplicar la pedagogía estaba segura de que mi cerebro lo entendería todo privándole de la pastilla a través de mi lucha con el dolor, soportándolo. Pero esto se volvió en mi contra porque se convirtió en un miedo irracional, potente y que cuesta mucho quitárselo de encima. En cambio, erradicar mis miedos a los desencadenantes y a lo que pasaba en mi cabeza (incertidumbre de daño) fue lo más fácil.

Lo comenté en más de una ocasión con algunas personas a las que les pasaba lo mismo y sufrían igual que yo peleando, ya no sólo con el dolor, sino también con la toma o no toma de la pastilla durante una crisis. Ahora me atrevo a tomar la media pastilla que mi sistema motivacional me exige, quitando poco a poco la relevancia a los pensamientos tóxicos que se juntan en esa pelea: culpabilidad, miedo al fracaso, y ¡otros más!

Mi reflexión en torno a este tema en calidad de paciente es que no podemos pretender que no se tenga más dolor y que no se necesite nunca más tomar una pastilla para concluir si es o no eficaz la pedagogía. Este objetivo tiene que considerarse como algo segundario y no como el principal.

También quiero contaros mi experiencia como fisioterapeuta. Hace un año, y después de haberme formado con Arturo, decidí impartir cursos en francés a los pacientes con migraña en Suiza francesa. Ya voy por el 5° grupo. Hace poco nos reunimos en la sesión de seguimiento del primer grupo (al año) para compartir experiencias, y quisiera también compartir con vosotros las reflexiones y observaciones que se pusieron sobre la mesa aquel día:

1. Todos los pacientes reconocen que la pedagogía del dolor es la mejor alternativa que les han propuesto para abordar la migraña. No tienen ninguna duda sobre la veracidad de lo que se dice en el curso. Aprecian tener una herramienta que cada uno puede utilizar.

2. Una persona dice que no ha mejorado, que sigue igual, con dolor y tomando pastillas. Pero cuando se le sugiere echar una mirada atrás desde el punto de partida del primer día de curso hasta hoy, se da cuenta de que algo ha cambiado: ha perdido su miedo al viento norte, al sol, ha mejorado su relación de pareja… Con este análisis más fino, se da cuenta de que su calidad de vida ha mejorado considerablemente aunque las migrañas no hayan desaparecido y aunque siga tomando pastillas. El resto de personas del grupo hacen una valoración positiva relatando mejoras: menos crisis y menos pastillas, aunque tengan todavía alguna crisis gorda, la famosa recaída, que te hace sentir ¡¡¡muy impotente!!!

3. ¿Por qué unos valoran mejoría y otros no cuando todos siguen con dolor? ¿Será por la diferencia de expectativas de cada uno, consciente e inconscientemente? Hay que señalar que la expectativa de “no tener más dolor y no tomar más pastillas”, y la expectativa de “mejorar la calidad de vida eliminando poco a poco los miedos irracionales”, son dos cuestiones muy distintas. Aunque también puede ocurrir que, al ser opuestas, “entrechoquen” en nuestro cerebro armando un pequeño lío para el individuo y presionándole más y tal vez… ¿¿¿creando nuevos miedos???

4. Uno de los alumnos cuenta que hizo una terapia de pensamientos positivos antes del curso y la utiliza como complemento a lo aprendido sobre biología del dolor. Las dos cosas no se oponen, cada una tiene su papel. Los cimientos de la casa, sin duda, los aporta la pedagogía, pero se le pueden añadir otros “materiales de construcción” que ayuden al individuo y a su cerebro a mejorar en el caso de las personas que se quedan por el camino o ¡¡¡por la mitad!!! Este alumno comenta que la herramienta psicológica que utiliza le aporta una cierta serenidad en sus pensamientos y le permite tener menos ansiedad, temor, miedo a que vuelva una crisis…

5.- Tras la experiencia adquirida, como paciente de migraña y como educadora de grupos de pacientes, he tomado la decisión de enfatizar los siguientes mensajes en mis próximos cursos:

♦ Que no tengan la expectativa de quitar el dolor y la pastilla, luchando contra ellas, más bien deben luchar contra las creencias, lógicas de razonamiento y ¡¡¡los miedos!!!

♦ También me atrevo a afirmar que biológico y psicológico van unidos, lo que oyeron hace años… ¡que lo tiren también a la basura! El término “dolor psicológico” se usaba de modo abusivo porque nadie sabía dar una explicación a su dolencia y el desconocimiento por parte de los médicos les hacía usar un término inapropiado. Ahora que los padecientes han aprendido neurobiología y fisiología del dolor, pueden recuperar el término “psicológico” refiriéndose a: emociones, pensamientos, miedos… que forman parte del proceso biológico del dolor. ¡Hay que derribar el tabú hacia “lo psicológico”! Arturo, espero que estés de acuerdo.

♦ El objetivo de la pedagogía del dolor no debe ser buscar al príncipe encantado, porque la esperanza de no tener dolor de cabeza nunca más nos puede salir “rana” si el cerebro no entra en razón… Si funcionara el sólo desear… sería… ¡¡¡magia!!!

♦ Cuando la información por sí misma no le da la vuelta a la tortilla o nos enredamos con alguno de los mensajes, las herramientas psicológicas pueden complementar y ayudar a “desenmarañar la maraña”.

Para terminar, quiero dar las gracias a Cristina por ayudarme en la redacción de este testimonio porque el español no es mi lengua habitual de expresión, y a Arturo por intentar con más o menos éxito en cada uno de nuestros encuentros, corregir mis “gazapos” en español. Y a google ¡¡¡por supuesto!!! ;-).

Abrazos a todos,

Maite

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“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (VII) – Explorando desde la Psicología (I) (Mar Tascón)

Explorandodesde la psicología

          Mar Tascón es una honesta psicóloga que hizo su primera aparición “pública” en el blog hace más de tres años (“Los psicólogos y el dolor”), sorprendiendo a más de uno al no ser habitual encontrar profesionales de la Psicología que adopten como punto de partida este marco teórico en el abordaje del dolor crónico no asociado a daño relevante. Desde entonces, ha colaborado de forma habitual escribiendo entradas y numerosos comentarios.

Como señalo en el sexto punto de la introducción, “estoy de acuerdo con Sol del Val en que este debate puede ayudarnos a obtener alguna clave, alguna pista, y creo que se puede esbozar un marco de afrontamiento más dirigido o dotado de estrategias o herramientas que orienten a todas esas personas que no van bien o que recaen, pero que consideran que el marco teórico es correcto. Que no se sienta nadie excluido, que no se piense que, como ya lo probé todo antes (lo oficial y lo alternativo), y la pedagogía tampoco “me funciona”, ya no hay nada más que yo pueda hacer. Eso hace que uno se sienta “en tierra de nadie” (utilizando un término de Sol), y complique aún más la resolución del problema”.

En esta línea de intentar esbozar un marco de afrontamiento más dirigido o dotado de estrategias o herramientas, Mar nos cuenta lo que la Psicología puede aportar para complementar a la pedagogía del dolor, dando respuesta a esta pregunta: ¿qué hace un psicólogo que comparte el modelo teórico que se expone en este blog?

Gracias Mar por estar siempre ahí “apoyando” con tu conocimiento. Espero que tu escrito oriente e, incluso, sorprenda a más de uno…

EXPLORANDO DESDE LA PSICOLOGÍA (I)

Mar Tascón. Psicóloga Clínica

Cuando una persona padece dolor hace todo lo posible para librarse de él. Generalmente, acude a su médico en busca de ayuda y se protege como puede: haciendo reposo, dejando de lado las relaciones sociales y las aficiones, modificando los hábitos de alimentación, etc. Con el tiempo, cada cual va construyendo su kit particular de afrontamiento del dolor.

Cuando la medicina no puede librarnos del dolor y el sufrimiento se alarga, la persona va probando diferentes alternativas para poder seguir viviendo. El problema es que la mayoría de estos intentos son ineficaces para controlar el dolor e incluso pueden contribuir a aumentar su intensidad y cronicidad. Además, tanto el dolor por sí mismo como las estategias de control afectan negativamente al estado emocional. Porque no sólo se sufre de forma constante sino que se limita todo aquello que nos permite sentirnos bien como las relaciones sociales y las aficiones.

Es frecuente que las personas que padecen dolor en forma de crisis o diariamente durante largos periodos de su vida, acaben deprimidas y angustiadas. En bastantes ocasiones, esta persona acaba en la consulta de un psicólogo. ¿Qué puede hacer un psicólogo? O mejor dicho, ¿qué hace un psicólogo que comparte el modelo teórico que se expone en este blog?  

Pues lo primero sería hacer una evaluación para explorar qué piensa la persona acerca del origen de su dolor, qué hace para intentar controlarlo, qué consecuencias tiene eso que hace, cómo son las características del dolor, qué calidad de vida tiene, con qué apoyos cuenta, cuáles son sus valores y cómo está a nivel emocional.

Después ir presentando el modelo teórico del dolor sin daño y proponiendo maneras alternativas de afrontamiento. Lo que se intenta es que a partir de una concepción diferente del origen del dolor, se abandonen estrategias improductivas de control y se vaya recuperando la funcionalidad en diversas áreas de la vida. Se podría ver como un “reaprendizaje”. Ir abandonando la forma habitual de manejarse con el dolor y aprender nuevas estrategias coherentes con la biología.

Lo que hago como psicóloga es acompañar a la persona en este proceso. Analizando con ella los obstáculos que se va encontrando a la hora de modificar el afrontamiento en las situaciones de dolor. Estos obstáculos no son sólo el dolor en sí mismo (que ya es bastante), sino el miedo a lo desconocido, las dudas por abandonar las estrategias de siempre, los pensamientos recurrentes y catastrofistas en torno al dolor y la capacidad para modificarlo, la desesperanza, la culpa y la falta de apoyo por parte del entorno social.

Otra tarea sería supervisar que los cambios de comportamiento estén en línea con los valores de cada persona, que sean graduales y tolerables, que no haya malentendidos ni “sobreexigencias” que contribuyan a aumentar el malestar de la persona.

En ocasiones, es preciso tratar los síntomas de depresión o ansiedad que han ido apareciendo como consecuencia del dolor. Puede haber casos en los que se precisa contener el nivel de depresión o ansiedad, antes incluso de plantearse el inicio de la pedagogía sobre la biología del dolor. En otras, será necesario intervenir sobre las relaciones de familia o pareja que han podido desgastarse también como consecuencia de las limitaciones impuestas.

También es posible que haya que explorar los desencadenantes de las crisis o la intensificación del dolor para deconstruir asociaciones aprendidas entre determinados acontecimientos o sentimientos adversos y el dolor. Asimismo, es importante construir estrategias que favorezcan el manejo en las situaciones donde el dolor llega a niveles insoportables.

En líneas generales, esta es la forma en la que, como psicóloga, trato de ayudar a los pacientes con dolor crónico. El proceso es diferente para cada persona y las estrategias, los tiempos y las propuestas se deben ir ajustando a la persona que sufre.

Como decía al principio, uno de los objetivos de la psicoterapia sería ayudar a la persona a abandonar las estrategias de control del dolor que son improductivas e, incluso, perjudiciales a corto y largo plazo. Pero no sólo para el dolor. Hay determinados fenómenos que no son controlables de forma voluntaria y aparecen junto al dolor, como pueden ser las emociones o los pensamientos catastrofistas. Como Sol del Val se comprometió a mostrarnos estrategias acerca de los pensamientos, yo les propongo un ejercicio para visualizar la imposibilidad de controlar las emociones.

Lean y traten de visualizar esta escena:

Imagínese que le conecto a un polígrafo (máquina de la verdad) muy potente. Con este instrumento de alta tecnología puedo saber si experimenta la más mínima cantidad de ansiedad. Imagine que le tengo totalmente conectado y le doy las siguientes instrucciones: “No se ponga nervioso. Si lo hace, seré capaz de detectarlo sin la menor duda”. Para asegurarme de que está usted motivado para el ejercicio, le voy a apuntar en la cabeza con una pistola. Si detecto la más mínima ansiedad, dispararé.

¿Cuánto tiempo aguantaría? ¿Sobreviviría a este examen? ¿Cree que alguien lo conseguiría?

Imagine ahora que le pongo una pistola en la cabeza y le amenazo con matarle si usted no se toma una pastilla. ¿Qué pasaría? ¿Qué diferencia encuentra entre una situación y otra?

Si les apetece, pueden comentar sus impresiones. Y, en otro momento, les planteo opciones alternativas a las estrategias de control.

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“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (VI) – ¡No es tan fácil! (Francisco F.)

esfuerzo

Continuando con el relato de ayer

Francisco F. (Conclusiones)

En primer lugar, he de decir que no soy una persona que se cierra en banda a todo lo que no sea la doctrina oficial y, ciertamente, me encontraba muy receptivo a escuchar y aprender, más con la predisposición que motiva el querer encontrarse bien, aunque he de reconocer ciertas reservas iniciales, puesto que ni tan siquiera había oído hablar o leído sobre esta propuesta en alguna divulgación o en los medios de comunicación.

Pero poco a poco, a través de las sesiones formativas sobre este nuevo paradigma de entender el dolor y su fisiología, fui adentrándome en el concepto de “Sensibilización del Sistema Nervioso Central” y fui comprendiendo que algunas personas podemos tener dolores inespecíficos o disfuncionales, que unas veces surgen en un momento determinado y tienes todos los elementos fisiológicos y de proceso mental necesarios para que se cronifiquen.

De pronto todo empezaba a encajar. Mi experiencia con el dolor, mis diálogos conmigo mismo, mi forma y mi perspectiva de analizar ciertas cosas… ¡iban cambiando!, a pesar de que el dolor persistía. Tampoco se negaba la opción de apoyar esta nueva forma de conceptualizar el dolor con herramientas de gestión y control, así como con la toma ocasional de analgésicos. Esto no ha sido incompatible y en algunos momentos he recurrido a ello.

Con el conocimiento para poder valorar ese dolor como real, instaurado en diversos momentos en mi organismo, de forma inespecífica, disfuncional, no siguiendo un patrón lógico proveniente de una lesión nociceptiva, poco a poco fui comprendiendo y asimilando la perspectiva de que no hay daño, que el cerebro se equivoca, que su diagnóstico se había acomodado a tener una percepción errónea de peligro. Comprendí, es más, quise comprender y llevar a la práctica todo esto.

Ciertamente, cuando el dolor era muy intenso, muchas veces me hundía -soy un ser humano-, por mucho que fuera entendiendo una nueva forma de afrontar que me estaba ayudando a tener una perspectiva diferente sobre lo que me ocurría. En las sesiones de formación también ha habido sus idas y venidas, con mis dudas al ir asimilando todos estos nuevos conceptos. Pero he de decir que mi impulso a seguir era la evidencia demostrada, en primer lugar, sobre las inexistentes lesiones y ciertamente también, la de creer en la pedagogía que estaba aprendiendo.

Lo he dicho al inicio, hay que tener la mente abierta y no cerrarse a todo lo que nos suene “diferente”, no oficial. Pienso que los que somos padecientes de dolores no asociados a daño necesitamos tener un marco pedagógico y de afrontamiento, pero no como un dogma de fe al que agarrarnos, creo sinceramente que si hubiera pensado que se trataba de hacer un acto de fe, no hubiera abordado este tema del modo en que lo he ido asimilando, me hubiera confundido y me hubiera alejado de la perspectiva de lo racional.

Llegados a este punto y por seguir un hilo conductor sobre los 10 temas comentados por Cristina en la introducción, resaltaría lo siguiente en relación a mi vivencia con el dolor:

1. He de decir que yo tampoco estoy del todo bien, que no estoy “curado”. Es más, tengo mis dudas sobre que uno se pueda “curar” del todo. Ahora bien, sí que participo mucho más en todo mi proceso, no soy un sujeto pasivo, me implico y persisto. Hay veces en que caigo, pero no llego hasta el abismo. Lo que puedo decir es que he conseguido relativizar mis síntomas, la convivencia con el dolor es ahora más liviana, no tiene tanta carga agresiva. Ahora sé que el dolor no se genera en la parte del cuerpo que nos duele, sino que se desarrolla dicha percepción en el cerebro y es ese cerebro el que, como es mi caso, sin tener una lesión que lo justifique, puede estar equivocado y, mediante esa confusión, alimentado por mis vivencias, mi relación con él, mi modo de pensar y mi entorno, convertir el dolor en mi centro de atención, con lo que eso conlleva y ha supuesto de exclusión social, laboral y de propia angustia. El cambio de paradigma ha sido una gran ayuda para tomar conciencia de que se puede tener una mejor calidad de vida.

2. En mi caso concreto, la información y aplicar la pedagogía ha supuesto entender, desde un punto de vista fisiológico, cómo se “fabrica” el dolor. En las charlas y sesiones con Rafael Torres hablamos mucho sobre este tema y a mí me ha ayudado a adoptar un papel activo en el proceso y notar una reducción de los síntomas. A día de hoy podría afirmar que mi percepción de dolor se ha reducido en un 50% (por cuantificarlo de algún modo) y creo sinceramente que se debe al conocimiento y a entender el mecanismo fisiológico del dolor cuando no existe una lesión física y a las pautas de exposición progresivas que he ido desarrollando y comprometiéndome con ellas.

3. Supongo que habrá personas que se esfuerzan igualmente en comprender por qué sienten en su cuerpo todos esos síntomas y que, a pesar de aplicar los conceptos teóricos y los elementos de conducta ya expuestos (atemperamento de la hipervigilancia, acallar la mente del runruneo incesante, cambiar la percepción, etc.), no consigan mejorar lo suficiente como para tener más calidad de vida.

4. Creo que las personas que padecemos dolor, del tipo y localización que sea, en alguna medida tenemos cierta predisposición a la desesperanza por no encontrar una guía o, creyendo que la pedagogía pueda serlo, no encontrar la “carretera” recta y toparnos en el camino con muchos desvíos. Esto mismo que yo estoy haciendo, el escribir, el participar, la iniciativa de “testimoniar”, el leer y, a ser posible, participar en programas de dolor, creo que es la guía y la “carretera” más recta para sufrir menos.

5. Creo que pinten o no pinten bien los testimonios de las personas, participar y expresar lo negativo y positivo ayuda. No hay que permitir que se produzca el silencio por el dolor.

6. El cambio precisa de tu convencimiento sin ser un dogma de fe, eso debe quedar meridianamente claro. Porque de lo que se trata es de ser sujeto activo de tus dolencias, no un mero espectador de los síntomas.

7. Creo que la exposición gradual al movimiento y las acciones cotidianas se ha de hacer de modo progresivo. En mi caso, después de intentar cambiar la estructura de los pensamientos destructivos, teniendo como herramienta el poso de todo lo aprendido. Ahora bien, de cara a la exposición y a la no evitación, cómo se mide el dolor que puede tolerar otra persona que no sea yo, seguramente variará en cada cual. Hay personas que pueden sufrir mucho y otras no tanto y ahí habrá que comenzar a trabajar en función de lo que tolere cada cual. En mi caso, me ubicaría en la zona medio-alta si tuviera que aplicar una escala de valor, con momentos de intensidad muy fuerte. Pero también creo que esto pertenece al campo de la cultura y/o educación de la persona, que también influye en la percepción del dolor. Muy importante, no elevar al grado de “terrible” tus peores crisis.

8. En el programa formativo al que asisto (ahora espaciado en el tiempo cada dos meses, aunque siempre tengo una línea de atención abierta) se ofrece también apoyo psicológico. Decir que yo no lo necesité pero que no fue una decisión propia, sino que se fue viendo en base a mi evolución, pero si me lo hubieran aconsejado, hubiera aceptado esta ayuda. Uno puede llegar derrotado, sin aliento, viéndose sin salida, inmerso en un círculo del cual no se puede salir y ante una depresión, y por ello existe el apoyo de la psicología dentro del programa.

9. Sigo recurriendo a los fármacos. Pero así como antes lo hacía de forma habitual y por costumbre, pensando en “es que por si acaso hoy toca dolor de cabeza, porque he notado que….”, pues esa predisposición de construcción cerebral ahora es dialogada en positivo y, si puedo y veo la victoria, no tomo ibuprofeno, hemicraneal, etc. Es decir, es todo más racional porque la percepción de dolor se ha suavizado. Aclarar que, en mi caso particular, siempre estoy hablando de dolores inespecíficos, disfuncionales y crónicos, no atribuidos a un daño neuropático ni fisiológico, es decir, dolor sin daño.

10. Eso de que somos “valientes” lo apoyo en toda su extensión. Los pacientes/padecientes, no sólo tenemos que sufrir en nuestras carnes lo que significa vivir y convivir con la patología del dolor y sus síntomas, con nuestro “alien” particular, sino que esta sociedad muchas veces no nos comprende. Estamos en una sociedad de “usar y tirar”, esto trasladado al ámbito del dolor significaría algo así como –aquí solo vale el que vale, no caben los “tullidos”-, metafóricamente hablando. Por eso considero que es fundamental apoyarnos en las personas que nos reconozcan, entiendan y apoyen. Lo que más me ayudó en mi primer contacto con Rafael Torres en su consulta fue precisamente que dijo que me entendía y que sabía que yo ciertamente tenía dolor y que lo sufría y que, como lo ha visto él en las imágenes por resonancia magnética en sus muchos estudios, y yo cuando me las enseñaba y explicaba, se ve claramente cómo están activadas las áreas cerebrales implicadas en el dolor.

Y, una vez puestas las bases, ahora queda el afianzamiento. Estoy decidido a conseguir logros, aunque tengo claro que no voy a “llevar al límite” mi cuerpo para comprobar mi resistencia. No pretendo lesionarme por llegar a una meta imposible. Nada de eso. Como aprendí en el libro “Explicando el dolor”, avanzo en mi exposición gradual y el cuerpo puede contonearse, moverse… el ser humano nació para moverse y no por ello, en situaciones normales, lesionarse.

¡No es nada fácil! es el meollo de la cuestión, es una lucha diaria la de los padecientes de dolores crónicos o inespecíficos. Hay veces que se vuelve ese ¡alien! propio (palabra o idea “madre” aprendida de Rafa) y ese ¡alien! te socava y tienes que seguir adelante. No es un milagro el que disminuya la percepción de dolor, hay que ser constante, pero aportando todos los elementos en tu construcción cerebral y en tu forma de afrontarlo. Y también ser consciente de que habrá momentos de dificultad, que la disciplina aprendida requiere que se retenga en un poso mental.

Para terminar pido disculpas por mi extensión, no soy una persona intelectual, ni escritor, ni pretendo impresionar con mi relato, sólo me ha movido el ánimo por contribuir a ayudar a otras personas que sufren porque viven situaciones similares a la mía.

Y, cómo no, mostrar también mi agradecimiento a los profesores y profesionales, en especial a Rafael Torres y Arturo Goicoechea, por lo mucho que contribuyen con su perseverancia y su producción escrita a que los pacientes/padecientes tengamos un sitio donde poder escucharnos y vivenciarnos.

Desde aquí mi más sincero ánimo a todos.

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